Opinión

El divorcio, porque es pecado...

Marina del Pilar Ávila Olmeda, gobernadora de Baja California, durante la ceremonia de entrega de la Beca Rita Cetina en Tijuana, Baja California.
Marina del Pilar Marina del Pilar Ávila Olmeda, gobernadora de Baja California, durante la ceremonia de entrega de la Beca Rita Cetina en Tijuana, Baja California. (Presidencia)

Hace muchos años el ecuatoriano Julio Jaramillo, cantaba una espantosa canción sobre el divorcio:

 “...Lo que tu quieres/es divorciarte/de mi cariño, /te vas con otro/porque pretendes/vivir mejor...”

Pero la prohibición impedía concederlo: porque el divorcio porque es pecado no te lo doy...

En la política, cuyas artes todo lo pervierten y ensucian, hasta las relaciones matrimoniales, cortar el vínculo de los esposos (as) se ha convertido en una vía de escape, sendero para escapar, no de los rigores de la conyugalidad y sus vaivenes, sino de los peligros de la justicia. Los políticos fingen matrimonios, cuando así conviene y en otras maquinan divorcios de utilería si con eso logran esquivar indagatorias fiscales, disimular complicidades manifiestas o alianzas percudidas por las ambiciones en pareja.

“Oigo en tus quejas, crujir las ambiciones en pareja”, sería la nueva versificación la Suave Patria.

En ocasiones se recurre al divorcio –después de pasar de la sociedad conyugal a la complicidad matrimonial-- para proteger la turbiedad del patrimonio o cuando uno de los cónyuges sufre pena penitenciaria como sucedió en el caso de Jorge Díaz Serrano, desaforado senador en los tiempos del PRI o para esquivar el obstáculo del nepotismo en la aspiración a un cargo tal le ocurrió en Guatemala a Alvaro Colom y la señora Sandra Torres. Don Alvaro quería continuar en el cargo de presidente de la República a través de la marioneta (cosa muy frecuente en América Latina de Nuevo León a la Argentina, sin llegar a casos de pavor como la hechicera nica del dictador Ortega).

Todo esto viene a cuento por la más cercana pantomima de la inverosímil gobernadora de Baja California, doña Marina del Pilar quien ya lleva demasiado tiempo practicando la ciencia del embuste y el arte del ridículo.

Como todos saben ella había celebrado un feliz enlace con un aprovechado caballero llamado Carlos Torres, quien hizo suyo aquel famoso consejo de los gitanos andaluces: dinero que no proviene de la mujer es dinero mal habido.

Ya siendo gobernadora, además de acciones conjuntas en una empresa ahora señalada por el gobierno de Estados Unidos como cercana al Cártel de Sinaloa, doña Marina del Pilar, impulsada por su corazoncito, hizo de su señor marido uno más de los integrantes del gabinete.

 Lo designó Coordinador de Proyectos Especiales (como había hecho con su posible sucesora, doña Julieta), pero tapó el, ojo del macho con un pegote (falso como billete de dos cincuenta) de servicios “honorarios”; es decir, sin remuneración visible. Poco honorable, pero sí honorífico.

Cuando a la doña le cayó encima el retiro abrumador de la visa estadunidense, toda una tragedia política y domiciliaria especialmente en la frontera, la recomendación de sus asesores fue la simulación, como hacen algunas mujeres con el orgasmo en el aburrimiento matrimonial (dicen); apresuró el divorcio inmediato, expedito, repentino y veloz –real o aparente-- mientras cancelaba el honorífico cargo de su hasta entonces inseparable hombre detrás de una gran mujer a quien ahora sólo frecuenta –y de lejecitos, dice-- cuando se trata de momentos relacionados con el obligatorio e indisoluble vínculo de la crianza, educación, cuidado y atención de su descendencia. ¡Qué culpa tienen los niños!, con ellos no.

Un narrador cursi podría escribir: el amor entiende cosas ajenas a la razón; pero en este caso diría: Morena manda al corazón de paseo por el perineo con tal de no soltar la ubre del poder y el presupuesto. Por eso doña Marina ha dicho, llevo cinco años resistiendo las calumnias, las mentiras, los ataques, las intrigas, las acusaciones (le faltó el divorcio) y puedo resistir lo que falta del gobierno. Casi 18 meses.

Pero además de este fingimiento conyugal ahora se impone el empresarial.

Como hace unos días el gobierno de Estados Unidos reveló nexos indebidos de Don Carlos Torres, quien vivillo desde chiquillo aprovechaba su cargo y estado civil en Baja California para “facilitar las operaciones delictivas y brindar protección oficial” al ya dicho Cártel del Pacífico, el cual, a través del exdirector de Seguridad Pública Municipal de Mexicali, Pedro Ariel Mendívil García, le pagaba mensualmente el metálico obtenido a través de empresas registradas a su nombre o bajo su administración, según reza la acusación americana a cambio del disimulo y los “pitazos” en combinación con Luis Alfonso Torres Torres (hermano del gobernador consorte).

Pero si la señora (corre que te alcanza) se divorció, también dice haberlo hecho con sus acciones en la empresa ya mencionada, con la vigorosa celeridad de quien siente la lumbre en los aparejos, los pasos en el tejado y el helado soplo de la justicia en el paraje occipital, o sea, la nuca.

Los americanos dicen: los fondos de procedencia ilícita, obtenidos mediante la red de narcotráfico y corrupción policial en el estado, eran blanqueados a través de esta compañía y de campañas políticas (ahí le hablan, señora INE).

“En el centro de esta estructura figuraba Carlos Alberto Torres Torres, ex esposo de la gobernadora, quien mantenía (cuando no era ex, sino nada más pareja) una alianza con el jefe de plaza en Mexicali, Juan José Ponce Félix, alias “El Ruso”.

En 2025 el gobierno de Estados Unidos canceló las visas de Carlos Torres y Marina del Pilar Ávila. A finales del año pasado, la gobernadora anunció (a toro pasado) “que ya se estaban divorciando” y con motivo de la más reciente acusación ahora anuncia su divergencia empresarial, pero no hay quien se trague su cuento.

El portal de Carmen Aristegui (de donde proceden los entrecomillados), ha divulgado:

“...Hace 19 días, Marina del Pilar Ávila Olmedo, gobernadora de Baja California, aún figuraba como socia en la empresa Vida Orgánica Tijuana, S. de R.L. de C.V., una firma identificada por el gobierno de Estados Unidos dentro de una red vinculada al Cártel de Sinaloa.

“Según el registro público de comercio, la empresa fue creada en 2020 con siete socios, entre los que figuran Marina del Pilar Ávila Olmeda (asumió el gobierno en 2021), su entonces esposo Carlos Torres y su hermano (de Carlos, no suyo) Luis Alfonso Torres.

“El gobierno de Estados Unidos identificó a los hermanos Torres como parte de la red financiera que funciona bajo el Cártel de Sinaloa, incluyendo el pago de sobornos y protección para actividades criminales”.

Y así, mientras invocamos otra música popular en honor de los hermanitos (...” los torres” que del cielo se cayeron...) podemos perder el tiempo con una pregunta: si esta mujer fue capaz de vencer todos los obstáculos y colocar a Julieta Ramírez, su antigua secretaria, en la coordinación para defender a Morena y quedarse con la candidatura y la silla en Mexicali, ¿esto se debe atribuir a la certeza del partido sobre su inocencia o a la complicidad de medio mundo?

Eso no lo podría responder nadie fuera del enjuague. La siguiente pregunta es más compleja: Marina del Pilar ganó el gobierno de BC con 390 mil votos.

¿Habrá otra vez 390 mil ilusos o más para repetir la fórmula en un pantano de acusaciones de narco partido y narcopolítica (con A)?

 Quizá. Hay gente para todo.

BIBLIOTECA

Muchas personas se preguntan por qué las apariciones de Andrés López llaman tanto la atención.

Pues básicamente porque para eso son. Una figura con el peso histórico del expresidente siempre llama la atención, sobre todo cuando ha construido una traicionada leyenda de ermitaño selvático retirado del mundanal ruido, porque, en contra de los versos de Fray Luis de León, este caballero (ni sabio, ni fraile, ni león) nunca hará suyas estas reflexiones:

“¡Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruido, y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!”

Jamás vivirá en esa huida del mundo, porque es un hombre de acción, un notable político mal dotado para el pensamiento profundo o la obra del intelecto. No desea el refugio, desea la propiedad política infinita de un movimiento al cual de cuando en cuando y sin el menor recato, le proporciona el oxígeno de su presencia y su palabra iluminada.

Y la presidenta (con A), públicamente se lo agradece de corazón.

Sobre la calidad de su reciente pretexto para irrumpir en la escena (mientras los vientos de fronda le sacuden el velamen a la nao de sus hijos y los socios de sus hijos), no se puede decir nada sin haberla leído. Pero se puede suponer su poca calidad cuando ya se conocen los anteriores tomos de sus obras incompletas.

La mayoría de sus apuntes encuadernados no sirven ni para nivelar una mesa. Y del resto de su catecismo, ya aburre la misma cantaleta, pero no a todos. A otros los conmueve hasta la médula, las lágrimas, la admiración, la emoción y el voto...

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