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México enfrenta grave estrés hídrico: entre 60% y 70% de los acuíferos están sobreexplotados

Investigadores de la UAEH proponen alternativas para el agua en México

Agua Investigadores de la UAEH que aplicaron herramientas matemáticas avanzadas para entender, pronosticar y proponer soluciones concretas a la crisis hídrica. (Investigadores UAEH)

La creciente presión sobre los recursos hídricos, la sobreexplotación de acuíferos, la distribución desigual del agua, hasta el acceso, el manejo y la calidad de la misma, se han convertido en uno de los mayores desafíos contemporáneos para México, por lo que han encendido las alarmas en todos los niveles de la sociedad.

Ante este panorama, un grupo de investigadores de la Escuela Superior de Apan (ESAp) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), encabezado por Luis Alberto Quezada Téllez y conformado por Arturo Torres Mendoza, Fernando Soto Moreno y Fidel Meléndez Vázquez, decidieron abordar la problemática desde una perspectiva innovadora: aplicar herramientas matemáticas avanzadas para entender, pronosticar y proponer soluciones concretas a la crisis hídrica.

El grupo no solo describe la crisis, sino que propone soluciones concretas: una máquina niveladora de suelos de bajo costo, mapas de riesgo hídrico y modelos matemáticos con derivadas especiales para predecir el comportamiento de los acuíferos. Esta labor no solo responde a una necesidad académica, sino que busca que la ciencia y la tecnología se sumen al esfuerzo colaborativo entre gobierno, academia y sociedad civil.

Dos Méxicos frente al agua

En la investigación llamada “Nos queda agua en México”, las diferencias regionales son extremas. En el sur, acuíferos como en los estados de Oaxaca o Sinaloa registran superávits superiores a 300 millones de metros cúbicos al año, estas regiones disfrutan de lluvias abundantes y menor presión demográfica e industrial.

En contraste, zonas del norte, entidades como Coahuila o Zacatecas sufren déficits de hasta menos 200 millones de metros cúbicos anuales. Allí, la agricultura intensiva, la minería y el crecimiento urbano agotan el agua subterránea a una velocidad muy superior a su recarga natural.

Esta desigualdad no responde solo a factores naturales, el grupo de modelación hídrica advierte que el sistema de gestión del agua en México es centralista y rígido, pues las concesiones para extraer agua de pozos se otorgan sin suficiente vigilancia.

Las personas que usan el recurso no participan en las decisiones sobre su manejo. Aunque las leyes reconocen el agua como un derecho humano, en la realidad predomina una visión económica que la considera una mercancía.

Gestión actual, retos, riesgos sociales y ambientales

El equipo de la UAEH identificó que la mayor parte del agua utilizada en México proviene de tres fuentes: agua superficial (ríos, presas, lagos), agua subterránea (acuíferos) y recarga natural. Sin embargo, la sobreexplotación de los acuíferos ha alcanzado niveles críticos: entre el 60% y 70% de estos cuerpos de agua está bajo estrés hídrico, lo que significa que se extrae más agua de la que se recarga.

Si esta tendencia continúa, muchas regiones dependerán exclusivamente de la lluvia, lo que las hace vulnerables a las sequías y al cambio climático. Además, la agricultura consume cerca del 70% del agua disponible, aunado a la falta de tecnificación y nivelación en los terrenos agrícolas, lo que provoca un enorme desperdicio del recurso.

Además, el uso de agua de pozos profundos, muchas veces sin tratamiento, ha derivado en problemas de salud pública, como daños renales en comunidades rurales. Por si fuera poco, México trata solo el 5 % de sus aguas residuales, a diferencia de países como Alemania, que alcanza el 95%, lo que agrava la contaminación y limita la reutilización del recurso.

Una herramienta para el futuro

Frente a este panorama, los investigadores de la máxima casa de la entidad en Hidalgo propusieron el uso de modelación matemática avanzada, utilizando operadores diferenciales poco convencionales como las derivadas de Caputo, de Riemann-Liouville y la conformable. Estas herramientas permiten analizar cómo cambian las variables hídricas a lo largo del tiempo y adaptan los modelos a las condiciones específicas de cada región.

Por ejemplo, pueden predecir el comportamiento de los acuíferos, el impacto del riego agrícola y las consecuencias de sequías prolongadas. El grupo desarrolló modelos que no solo diagnostican la situación actual, sino que permiten anticipar escenarios futuros, generalizar resultados y diseñar estrategias con base en evidencia científica.

Entre las soluciones propuestas destacan la creación de máquinas niveladoras de bajo costo accesibles para agricultores, el monitoreo de presas y lluvias mediante sensores, y la elaboración de mapas de calidad hídrica para detectar zonas de riesgo en Hidalgo y otras entidades.

Propuestas para una gestión sustentable del agua

Los investigadores concluyeron que la solución a la crisis hídrica mexicana requiere un cambio de fondo en la gobernanza del agua. Propusieron fortalecer la vigilancia ciudadana, implementar aplicaciones y drones para reportar el uso de pozos ilegales, y reconocer el agua como un bien común, no solo como un recurso económico.

Recomendaron nivelar parcelas agrícolas para reducir el consumo, regular las concesiones en megaproyectos industriales y fomentar la participación de comunidades locales en la toma de decisiones, inspirándose en modelos internacionales exitosos como el Consejo de Cuenca del Río Colorado o la gestión en Nueva Zelanda. Subrayaron la importancia de contar con datos robustos y transparentes, ya que la falta de información limita cualquier política pública.

El mensaje central del grupo de Modelación Hídrica de la UAEH es claro: México necesita menos decisiones tomadas desde oficinas centrales y más diálogo efectivo entre gobierno, academia y sociedad, ya que la crisis del agua exige una visión sustentable,

Solo así se podrá revertir el estrés hídrico, asegurar el acceso equitativo y proteger la salud, la economía y el bienestar de la población. Con este enfoque, la ciencia mexicana demuestra que es posible transformar la preocupación en propuestas y construir un futuro más seguro para todos.

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