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Con el fin de estudiar la relación entre atrazina y Parkinson, en el laboratorio que dirige la doctora Verónica Rodríguez Córdova han trabajado con modelos animales en rata y ratón, los cuales viven en promedio dos años

Estudian la relación entre plaguicida atrazina y enfermedades como el Parkinson

Atrazina y enfermedades neurodegenerativas La exposición a algunos pesticidas se ha asociado con el desarrollo de la enfermedad de Parkinson. Diseño (Bárbara Castrejón)

Con la llegada de la Revolución Verde, en 1960, incrementó el uso de plaguicidas en nuestro país, ya que uno de sus objetivos era aumentar la producción de alimentos en todo el mundo. Como consecuencia, se han detectado varios efectos tóxicos de estas sustancias en la salud, los alimentos y el medio ambiente, lo cual ha generado múltiples investigaciones en el mundo y, en algunos casos, la implementación de regulaciones por parte de las autoridades.

Un tipo de plaguicida es la atrazina, que es un compuesto químico que se sintetizó y se introdujo al mercado hace más de 70 años. Se utiliza para campos de maíz, de durazno y de nuez de macadamia. Además, es empleado para matar drogas y las malas hierbas que crecen en los alrededores de las carreteras, de las vías de tren, en campos de golf.

La exposición a la atrazina tiene consecuencias para la salud humana en varios niveles y a través de distintas vías, por ejemplo, por inhalación y contacto dérmico en el lugar de trabajo, a través del consumo de alimentos y agua contaminados, así como en hogares ubicados en áreas rurales, tanto agrícolas como no agrícolas. Hasta el momento se sabe que los efectos en la salud pueden ser irritación cutánea, alteraciones en órganos específicos, problemas reproductivos y desequilibrios hormonales.

Además, la exposición a algunos pesticidas se ha asociado con el desarrollo de la enfermedad de Parkinson. Este fue el punto de partida para que la doctora Verónica Mireya Rodríguez Córdova, del Instituto de Neurobiología de la UNAM, empezara a estudiar la relación de la atrazina como un factor de riesgo en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.

ESTUDIOS EN ROEDORES.

La enfermedad de Parkinson es un padecimiento neurodegenerativo que afecta el sistema nervioso y genera síntomas motores como temblor o rigidez. Una de sus consecuencias es que se mueren las neuronas dopaminérgicas que están en la sustancia negra, lo que provoca que disminuya la cantidad de dopamina (neurotransmisor relacionado con el estado de ánimo, pero también le ayuda al cerebro a controlar funciones motrices y de movimiento).

Con el fin de estudiar la relación entre atrazina y Parkinson, en el laboratorio que dirige la doctora Rodríguez Córdova han trabajado con modelos animales en rata y ratón, los cuales viven en promedio dos años.

Uno de los trabajos que realizaron fue específicamente en machos, a quienes administraron diariamente concentraciones bajas de atrazina por un año, y durante ese tiempo cada mes medían en el roedor su actividad locomotora para observar qué pasaba con su conducta. Al cabo de este tiempo encontraron que las ratas tenían alteraciones conductuales motoras y como también midieron neurotransmisores hallaron que se morían neuronas y se disminuía la cantidad de dopamina.

Con ratas también hicieron otro experimento, en el cual les administraron atrazina por 14 meses y midieron neurotransmisores como el GABA y el glutamato, y encontraron alteraciones en la conducta.

“Las ratas se hacen más ansiosas, pero encontramos alteraciones a 1 mg, o sea, dosis muy bajitas, después de un año de tratamiento. Luego medimos la liberación y contenido de neurotransmisores y también se alteraba el GABA y el glutamato”.

Posterior a estos trabajos, los investigadores realizaron experimentos en hembras, y encontraron que a diferencia de los machos –quienes presentaban alteraciones conductuales hasta 12 meses después de estar consumiendo atrazina–, las hembras las mostraban desde el primer mes, lo cual puede estar relacionado con las hormonas sexuales como los estrógenos, destaca la doctora Rodríguez Córdova.

Algo que no encontraron en los estudios con hembras fueron alteraciones en la neuroquímica, es decir, los niveles de neurotransmisores no se alteraban.

Cabe destacar que muchos de los trabajos de investigación que han realizado en el laboratorio también forman parte de las tesis de licenciatura, maestría y doctorado que han realizado sus alumnos.

ENFERMEDAD DE PARKINSON.

La mayoría de personas que tienen la enfermedad de Parkinson es de tipo idiopático, es decir, no se explica por una alteración genética y no se sabe qué lo ocasiona, aunque se piensa que en su desarrollo pueden estar involucrados distintos factores, entre ellos agentes ambientales a los que estamos expuestos todos los días.

“Una teoría muy interesante es que muchas enfermedades son de multiexposición. Lo que nosotros encontramos es que la atrazina causa una disminución de dopamina de un 18 o 20%, pero para que a la gente desarrolle el Parkinson tiene que morir el 85% de las neuronas y tiene que disminuirse mucho la dopamina”, explica la investigadora.

Por ello, destaca que es importante considerar que la aparición de una enfermedad como el Parkinson no depende de un solo factor de riesgo, sino de la combinación de varios, ya que estamos expuestos a plaguicidas, al plomo que está en el ambiente, a las partículas del Diesel, al glifosato presente en la comida o a algunos otros insecticidas, entre muchas otras sustancias.

“Lo que yo le puedo decir con los datos de laboratorio que tenemos es que la atrazina es un factor de riesgo para la presencia de un fenotipo de la enfermedad de Parkinson en roedores, pues se disminuye dopamina y otros neurotransmisores, se mueren neuronas y hay alteraciones conductuales”.

Atrazina y enfermedades neurodegenerativas Los científicos han hallado que la atrazina es un factor de riesgo para la presencia de un fenotipo de la enfermedad de Parkinson en roedores. (Diseño Bárbara Castrejón)

El fenotipo de la enfermedad de Parkinson se refiere a que animales como los roedores no desarrollan esta enfermedad de manera natural, pero con las exposiciones a las que son sometidos en el laboratorio pueden presentar características observables de este padecimiento que aqueja a los humanos, por ejemplo, alteraciones conductuales, cambios en neurotransmisores, pérdida de neuronas dopaminérgicas, entre otras.

La investigadora destaca que uno de sus intereses principales con estos estudios es generar información que contribuya a regular sustancias como las que ella trabaja en su laboratorio como la atrazina, el arsénico y el glifosato.

*Colaboración de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM

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