Opinión

De laika a nuestros días. La urgencia de saldar la deuda histórica con los compañeros animales

DE LAIKA A NUESTROS DÍAS

Diputado Ricardo Monreal y resto de compañeros legisladores: Aprovechando el empuje y la simpatía de la sociedad por contar con una “ley en materia de bienestar, cuidado y protección de los animales”, al parejo está corriendo una reforma incrustada en la misma iniciativa que elimina absolutamente el capítulo sobre TRATO DIGNO Y RESPETUOSO expresado en la Ley General de Vida Silvestre. Siendo así, lo saben, choca de frente con los criterios establecidos al respecto por el Poder Judicial de la Federación al resolver amparos en revisión en materia ambiental y de protección a la fauna. Tratándose, entonces, del derecho a un ambiente sano del cual la fauna y la biodiversidad por entero forman parte intrínseca, cualquier reforma legislativa que reduzca, debilite o elimine salvaguardas o conceptos de protección jurídica ya conquistados sería una regresión in-cons-ti-tu-cio-nal. El Estado mexicano tiene obligación de avanzar en dirección de la máxima protección de los ecosistemas y sus especies. Aturde y preocupa la simple posibilidad de adoptar medidas regresivas que menoscaben el estándar ético y legal ya establecido en leyes generales que para la ocasión el Senado ignoró. Ustedes no lo hagan.

DE LAIKA A NUESTROS DÍAS

En otros asuntos, he de recordar que el 3 de noviembre de 1957 una menudita y muy astuta perra encontrada vagando por las calles de Moscú y que tras capturarla y adiestrarla para un experimento espacial fue reconocida con el nombre de LAIKA, fue lanzada a la órbita celeste a bordo de la nave Sputnik 2. Durante décadas, la maquinaria de propaganda soviética vendió al mundo la mentira de que la chiquita había sobrevivido hasta días antes de aplicarle eutanasia. Tuvieron que pasar 45 años para que en el 2002, al desclasificarse la información sobre ese preciso “experimento”, fuéramos enterados de que LAIKA había muerto tan solo unas horas después del despegue de la nave debido al sobrecalentamiento de la cápsula, fenómeno que sin duda hubo de ocasionarle agónicos minutos de angustia, sufrimiento y dolor físico. En 1998 ya Oleg Gazenko, científico encargado del programa, había medio reconocido públicamente el error que había provocado la muerte de la criatura, expresando que nunca debió ser así. Sin embargo, décadas después de que el espacio exterior se convirtiera en el escenario de una crueldad argumentada en aras del progreso, los compañeros animales siguen pagando con su vida las deficiencias, la indolencia y los vacíos éticos y legales de la sociedad humana. Y es que lo sucedido con LAIKA no fue ni es un hecho aislado en el tiempo sino el reflejo de una absoluta visión antropocéntrica que urge erradicar. Aquí en nuestro México, por ejemplo, los acontecimientos de los últimos días demuestran claramente que estamos en un punto de quiebre donde la indignación ciudadana contra la crueldad animal debe transformarse de gritos y pataletas en las redes sociales y “manifestaciones pacíficas” a legislaciones integrales, definitivas y contundentes puesto que con todo y tanta normatividad la violencia al respecto sigue manifestándose y de formas cada vez más perversas. Tenemos el muy reciente CASO DEL ENVENENADOR DEL PARQUE ESPAÑA, un tal Salvador “N” al que por el principio de presunción de inocencia hay que resguardarle la identificación plena como si lo mereciera, y que tan quitado de la pena pretendió vengar una supuesta mordida de perro a un hijo envenenando de forma patéticamente dolorosa a todo canito posible usuario de esa zona de La Condesa, causando la muerte a 4 perros y secuelas a otros lomitos intoxicados sobrevivientes a su maldad. Si bien en esta ocasión el rápido accionar de todas las autoridades competentes permitió la inmediata identificación y detención del tipejo, no deja de preocupar el caso porque pone en evidencia que este tipo de agresores pueden actuar con total desparpajo, por lo cual, de no procederse radicalmente conforme lo estipulado en el Código Penal capitalino seguirán estos atentados (que pueden escalar a las infancias), como de hecho ya hay casos denunciados en parcelas de Xochimilco, faltando todavía por dilucidar el terrorífico CASO NATIVITAS. Asimismo y casi al mismo tiempo del envenenamiento en la capital mexicana, una situación de horror sacudió Tepic, Nayarit, donde quedó registrada una tragedia de crueldad colectiva prácticamente inenarrable e incomprensible en su grado, por cuanto 23 cachorritos fueron lanzados, uno a uno, desde una azotea perdiendo la vida, teniendo como victimarios a chicos adolescentes. Entre el dolor y la devastación por ese acontecimiento emergió como símbolo de resistencia VAQUITA, perrita sobreviviente al hecho aunque con secuelas insalvables y que por ello mismo encarna la extrema vulnerabilidad de los animales y la urgencia de que el Estado ga-ran-ti-ce su protección más allá del discurso y la legitivitis a modo y capricho. Se requiere que la justicia no sea una reacción tardía sino un marco preventivo inquebrantable, teniendo en cuenta que el devenir nos ha demostrado que la pérdida de una especie animal no humana puede transformarse en un catalizador de cambio si la sociedad en general seguimos presionando con fuerza y determinación. Un ejemplo claro lo tuvimos con MINCHO, cuya explotación y abuso inspiró una reforma crucial aprobada cuando el delfín todavía sobrevivía. Lamentablemente esa justicia le llegó tarde y su reciente fallecimiento quedará como un doloroso recordatorio de que hay legislación que debe ejecutarse antes de que la vida de las víctimas se extinga. Si bien su dolor cerró a futuro las puertas a los tanques de concreto y al uso de tan sensibles criaturas en espectáculos, su partida física empañó ese logro y, curioso, mientras se avanza en la protección de la fauna cautiva persiste el asunto Golfo de California donde una especie endémica de la zona se encuentra al borde de la extinción por omisiones y desidia institucionales que se tratan de borrar en el discurso, pero que son “acciones” ya rebasadas por la ambición de quienes van tras la vejiga de la Totoaba, práctica causante de la agónica muerte de la vaquita marina, el cetáceo mas pequeño del mundo y cohabitante del pez señalado y que justo queda presa y ahogándose en las redes de enmalle que lanzan para retener a la “cocaína del mar”. La paradoja en esto es desgarradora, pues mientras fuimos capaces de legislar para los delfines cautivos hemos sido incapaces de vigilar feroz y eficazmente nuestro propio mar-acuario del mundo para salvar de la desaparición definitiva a una joya de nuestra biodiversidad. Es por todo lo anterior que se hace un llamado enérgico con la mira puesta firmemente en la responsabilidad de los diputados que tienen en sus manos la posibilidad de ejercer su voto a favor (o incluso en contra) de un ley en materia de bienestar, cuidado y protección de (a) los animales, peeeero, sin darle en la torre a tantos años de lucha para que se reconociera la figura jurídica de trato digno y respetuoso consignada en un capítulo de la Ley General de Vida Silvestre. Desaparecer las disposiciones respectivas de un plumazo sería desconocer EL PUNTO que ha permitido el aseguramiento de infinidad de individuos sometidos a infames condiciones de cautividad, por decir lo menos. Esta mutilación legal, insisto, representa una insolente violación al principio de progresividad partiendo de que según nuestros ordenamientos jurídicos, los derechos y protecciones ganados jamás pueden ser regresivos y por lo tanto borrar ese capítulo es un atropello constitucional que desmantelaría décadas de esfuerzo, pudiendo dejar en indefensión sensible a la fauna silvestre porque bienestar y trato digno y respetuoso, ¡entiéndase!, no son sinónimos ni cercanamente. De proceder tal derogación la responsabilidad histórica no solamente será de los diputados sino al igual de quienes desde la sociedad civil organizada han exigido su aprobación sin importarles este delicadísimo punto. Suenan más bien apurados por complacer sus agendas particulares. Y…

Mientras las leyes se discuten en las altas tribunas, tengamos presente que LAIKA, MINCHO, VAQUITA y demás criaturas arteramente dañadas no son estadísticas. Son víctimas.

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