
Introducción
Cuando pensamos en cuidado parental (es decir, el cuidado que dan los padres a sus crías), es común imaginar a animales como aves llevando semillas en sus picos para sus polluelos o mamíferos abrazando y amamantando a sus crías. Sin embargo, en el mundo de los insectos también podemos encontrar ejemplos fascinantes de cuidado parental. Uno muy destacado es el que ocurre en los escarabajos peloteros o escarabajos del estiércol, un grupo de insectos pertenecientes a la subfamilia Scarabaeinae, que han desarrollado estrategias extraordinarias para asegurar la supervivencia de su descendencia.
Estos insectos deben su nombre a su peculiar comportamiento: recolectan estiércol o materia orgánica en descomposición y lo moldean en pequeñas bolas que ruedan con gran esfuerzo hasta galerías subterráneas. Pero estas bolas no son elaboradas por mera diversión o capricho, sino que son verdaderas incubadoras para el mantenimiento de las crías.
La bola-nido es elaborada por el macho, la hembra o ambos, quienes trabajan arduamente para recubrirla con tierra, excremento y secreciones propias, formando una estructura compacta que funciona como refugio y como estructura de almacenamiento de comida para sus crías. En el interior de esta bola, la hembra excava una pequeña cavidad en la que deposita un huevo (Figura 1). Así el huevo queda protegido en una cámara interna que regula la humedad y reduce el riesgo de patógenos. Durante las primeras dos semanas después de la formación de la bola-nido, ambos progenitores participan en su mantenimiento y protección. Posteriormente, la hembra se encarga del resto de la crianza, dedicando alrededor del 80% del tiempo a salvaguardar a sus crías, mientras el macho dedica cerca del 20% del tiempo. Así, el cuidado parental aumenta entre un 20% y un 30% la probabilidad de supervivencia de las larvas, en comparación con la ausencia de cuidado parental.
El cuidado de los padres a la bola-nido es crucial, ya que, entre otras cosas, aparentemente algunos compuestos glandulares de los padres evitan la proliferación de hongos y bacterias que podrían consumir el alimento que la larva necesita para su desarrollo. Finalmente, cuando la larva emerge, se encuentra rodeada de una reserva completa de alimento y de secreciones parentales ricas en microorganismos benéficos, lo que le permite crecer sin necesidad de abandonar el nido (Figura 2).

Pero ¿por qué deberíamos poner atención a estos diminutos insectos? Bueno, los escarabajos peloteros son más que solo unos padres preocupados por su descendencia. Los escarabajos peloteros son un componente importante para los ecosistemas en los que se desarrollan. Al alimentarse de estiércol y materia en descomposición, actúan como recicladores naturales, acelerando la degradación de estos materiales. Este proceso permite que nutrientes esenciales como el nitrógeno, el carbono y el fósforo se reincorporen al suelo, mejorando su fertilidad y favoreciendo el crecimiento de las plantas. Además, al excavar sus galerías, estos insectos mejoran la estructura del suelo, aumentando la aireación y la infiltración de agua y evitando que el suelo se compacte demasiado. Al competir por el alimento, los escarabajos peloteros pueden incluso evitar la presencia de parásitos y patógenos que puedan albergar los excrementos y materia en descomposición. Por último, los escarabajos transportan semillas presentes en el estiércol, evitando la aglomeración de semillas, lo cual podría aumentar la competencia entre ellas, asegurando que estas se dispersen en el ambiente, así como su establecimiento en sitios adecuados para germinar.
A simple vista, el comportamiento de estos insectos puede parecer extraño, insignificante y hasta desagradable, pero su estilo de vida ayuda a sostener procesos ecológicos esenciales. Así que la próxima vez que veas a un escarabajo empujando una bolita de estiércol, míralo con otros ojos: no es solo un insecto, sino un padre o madre trabajando incansablemente, construyendo vida y contribuyendo silenciosamente al equilibrio del ecosistema.
Referencias
Favila, M. E. (1988). Chemical labelling of the food ball during rolling by males of the subsocial coleopteran Canthon cyanellus cyanellus LeConte (Scarabaeidae). Insectes Sociaux, 35(1), 125-129.
Favila, M. E., Ortiz-Domínguez, M., Chamorro-Florescano, I., & Cortez-Gallardo, V. (2012). Comunicación química y comportamiento reproductor de los escarabajos rodadores del estiércol (Scarabaeinae: Scarabaeini): aspectos ecológicos y evolutivos, y sus posibles aplicaciones [pp. 141–164]. Temas Selectos en Ecología Química de Insectos (JC Rojas and EA Malo, editors). El Colegio de la Frontera Sur, Tapachula, México.
Halffter, G., Huerta, C., Lopez-Portillo, J. (1996). Parental care and offspring survival in Copris incertus Say, a sub-social beetle. Animal Behaviour, 52(1), 133-139.
*Instituto de Ecología, A.C.