
En México, los cuerpos de agua y los humedales atraviesan una crisis profunda. Las descargas industriales, los residuos urbanos y las prácticas agrícolas sin regulación han deteriorado los ecosistemas acuáticos, con efectos directos en la biodiversidad y en la disponibilidad de bien hídrico para consumo humano.
El doctor Salvador Alejandro Sánchez Tovar, especialista en tratamiento de aguas residuales y tecnologías limpias, alertó sobre el doble impacto de esta problemática: ambiental y de salud pública. Señaló que la mayoría de las plantas de tratamiento del país no está preparada para cumplir con los límites de contaminantes establecidos en la NOM-001-SEMARNAT-2021, que entrará en vigor en este 2026 y regula la descarga de sustancias peligrosas, como metales pesados y disruptores endócrinos.
Durante el congreso Educar y actuar: cambio climático y desafíos ambientales, celebrado en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el investigador impartió la conferencia magistral Contaminación de aguas y humedales en la que recalcó la urgencia de un cambio de paradigma sustentado en la investigación científica y en la acción de la sociedad civil.
Sánchez Tovar destacó que la gestión del agua residual en México sigue basada en métodos obsoletos, como lodos activados y lagunas de oxidación, los cuales no separan de forma adecuada drenajes pluviales y residuales. A ello se suma la falta de inversión en tecnología y en políticas de reutilización del vital líquido. Como resultado, numerosas plantas operan por debajo de su capacidad o permanecen inactivas, con pérdidas económicas y mayor contaminación de ríos y humedales.
El egresado de la Licenciatura en Ingeniería Bioquímica por la Unidad Iztapalapa de la UAM, recordó que la Comisión Nacional del Agua ha reconocido que más de 40 por ciento de las plantas de tratamiento del país no funciona de manera idónea, pese a las inversiones destinadas a infraestructura que prioriza la apariencia de sostenibilidad sobre su eficacia real.
De acuerdo con el académico, la selección de proyectos hídricos suele responder a criterios políticos y a procesos burocráticos rígidos, con asesorías técnicas desactualizadas. Esta situación provoca un impacto ambiental doble: los cuerpos de agua continúan acumulando materia orgánica, metales pesados y microorganismos patógenos, mientras los humedales pierden su capacidad natural de filtración y recarga.
Como alternativa, Sánchez Tovar presentó un proyecto desarrollado con su equipo de trabajo, basado en la instalación de sistemas de digestión anaerobia combinados con humedales artificiales en comunidades de hasta dos mil 500 habitantes. Esta opción resulta más eficiente y menos costosa que los modelos convencionales, además de mejorar la calidad del bien hídrico tratado mediante procesos biológicos naturales.
Por último, el investigador sostuvo que la solución no depende solo de mayores recursos financieros, sino de una reestructuración del aparato institucional. Propuso descentralizar las decisiones técnicas e integrar a universidades, centros de investigación y comunidades locales en la gestión del vital líquido.
En un contexto de creciente desigualdad en el acceso al agua, el maestro en Ingeniería de Alimentos y doctor en Ciencias Químicas por la Universidad Nacional Autónoma de México advirtió que apostar por soluciones costosas y de baja productividad profundiza la crisis ambiental y afecta la salud de las poblaciones más vulnerables.
LAGUNA LA PIEDAD.
En un esfuerzo sin precedentes por vincular la academia con la transformación territorial, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) movilizó el 5 de noviembre a más de 200 estudiantes y docentes de las Unidades Azcapotzalco, Iztapalapa y Xochimilco hacia la Laguna de La Piedad, en Cuautitlán Izcalli. La jornada tuvo como eje la conservación de aves y el fortalecimiento de la gobernanza ambiental.
“La Universidad lleva nueve años realizando distintos esfuerzos para apoyar con conocimiento científico e integrar los saberes comunitarios en el rescate de la Laguna de La Piedad”, señaló la doctora Fabiola Sosa Rodríguez, jefa del Área de Crecimiento y Medio Ambiente del Departamento de Economía de la Unidad Azcapotzalco de la UAM.
Este cuerpo de agua, parte de la Cuenca de México, está conectado con la Presa de Guadalupe y los ríos Cuautitlán, Zumpango y Tula. Limpiarlo es esencial para mejorar la calidad del agua de uno de los ríos más contaminados del país.
“Sanear el río Tula implica atender la calidad del agua desde la parte alta de la cuenca y sus afluentes. Por eso, la Laguna La Piedad forma parte de un proyecto prioritario para el Gobierno de México”, explicó la académica. También destacó su potencial como fuente alternativa de abastecimiento para municipios del Estado de México y la Ciudad de México, una vez concluida su restauración ambiental.
La laguna funciona como laboratorio vivo para estudiar temas como la mitigación de emisiones de metano y la eficiencia de las soluciones basadas en la naturaleza (SbN). “Cada disciplina aporta conocimientos en esta intervención. Buscamos medir la eficacia de las SbN en la remoción de contaminantes para fortalecer la toma de decisiones en la restauración de los ríos más contaminados”, agregó Sosa Rodríguez.
La falta de normatividad sobre contaminantes emergentes es un reto para la salud pública. “Estos compuestos no se incluyen en la NOM-127, aunque su regulación es una prioridad nacional”, advirtió.
Durante nueve años, la comunidad local ha participado de forma activa en el proyecto, ofreciendo retroalimentación sobre aspectos ambientales, sociales, políticos y económicos del territorio. “El principio central es demostrar que la UAM cumple un papel clave al transferir conocimiento científico y atender la crisis del agua”, puntualizó.
Las salidas se realizan cada trimestre según los requerimientos de cada disciplina. En esta ocasión participaron 202 personas que continuaron las labores de rescate y conservación.
Desde 2023, la UAM integra la EPIC Network, alianza internacional financiada por la ONU que promueve la participación universitaria en la atención de problemas prioritarios. En este caso, el rescate de un cuerpo de agua capaz de abastecer a 1.2 millones de personas.
“El modelo EPIC crea redes de colaboración entre universidades y comunidades para que la academia asuma un papel activo en los procesos de transformación”, explicó Sosa Rodríguez. El modelo articula docencia, investigación y divulgación, permitiendo que el alumnado aplique lo aprendido en campo, refuerce su formación profesional y trabaje de forma transdisciplinaria. (Con información de Alejandro Espinoza Sánchez)