
Dentro del Centro Nacional de las Artes (Cenart), el espacio de academia y cultura más importante del país, se desarrolla Cenart Sale a la Calle, que suma más de dos décadas acercando música, teatro y danza a escuelas, hospitales y espacios públicos. Su enfoque social busca llegar a la población que normalmente no tienen acceso a este tipo de actividades culturales y lo hace sin presupuesto asignado, apoyándose en la participación de los muchachos y artistas ya profesionales que ponen de su parte para que estas presentaciones se realicen año con año.
Desde conciertos en hospitales hasta funciones en escuelas públicas, el programa Cenart Sale a la Calle se ha consolidado como una de las iniciativas culturales con mayor impacto social en la Ciudad de México, al llevar actividades artísticas directamente a comunidades vulnerables.
En efecto, esta estrategia busca que el arte no se quede en recintos formales, sino que llegue a sitrios donde pocas veces está presente, incluyendo centros escolares, casas hogar y unidades médicas previamente seleccionadas.
Arte fuera de los escenarios
El programa, coordinado desde hace ocho años por Danae Zamorategui Jiménez, tiene como objetivo principal acercar distintas disciplinas artísticas a públicos diversos.
A lo largo del tiempo, ha construido vínculos con instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde se realizan presentaciones en hospitales y centros de seguridad social, generando esparcimiento para pacientes y adultos mayores.
También mantiene presencia en alcaldías como Tlalpan, Iztacalco y Xochimilco, además de colaborar con escuelas de nivel básico, donde las actividades pueden beneficiar a grupos de entre 300 y 500 estudiantes por jornada.
El arte itinerante funciona no solo como entretenimiento, sino como una herramienta para mejorar el bienestar emocional, fomentar la convivencia y abrir nuevas formas de expresión.

Crecimiento del programa
En sus inicios, Cenart Sale a la Calle estaba enfocado principalmente en conciertos de música clásica y jazz, interpretados por estudiantes de la Escuela Superior de Música. En el caso de música clásica participan alumnos de quinto año, mientras que en jazz lo hacen estudiantes de cuarto.
Con el paso de los años, la oferta se amplió. Desde 2025 se incorporaron funciones de teatro con compañías invitadas, así como actividades de danza en el que se presentan artistas voluntarios. Un ejemplo fue la colaboración con Brotherman Artes Vivas, que ofreció presentaciones dirigidas a escuelas de primaria y que iban acompañadas de talleres de expresión corporal.
Para 2026, el programa mantiene su base musical y busca retomar funciones teatrales que quedaron pendientes, además de continuar con propuestas de danza y nuevas alianzas. Entre éstas destaca la colaboración con el programa PIX del Sistema de Apoyos a la Creación, que ya permitió una presentación y contempla al menos cuatro más durante el primer semestre del año.
Experiencia del publico en Zaragoza
Las presentaciones no se quedan en lo simbólico. En un Centro de Seguridad Social en Zaragoza, el grupo de jazz Exprofeso Sextet —integrado como parte del servicio social— ofreció un concierto para alrededor de 60 adultos mayores.
Durante la presentación, que incluyó temas como Bésame Mucho, de Consuelito Velázquez, el público respondió con entusiasmo: algunos grababan, otros seguían el ritmo, y varios se acercaron al final para felicitar a los músicos.
Los asistentes calificaron la experiencia como excelente, una maravilla. Incluso, una persona comentó que había tenido malestares físicos antes de la función, pero durante el concierto logró distraerse y sentirse mejor.
Para los jóvenes artistas, estas actividades también representan una oportunidad profesional: les permiten interactuar con públicos diversos, generar contactos y desarrollar habilidades fuera del escenario tradicional.
Retos por resolver
A pesar de su alcance, el programa enfrenta varios desafíos. Uno de los principales es que no cuenta con presupuesto propio, por lo que funciona mediante un esquema de colaboración: las instituciones solicitantes cubren gastos como transporte, logística y alimentación.
Otro reto es ampliar la diversidad de disciplinas, especialmente atraer a más estudiantes de teatro y danza, quienes suelen optar por otras opciones de servicio social en compañías profesionales.
También está el desafío geográfico. Aunque el programa tiene presencia en varias zonas, la mayoría de actividades se concentra en la Ciudad de México, aunque también implica traslados largos hacia alcaldías como Milpa Alta o Azcapotzalco.
Aun así, la meta se mantiene clara: no hacer un solo gran evento, sino multiplicar las intervenciones para llegar a más comunidades.
