Aunque la fiscalía de la CdMx procesa ya los peritajes definitivos sobre el incendio que en fechas recientes causara agonística muerte a 14 perros tras de que testigos presenciales evidenciaran la actuación de menores que aventaron artefactos pirotécnicos a donde esas criaturas vivían bajo condiciones de hacinamiento, descuido y hasta explotadas (ya con previa denuncia) en un domicilio ubicado en la colonia Nueva Atzacoalco de la Alcaldía Gustavo A. Madero, el reclamo social exige justicia integral e igualmente información sobre el estatus del lomito sobreviviente que, según, im-pro-ce-den-te-men-te fue entregado a la propietaria del inmueble. Se cuenta con certidumbre y por lo tanto se espera severo castigo en todas las vertientes de ese delito, incluso por la omisión para atender la denuncia en tiempo y forma, además del resguardo definitivo del perrito como evidencia viva de la crueldad que padecieron esas criaturas, ya que va mi resto a que esos humanitos sabían perfectamente lo que hacían, y...
En otro tema no menor, sabemos que Cancún, Quintana Roo, México, es una ciudad que detrás de sus complejos hoteleros de gran turismo y del maravillosos azul de su mar cuenta historias que retratan una absoluta inoperancia de nuestras leyes ambientales y como así, una alarmante pasividad de las autoridades federales competentes. Tal es el caso, hoy, de José Juárez Gil, popularmente conocido como PEPE TIGRE, que ha vuelto a encender polémica.
A diferencia de la provocada décadas atrás en los medios convencionales, hoy su caso está viralizándose en las “benditas redes sociales” pero curiosamente con otro cometido que no es precisamente el reclamo por la terrible condición que guardan los grandes felinos a su cargo… bueno, el único jaguar que todavía (e inexplicablemente) mantiene con cadena al cuello y sobreviviendo dentro de un entorno mísero, miserable y sucio; incluso hasta de riesgo no solamente para la criatura sino para cualquier persona incluido su supuesto cuidador, un adulto mayor de 80 años y al parecer ya con problemas de movilidad, pero cuyo semblante está provocando una defensa orgánica a su favor partiendo de que, según, es propietario de un muy codiciado y amplísimo predio localizado en la zona Alfredo V. Bonfil (registrado alguna vez como la UMA Pepe Jaguar Kindom) del que lo quieren despojar, pero donde más que luchar contra ello el afectado asevera estar batallando porque ahí hay más de sus grandes gatos “que están muriendo de hambre porque nadie los alimenta” y tampoco se le permite ingresar para hacer lo propio, asunto el último que ha sido negado bajo el alegato de que en ese sitio no habita ningún gran felino, aunque tampoco hay constancia de ello.
Para esto, recordemos que por las décadas de los 80/90 JJG no sólo paseaba por las playas con sus animales encadenados a la mano y/o también dejándolos con algo de libertad, sino que asimismo tenía montado un restorán que cobró fama a raíz de que los comensales podían disfrutar sus viandas acompañadas de rugidos y hasta con la posibilidad de poder interactuar con algunos de los gatotes y tomarse la foto del recuerdo, claro, mediante pago de cuota que dizque se cobraba para sostén de los animales. Otras oportunidades se presentaban cuando el referido llevaba sus “mascotitas” en barco a disfrutar del mar, momento que los turistas disfrutaban sin medir peligro.
Para el año 2002 y con reproducciones incontroladas, el aludido ya contaba con más de una decena de tigres y jaguares, más… su declive vino intempestivamente con el tremendo impacto del huracán Wilma en el año 2005, fenómeno que prácticamente destruyó por completo la infraestructura del local donde los explotaba, hundiendo inclusive la famosa embarcación y con ello obligando el cierre del negocio.
Pese a esa ruina se propuso seguir manteniendo a sus bichos, pero para entonces encerrándolos en jaulas improvisadas con el herraje retorcido y oxidado que aguantó la tormenta, pero ya sin ingresos, el sostenimiento de esas criaturas se tornó caótico pese a las ayudas recibidas. Fue cuando comenzaron las constantes denuncias, incluso desde organizaciones extranjeras, solicitándose la inmediata intervención de las autoridades federales competentes al haberse documentado la forma tan alarmante que presentaban los felinos, algunos con desnutrición severa, heridas expuestas y estereotipias muy marcadas, entre otras condiciones acreditadas como maltrato y omisiones.
Para el 2011 y por fuerte presión social los animales le fueron retirados y enviados a instalaciones zoológicas, tratándose de 8 tigres (7 de Bengala y un Siberiano) y 2 jaguares que el señor Juárez mantenía ubicados entre lo que quedaba del restorán y en el predio ejidal señalado donde ahora insiste que todavía hay algunos que aunque asegura haberlos tenido con el debido “registro” (incluso este jaguar en comento “hasta en la ONU”), en aquellos tiempos no pudo acreditar la legal procedencia de los que le aseguraron porque a la par tampoco podía proporcionarles trato digno y respetuoso y mucho menos buenas condiciones para su confinamiento, y así es como hoy nuevamente llega este CASO a la opinión pública como asunto que se debate entre el maltrato animal y el chantaje, pero no hay que llamarse a engaño. Lo que hoy presentan algunos creadores de contenido (novatos en la materia) como una cruzada de resistencia local es objetivamente una burla flagrante a la justicia ambiental mexicana.
A la protección, en el preciso caso, de un individuo que pertenece a especie protegida declarada en vías de extinción, pero como para las audiencias consumistas de Tik Tok o YouTube el panorama desde luego resulta conmovedor, poco se puede hacer. Mostrar a un indefenso y enfermo anciano batallando por su jaguar y por otros grandes gatos muertos o muriendo de hambre, más una supuesta narrativa de despojo, les está dando innumerables likes, peeeero, la realidad es que JJG construyó su fama explotando no sólo a los animales de los que se hizo sino igualmente aprovechando la laxitud de una legislación ambiental que era y sigue siendo un mal chiste puesto que en pleno 2026 no se entiende ni se sostiene el que haya un jaguar viviendo aislado entre ruinas corroídas.
Al respecto, la única respuesta que encuentro es una perversa colusión técnica entre los vicios de una vetusta Ley General de Vida Silvestre y su Reglamento, con la carencia de compromiso por parte de la autoridad administrativa que además para esta particular situación enfrenta juicios de amparo interpuestos en un acto que roza la criminalidad al permitir, entre otras cosas, que creadores de contenido penetren a un predio insalubre para alimentar sin el menor cuidado a ese animal prácticamente en abandono.
No muerto de hambre, ok, pero su condición nutricional seguramente no resultará la más adecuada. La ProFePA alegará lo de siempre… si es que se manifiesta… “que el jaguar cuenta con papeles” y quizás que no se le puede catalogar en peligro inminente por la insalubridad y “manejo” en los que vive.
Ello, pese a estar siendo expuesto de forma constante a un agravio sistemático y a una exhibición informal no autorizada, pero… detrás de ello estará evaluar el costo político, económico y social de la intervención optando mejor porque el jaguar continúe donde está al encontrarse colapsado el resguardo de fauna asegurada en el país.
Empero, lo realmente retorcido de todo esto es la narrativa victimista impulsada por una ciudadanía que ignora los pormenores de esta historia detrás de un mito que no debe abordarse desde la condescendencia hacia la vejez o el falso romanticismo del pionero local. Tolerar que un jaguar sea rehén de un millonario litigio inmobiliario y circo de los influencers es a todas luces irresponsable, por decir lo menos.