Aprender a terminar bien es, quizás, el mayor acto de amor para permitir que el ciclo de renacimiento comience, señala Mario Pagano —

El cineasta y artista multidisciplinar Mario Pagano presentó su obra más personal, artística y ambiciosa hasta la fecha, “Amor eterno: una tragedia anunciada”.
El proyecto es respaldado por los museos Thyssen-Bornemisza y Jumex, plantea una experiencia sensorial profunda que busca explorar la naturaleza cíclica del sentimiento humano más universal, el amor de pareja.
El autor sostuvo un distinguido diálogo con medios seleccionados, Crónica entre ellos, en un “pase exclusivo y privado”, durante el cual explicó que su obra busca desmitificar el amor romántico tradicional; propone en su lugar una visión del afecto como un ciclo de transiciones, oscuridad y aprendizaje continuo.
La charla mediática fue convertida en un espacio de reflexión filosófica sobre los vínculos afectivos y la identidad, donde el director venezolano compartió su visión multidisciplinar sobre el arte y la vida.
Pagano, quien ejerce también como guionista, productor y músico, propone un viaje que transita por la pasión, el erotismo y la oscuridad inherente a toda relación que nace bajo la promesa de “amor para siempre”.
La producción es perfilada como un film poético que explora cómo el amor muere y renace a través de diferentes parejas y etapas de la vida, pero las personas tienen dificultades para vivir estos procesos.
En la Sala 1 del Museo Jumex, Pagano interactuó con los periodistas reunidos y resaltó el uso de la danza y las artes plásticas como lenguajes fundamentales que sustituyen al diálogo convencional para expresar la introspección y el silencio de las parejas.
Durante el encuentro con los medios vía zoom desde España, uno de los momentos más profundos surgió a partir de las respuestas a Crónica, quien cuestionó al director sobre cómo la película ayuda a reconfigurar los finales de una relación para dejar de verlos como una pérdida catastrófica.
A la pregunta sobre si la obra propone reaprender la noción del “fracaso amoroso” para aceptar la finitud como algo natural, Pagano respondió con una reflexión sobre la educación cultural y religiosa que ha idealizado el amor bajo el mito de “vivieron felices para siempre”.
Según el director, el filme busca que el espectador comprenda que las crisis son etapas necesarias.
“Este replanteamiento es un paso de todas esas etapas que vamos viviendo en las crisis de nuestra vida”, afirmó Pagano, y resaltó la importancia de reaprender cómo amar de nuevo después de transitar por la oscuridad y el dolor.
Para el autor “el amor eterno es un concepto idealizado que buscamos fervientemente en diferentes rostros, momento en el que las vivencias pasadas se convierten en una herramienta de sabiduría para mirar atrás”.
En respuesta a la posibilidad de amar nuevamente, Pagano sugirió que “el amor es, en esencia, una proyección constante de nosotros mismos sobre el otro en busca de validación”.
Explicó que solemos buscar los mismos arquetipos u obsesiones en diferentes cuerpos y momentos, lo que convierte a cada pareja en un nuevo intento de aprendizaje sobre nuestra propia identidad emocional más profunda.
Esta visión del amor como un bucle eterno es apoyada por una estructura narrativa que prescinde de los diálogos convencionales para abrazar la prosa poética y el silencio reflexivo.
La película se adentra “en lo que se piensa pero no se dice, utiliza voces en off que representan los pensamientos más íntimos y crudos de los personajes durante sus crisis”.
Durante la presentación se observa un momento tradicional de un matrimonio a la mesa mientras comen, acompañados por un demoledor silencio verbal pero con pensamientos intensos de pesadumbre y finitud el uno del otro, tal como ocurre con muchas parejas actualmente.
Uno de los pilares técnicos y artísticos más destacados de la cinta es el empleo magistral de la danza como un lenguaje narrativo autónomo y poderoso.
El director explicó que “el amor es, en su raíz, un baile que no se puede ejecutar en solitario, pues requiere de la interacción constante de dos voluntades”; esta coreografía vital puede ser de amor, pero también de muerte, refleja el movimiento constante de las parejas.
La Danza del Adiós; el Cuerpo habla lo que Callan las Palabras
La colaboración especial de Joaquín de Luz, figura de renombre internacional y ex director de la Compañía Nacional de Danza, aporta una calidad estética excepcional al proyecto fílmico.
Sus coreografías van más allá de ser adornos visuales, funcionan como un motor emocional que transmite sentimientos que las palabras no logran capturar, profundizando en la psique a través del movimiento corporal puro.
La magistral danza diseñada por De Luz permite que el espectador sea testigo de la “danza de la muerte” que ocurre simbólicamente cuando un vínculo afectivo llega a su fin.
Este enfoque permite que la transición emocional sea procesada como un acto artístico y sanador, y le quita el estigma de trauma que suele acompañar a las rupturas dolorosas.
El movimiento corporal es presentado así en el hilo conductor de una realidad intermitente bajo la intemperie.
El Museo como Espejo del Alma
Los espacios museísticos también juegan un papel fundamental en la creación de una atmósfera ilusoria que desdibuja los límites entre lo real y lo puramente surrealista.
El rodaje en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, de España, y el Museo Jumex, de México, sitúa a la obra en un plano donde el arte contemporáneo y el clásico dialogan directamente con las pasiones humanas.
Pagano describió la entrada al museo como un acto de amor silencioso, donde los personajes se conectan con obras que funcionan como catalizadores de su propia historia.
La selección de las piezas artísticas no fue casual, fue integrada con sigilo desde el guion para que cada cuadro o escultura reflejara el estado interno de “quienes deambulan por las salas en busca de respuestas”.
Entre las obras que aparecen resalta “La muerte de Atenas”, de Auguste Rodin, donde la figura de una mujer poderosa se impone físicamente sobre el hombre.
Esta escultura simboliza dinámicas de poder y opresión dentro del amor, sirve como un espejo de la crisis que atraviesa la pareja protagonista en su madurez.
La interacción plástica con la obra permite que el diálogo de los personajes cobre un sentido universal y estético único.
Por otro lado, la inclusión de piezas modernas como las de Hugo Rondinone en el Museo Jumex refuerza el lenguaje visual contemporáneo y vibrante del filme.
El neón gigante del artista suizo, bajo el cual una de las actrices realiza un monólogo sobre la reinvención del ser, adquiere una magnitud relevante en la pantalla.
Esta fusión de arte y cine permite que la película sea apreciada como una pieza de exhibición artística integral.
La cinematografía también incorpora pinturas del propio Mario Pagano, quien se inspira en referentes como Francis Bacon para explorar la desfiguración del alma humana.
Explicó que estas obras, presentes en escenas específicas, trabajan el concepto del “borrado de la identidad” a medida que avanzamos emocionalmente en la vida.
A través de esta deformación estética y la oscuridad, el director dijo que busca retratar la esencia del ser más allá de su rostro físico.
El lenguaje visual onírico es complementado con el uso de espacios naturales como el bosque, desierto y playas exóticas que simbolizan el vacío y la inmensidad interna.
Mientras más se adentran los personajes en la pérdida del amor, más surrealista y desorientador se vuelve el entorno físico que los rodea constantemente; esta distorsión del mundo real refleja la desorientación psicológica que acompaña a la muerte de un vínculo sólido y duradero.
El Latido del Tiempo
La simbología de los corazones de colores es otro de los elementos técnicos que estructuran la narrativa visual de esta tragedia anunciada y poética.
El corazón rojo representa el estallido inicial de la pasión, mientras que el azul simboliza el enfriamiento provocado por la rutina diaria del hábito sin pasión.
Finalmente, el corazón gris aparece cuando el sentimiento se convierte en cenizas, dejando solo el recuerdo de lo que alguna vez estuvo vivo.
Los personajes se preguntan constantemente “rojo o azul”, como indagando cuál es el estado real de su corazón frente a la relación y lo que ya no fue, o dejó de ser.
Pagano utiliza este juego cromático para ilustrar cómo, en muchas crisis, los latidos de la pareja dejan de estar sincronizados de forma equilibrada y armónica.
En algún momento, una de las dos personas late con mayor intensidad que la otra, marcando el inicio del fin del ciclo amoroso inevitable.
Esta metáfora visual permite al espectador comprender la muerte del amor como un proceso de cosas acumuladas, casi natural dentro de la existencia humana.
La banda sonora, compuesta también por el propio director, añade una capa adicional de profundidad con influencias árabes que remiten a lo más ancestral.
Pagano señaló que este sonido busca conectar al público con las raíces más antiguas de las historias de amor de las que la humanidad ha bebido desde siempre.
El amor se presenta así como un sentimiento universal que trasciende fronteras idiomáticas, utilizando de forma magnífica el español, italiano, inglés y catalán.
El proyecto es alejado deliberadamente del lenguaje cinematográfico tradicional para situarlo en un circuito que abraza tanto las salas de cine, como los museos.
Mario Pagano insiste en que “Amor eterno” es una obra de arte en sí misma, diseñada para ser apreciada principalmente por su valor plástico.
La intención es que el público no solo vea una película, sino que viva un choque emocional a través de la oscuridad y la luz; que se cuestione cómo vive el amor y en qué estado se encuentra su relación.
Al final de la jornada, la reflexión de Pagano ante las dudas de los periodistas dejó una sensación de esperanza a pesar de su título trágico.
Saber Terminar Bien
El filme afirma que todos somos, en el fondo, los mismos hombres y las mismas mujeres enfrentando las mismas crisis biológicas e identitarias.
Aprender a terminar bien es, quizás, el mayor acto de amor que se puede realizar para permitir que el ciclo de renacimiento comience, algo que muy pocas personas pueden hacer.
La propuesta de Pagano es una invitación a mirar nuestras propias sombras para encontrar en ellas la semilla de una luz renovada y más auténtica.
Al integrar la danza, la pintura y la escultura, el director logra que el dolor de una ruptura se transforme en un objeto de contemplación estética; el espectador sale de la sala inevitablemente con una nueva perspectiva sobre la finitud de los vínculos y la eternidad del sentimiento.
Con el respaldo de Good Friends Pictures, esta cinta promete dejar una huella duradera en los espectadores que se atrevan a cuestionar sus certezas.
En un mes dedicado al amor romántico, esta película ofrece una dosis necesaria de realidad, belleza y sabiduría artística sobre el desapego.
El Arte de Concluir Bien; Mario Pagano revoluciona el mito del Amor Eterno desde la Danza y la Plástica en el Museo Jumex