Opinión

Europa y el peligro de vivir al borde de la guerra

Guerra Rusia - Ucrania

El riesgo más grave del conflicto en Ucrania está en su posible expansión hacia un enfrentamiento directo entre Rusia y la OTAN. Mientras aumenta la presencia militar occidental en el flanco oriental, crecen también las acciones rusas que operan en los límites de la confrontación abierta. En ese espacio, un incidente aislado puede convertirse en una guerra continental. Las maniobras militares de Belarús cerca del corredor de Suwałki, la franja de territorio que conecta Polonia con los países bálticos, han vuelto a colocar sobre el mapa uno de los puntos más delicados de la arquitectura defensiva europea. La preocupación coincide con una intensificación de las advertencias de Polonia, Francia, Reino Unido y otros gobiernos europeos sobre sabotajes, ciberataques, drones y posibles operaciones rusas contra infraestructura crítica. La propia OTAN reconoce un incremento de las acciones híbridas atribuidas a Moscú.

El problema reside en la naturaleza de estas acciones. Un misil sobre una capital constituye un acto identificable. Un incendio provocado, un ataque cibernético, un dron que invade brevemente un espacio aéreo o un sabotaje contra una instalación estratégica pueden abrir una disputa sobre su autoría y su intención. Esa zona gris reduce el tiempo disponible para decidir y amplía el margen para el error.

Polonia ocupa una posición particularmente expuesta. Comparte frontera con Rusia a través de Kaliningrado y con Belarús, mientras el corredor de Suwałki representa una conexión terrestre esencial entre los países bálticos y el resto de la Alianza. El primer ministro Donald Tusk ha advertido incluso sobre la posibilidad de ataques con drones o misiles que Moscú pudiera presentar como accidentes.

Francia observa el problema desde otra posición. Es una potencia nuclear, miembro de la OTAN y uno de los Estados europeos con capacidad militar autónoma. Emmanuel Macron ha impulsado una mayor discusión europea sobre la disuasión y, junto con Alemania, una articulación más estrecha entre capacidades convencionales, defensa antimisiles y disuasión nuclear. París y Berlín han señalado la necesidad de aumentar la capacidad europea para administrar una escalada por debajo del umbral nuclear.

La participación británica resulta especialmente delicada por su papel militar, diplomático y nuclear. Londres apoya a Ucrania, coordina operaciones con aliados europeos y mantiene fuerzas capaces de actuar rápidamente en el continente. Para los gobiernos occidentales, esa presencia fortalece la credibilidad de la defensa colectiva. Para Moscú, puede representar una implicación cada vez más directa de una potencia nuclear en una guerra que Rusia considera vinculada a su seguridad nacional.

Alemania enfrenta otro tipo de vulnerabilidad. Su importancia industrial, económica y logística la convierte en pieza fundamental de cualquier defensa europea, pero también en un objetivo estratégico evidente. Berlín ha asumido un papel militar creciente dentro de la OTAN, incluido el despliegue permanente de una brigada alemana en Lituania. Cuanto mayor sea su importancia para el sostenimiento de la defensa europea, mayor será también el valor estratégico de sus puertos, ferrocarriles, redes energéticas, centros logísticos y comunicaciones.

El peligro mayor aparece cuando una crisis convencional comienza a tocar intereses vitales de una potencia nuclear. Un ataque contra territorio de la OTAN podría activar una respuesta colectiva. Una respuesta occidental sobre territorio ruso podría ser interpretada por Moscú como una amenaza existencial. Un ataque ruso contra instalaciones utilizadas para apoyar a Ucrania podría alcanzar a personal o activos de países de la Alianza. Una crisis localizada podría adquirir así una dimensión mucho mayor que la prevista por quienes hubieran dado el primer paso.

Una guerra continental podría comenzar con un incidente fronterizo, una respuesta considerada limitada, una represalia calculada y otra respuesta concebida como defensiva. Entre una acción y la siguiente desaparecería progresivamente la distancia entre contener una guerra y participar en ella.

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