
La industria tecnológica está atravesando una reconfiguración acelerada impulsada por la inteligencia artificial (IA). La inversión en empresas del sector alcanzó niveles récord en 2025, pero con ello aumentaron las jornadas laborales extremas, la presión por productividad y los recortes de personal.
Según un reportaje de The Guardian, en San Francisco —epicentro de la economía tecnológica e IA— empleados de startups trabajan hasta 12 horas diarias, con uno, o en algunos caso ningún día de descanso a la semana. El reporte habla de que algunos fundadores no han tenido un fin de semana libre en más de seis meses, otros laboran en departamentos que han convertido en oficinas improvisadas, con jornadas que se extienden de 9 de la mañana hasta las 3 de la madrugada.
La cultura del “996” —trabajar de 9 am a 9 pm, seis días a la semana— parece haberse quedado corta en algunos casos.
60 horas, “el tiempo óptimo”
De acuerdo con información publicada por Fortune, el cofundador de Google, Sergey Brin, recomendó en un memorando interno que los empleados que trabajan en Gemini —la división de IA de la compañía— acudan a la oficina todos los días laborables y consideren que 60 horas semanales son el “punto óptimo” para la productividad.. y aunque se advirtió que esta jornada podría generar agotamiento, también criticó a quienes trabajan menos, reforzando una cultura de alta exigencia.
El mensaje se da en medio de la competencia global por desarrollar inteligencia artificial general (AGI), es decir sistemas que igualen o superen capacidades humanas. “La carrera final hacia la AGI está en marcha”.
Disminución en empleos y desestabilización financiera
De acuerdo con datos citados por The Guardian, las ofertas de empleo para puestos tecnológicos de nivel inicial han caído un tercio desde 2022, mientras que aumentan las vacantes que exigen al menos cinco años de experiencia. Además, empresas tecnológicas despidieron aproximadamente 250 mil trabajadores en todo el mundo durante 2025, según un informe de RationalFX. En muchos casos, la automatización mediante IA fue señalada como factor relevante en las reestructuraciones.
Por su parte, Dario Amodei, CEO de Anthropic, ha advertido que la inteligencia artificial podría eliminar hasta la mitad de los empleos de entrada en industrias de cuello blanco en los próximos cinco años.
La transformación tecnológica también sacudió los mercados financieros pues según reportes, cerca de 2 billones de dólares fueron borrados de la capitalización bursátil del sector software ante la preocupación de que los modelos de lenguaje puedan sustituir servicios tradicionales en áreas como consultoría, derecho, TI y logística. Analistas de Deutsche Bank señalaron que el ajuste refleja una corrección tras expectativas excesivamente optimistas, donde los inversionistas asumían que casi todas las empresas tecnológicas resultarían beneficiadas por la revolución de la IA.
El costo invisible: salud física y mental
Las jornadas de 60 horas semanales pasan facturas para el cuerpo ni para la mente. Diversos estudios han vinculado el exceso de trabajo con mayores niveles de ansiedad, depresión, trastornos del sueño y hasta enfermedades cardiovasculares.
La Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo estimaron en un informe conjunto que trabajar 55 horas o más por semana incrementa significativamente el riesgo de accidentes cerebrovasculares y cardiopatías isquémicas.
En estos nuevos entornos, el desgaste puede amplificarse pues la ansiedad por perder tu trabajo o que este quede obsoleto frente a nuevas herramientas tecnológicas añade una carga psicológica adicional a las jornadas extendidas.
Éxito bajo presión
El auge de la inteligencia artificial promete salarios elevados, prestigio profesional y liderazgo tecnológico global, sin embargo, el modelo laboral que se está consolidando plantea una tensión evidente: el crecimiento económico y la innovación acelerada pueden estar construyéndose sobre jornadas prolongadas y un alto desgaste humano.
Es paradójico que una industria que busca diseñar el futuro del trabajo podría estar profundizando un modelo donde el tiempo personal y la salud quedan subordinados a la productividad. El reconocimiento profesional y la estabilidad financiera no necesariamente garantizan calidad de vida.
Del privilegio al desgaste
Durante años, Silicon Valley fue visto como modelo de lo que debería ser el estándar laboral: oficinas con comida gratuita, vacaciones ilimitadas y beneficios corporativos. Hoy, la narrativa ha cambiado, las grandes tecnológicas han reducido los incentivos y endurecido políticas de presencialidad.
Empresas como Amazon, AT&T y JPMorgan han reforzado el regreso obligatorio a oficinas cinco días a la semana, en un discurso dominante que ya no gira en torno al bienestar, sino a la eficiencia, la adaptación y la supervivencia en un entorno super competitivo.
Para algunos trabajadores, la etapa actual representa una oportunidad creativa sin precedentes puesto que la IA permite programar más rápido, desarrollar productos con menos recursos y experimentar con nuevas herramientas. Sin embargo, el entusiasmo queda eclipsado por una inquietud estructural en la que muchos desarrolladores están entrenando sistemas que podrían reemplazarlos. Tomar un fin de semana libre puede significar perder un avance tecnológico clave en un sector que evoluciona a un ritmo acelerado.
Lo que hoy ocurre en Silicon Valley podría anticipar dinámicas que otras industrias enfrentarán en los próximos años: mayor exigencia, automatización creciente y una redefinición del equilibrio entre productividad y derechos laborales. La pregunta no es solo qué tan rápido avanzará la tecnología, sino quién pagará el costo humano de esa velocidad.