Existe la falsa creencia de que las vacunas son solo para los niños y que la población adulta ya no las requiere. Sin embargo, son esenciales en todas las etapas de la vida, aseguró la doctora Sonia López Álvarez, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, al impartir una conferencia en la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Ante el actual contexto de brotes de sarampión en México, hizo un llamado a revisar la Cartilla Nacional de Salud, en especial en menores de 40 años, ya que se requieren dos dosis para alcanzar una protección de hasta el 95 por ciento o acudir a su aplicación en caso de no contar con registros o no recordar si se recibió alguna toma.
Aunque existe un porcentaje bajo de personas ya inmunizadas que pueden llegar a enfermar, el cuadro suele ser leve y evita complicaciones graves, hospitalización o fallecimiento, por lo que el beneficio clínico supera de forma amplia cualquier riesgo.
La también directora operativa del Instituto Doyenne, recordó que ciertos refuerzos requieren periodicidad, como las dosis contra la influenza y el COVID-19, que deben aplicarse cada año, así como la de tétanos y difteria, recomendada cada diez.
“Provocan memoria inmunológica, es decir, entrenan al sistema inmune para reconocer y combatir agentes infecciosos. En casos como influenza o COVID-19, que no generan protección permanente tras padecerlas, la inoculación continúa siendo necesaria como medida de prevención”.
Entre otras sugerencias para personas mayores de 20 a 59 años mencionó la hepatitis B, sarampión-rubéola (según el historial previo) y el virus del papiloma humano (VPH), esta última como barrera preventiva contra el cáncer cervicouterino, además de las de neumococo y herpes zóster.
“Es un acto de responsabilidad individual y social que forma parte integral del autocuidado y va más allá de hábitos como alimentarse o dormir bien, pues incluye la prevención primaria y los chequeos médicos periódicos”.
En ese sentido, destacó que la administración del biológico no sólo defiende a quien la recibe, sino contribuye a la seguridad de la comunidad, en especial de aquellos que no pueden aceptarla por motivos médicos como pacientes con oncológicos o recién nacidos.
“Cuando una alta proporción de la población está protegida, se genera lo que se conoce como inmunidad colectiva, lo que rompe las cadenas de transmisión de enfermedades y al virus le da menos posibilidades de circular”, dijo en el encuentro El autocuidado y las vacunas en el adulto.
De acuerdo con la especialista, la humanidad ha visto una evolución asombrosa de las vacunas y su alto nivel de protección: “cuando dicen que no funcionan tan bien, solo les comento que la primera de ellas data de 1876, entonces ya llevan un camino trazado de casi 200 años entre nosotros”.
La doctora López Álvarez, exhortó a la ciudadanía a acercarse a los centros de salud para completar o actualizar sus esquemas de aplicación y a informarse a partir de fuentes confiables, verificadas y con bases científicas sobre su efectividad y posibles efectos secundarios.
“Los movimientos antivacunas no son nuevos, ya existían desde el siglo XIX cuando empezó la inmunización contra la viruela en Estados Unidos e Inglaterra; es importante la capacitación y el manejo de la información de manera accesible y comprensible para la gente que tiene dudas. Ningún medicamento es inocuo, pero la ventaja que te proporcionan estos biológicos, frente a los riesgos de la enfermedad, es mucho mayor”.