
El día de ayer, viernes 2 de octubre, se presentó el más reciente informe de Latinobarómetro. Uno de los estudios más prestigiados acerca de la democracia en América Latina, que se realiza desde hace 30 años.
En esta ocasión se aplicaron 19,207 entrevistas en 17 países, del 7 de mayo al 17 de junio de este año, con un margen de error para la muestra total del 1%.
Desde luego la información que contiene es amplia, así como valiosa. De los datos generales destaco que el apoyo a la democracia se mantiene en el 52%, igual que en la medición de 2024. Para el caso de México, se prefiere a la democracia frente a cualquier otra forma de gobierno en un 45%.
Quiero centrarme en un punto del estudio: en quién confiamos para obtener información política. Esto es fundamental porque tiene que ver con la confianza, la certidumbre y la toma de decisiones.
Desde luego las personas no tienen una fuente exclusiva, más bien consideran una amplia variedad. Y los datos son reveladores.
En 1996 la televisión y el radio eran fuentes de consulta para un 75% y 45%; hoy sólo para el 49% y el 24%. En materia de redes, en 2026 tenemos a Facebook con el 35%, TikTok con el 21%, Instagram con el 18%, YouTube llega al 12% y X al 7% (curiosamente en 2024 logró el 10%). El Internet en general, un 31%.
La familia alcanza el 32% y las amistades el 24%.
Qué datos tan interesantes.
El peso que tienen las redes sociales en el acceso a la información política es una realidad que debemos asumir. Esto, por un lado, aparenta “democratizar” la distribución de los mensajes, al permitir el acceso a cualquier persona a plataformas que nos permiten expresar opiniones y compartir información.
En ese sentido, se presentan como espacios virtuosos. Auténticas plazas públicas digitales donde todas y todos podemos ser escuchados.
Pero no es así. La aplicación de la IA a las redes sociales permite la orientación de los mensajes y la conformación de realidades políticas virtuales prácticamente a la medida de cualquier persona.
Mediante el perfilamiento de nuestra personalidad, las IA que usan las redes determinan qué mensajes serán más visibles, cuáles menos, los horarios de exposición, la orientación, etc. Esto crea una realidad política virtual que varía de persona a persona.
Claro, esto se determina teniendo en cuenta dos elementos interconectados: la permanencia en la plataforma (cada vez más tiempo), y la ganancia económica, ya sea mediante el pago para colocar mensajes, o por la obtención de nuestra información que a su vez se vende.
De esta manera, existe un control en las redes acerca de la visibilidad de los mensajes políticos, o de aquella información y opiniones que pueden tener un peso en la toma de decisiones ciudadanas.
Frente a este escenario, la familia y las amistades parecen contrapesos adecuados. Pero me preocupa que realmente lo puedan ser.
La charla familiar y con amistades tiene la ventaja de la empatía, de la cercanía emocional, que nos permite confiar en las personas. Eso sin duda suma al peso de sus opiniones; además, facilita el intercambio de criterios y el debate en espacios amables (sabemos que las redes suelen no serlo). Claro, hay subjetividades, pero estas suelen conocerse de antemano.
Sin embargo, así como nosotros, nuestras amistades y familiares también están expuestas a las redes, en el contexto que ya expliqué. Son victimas de la misma manipulación, que nos dice por quién votar, pero crea una realidad política virtual que dirige nuestra voluntad.
Lo interesante de todo esto es que los datos que comento contigo son de este año, de nuestro país y subcontinente. Nos interpelan cara a cara.
Así que te pregunto: ¿en quién confías para obtener información política?