
Con motivo del octogésimo aniversario del Instituto, tuvimos la siempre emotiva ceremonia de entrega de reconocimientos por antigüedad. En esta ocasión, quiero felicitar a mi buen amigo, el Dr. Sergio Ponce de León, quien recibió la medalla por cincuenta años de servicio.
Cuando llegué al Instituto, Sergio ya había completado los estudios de posgrado y regresado al país. Estudió la carrera de medicina en la Facultad de Medicina de la UNAM y realizó la residencia en medicina interna en el Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán, que inició en marzo de 1976, cuando yo era estudiante de primer año de preparatoria. Al terminar la residencia, emigró a Estados Unidos para cursar un posgrado en una disciplina entonces naciente en la Universidad de Yale, bajo la tutela de Alvan R. Feinstein, a quien se considera el padre de la epidemiología clínica moderna. Esta disciplina se refiere a la profesionalización del médico como investigador clínico; es decir, del médico especialista que se convierte en científico con los elementos necesarios para transformar el ejercicio cotidiano de la medicina en una disciplina científica que nos permite generar conocimiento sobre diversos aspectos de la práctica clínica. Por ejemplo: si un medicamento confiere o no beneficios o riesgos; cuál es el mejor método diagnóstico para una enfermedad en particular; cuál es la frecuencia y cuáles son los factores de riesgo para desarrollar alguna complicación terapéutica; o qué factores se asocian con la probabilidad de desarrollar una enfermedad o con la protección frente a ella.
Sergio es un personaje muy importante en el Instituto. Su devoción e interés por la investigación clínica y la medicina académica se han troquelado en el Instituto desde su regreso de los Estados Unidos hasta la fecha. Para mi generación y para muchas que le siguieron, la figura de Sergio ha sido un modelo a seguir para quienes estuviéramos interesados en dedicarnos a la medicina académica. Es un hombre crítico, escéptico, inteligente y cuestionador, siempre con una opinión y una pregunta, pero con la elegancia y el trato de un hombre educado. Es un médico de gran calidad humana. Algunos académicos creen que, por ser directos en la crítica, también pueden resultar groseros. Sergio no. Él siempre es respetuoso con los demás. Pero no por eso te vas a ir sin escuchar su crítica ni su punto de vista. La frase que lo caracteriza al iniciar un cuestionamiento es: «No me queda claro…»
Sergio es un ejemplo del efecto multiplicador que tiene alguien cuando se ha especializado en un campo específico y regresa a una institución en nuestro país donde dicho campo es, en gran medida, desconocido. La epidemiología clínica, que ahora es uno de los referentes en Nutrición, lleva el sello de Sergio. Por supuesto, no lo hizo solo. Construyó una mancuerna con otros dos especialistas interesados en la investigación clínica y la enseñanza: Juan Calva, otro investigador entonces joven, recién repatriado tras estudiar epidemiología clínica en la Universidad de McGill, en Montreal, Canadá, y Leonardo Viniegra, quien en ese entonces era el jefe de enseñanza del Instituto y que, desafortunadamente, nos dejó hace algunos días.
Desde que lo conocí, Sergio ha sido una figura académica digna de imitar. Años después tuve la fortuna de ser nombrado director de investigación al mismo tiempo que él era director de enseñanza, por lo que durante una década formamos parte del mismo equipo directivo y pude reafirmar mi admiración por él. Personajes como Sergio son quienes hacen que un instituto como el nuestro esté por encima de los demás. Parafraseando a Napoleón, quien, al referirse al general Morelos, dijo: “Denme dos Morelos y conquisto el mundo”, podríamos decir: “Denme varios Sergios y seremos el instituto de investigación clínica más productivo del mundo”.
Dr. Gerardo Gamba
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e
Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM