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El Xochitlalis es una ceremonia prehispánica de la Sierra de Zongolica, cuyo propósito es agradecer a la tierra y pedir buenas cosechas. En el ritual participa la familia y simboliza el vínculo espiritual entre el ser humano y la tierra como fuente de vida

Xochitlalis: entre la tierra y el maíz, una ofrenda ancestral

Zongolica. Inicio del diálogo con la tierra. (Gustavo Armando Rosas Sánchez)

En la región de Altas Montañas del estado de Veracruz, en la Sierra Zongolica, se celebra el Xochitlalis u ofrenda floral (del náhuatl: Xóchitl_ flores y Tlalis_ altar u ofrenda). Se trata de una ceremonia de origen prehispánico, que tiene la finalidad de pedir a la madre tierra que haya buenas cosechas de los cultivos, para que no falte el sostén de la familia.

La ceremonia consiste en agradecer a la tierra todas las bondades que brinda, a través de convidar alimentos y bebidas; seguido de peticiones para obtener una buena cosecha de la siembra, a través del dialogo que se aromatiza y adorna con flores e inciensos.

La celebración se lleva a cabo en el lugar de siembra en los meses de marzo a mayo, en donde algunos, buscan coincidir con el inicio del año azteca que es el primer viernes de marzo.

El ritual comienza antes de que los rayos del sol toquen el lugar en que se colocará la ofrenda. En la parcela, se cava un hoyo de poca profundidad orientado hacia el este, el hueco simula el vientre de la tierra. Aquí el “rezandero” saluda a los cuatro puntos cardinales, con el incienso y agradece por la existencia y maravillas de la naturaleza que la tierra acoge. Seguido, se hace la petición que consiste en hablar con la tierra usando palabras que vienen del corazón, no es un rezo, sino una expresión íntima del humano con el elemento tierra para pedir abundancia de la cosecha por el bienestar de la familia. Durante la petición, se tiende una cama de totomoxtle en la base del hueco y se colocan velas encendidas en los cuatro puntos cardinales; se van colocando los alimentos y bebidas, que primeramente se comparten con cada uno de los integrantes de la familia y participantes de la ceremonia, después se colocan en la ofrenda.

Inecol. Alimentos y bebidas en la ofrenda. (Gustavo Armando Rosas Sánchez)

Entre los alimentos que se ofrecen, no puede faltar el maíz, como el principal sustento del hogar; se comparten tortillas, tamales, atole, mole con guajolote del rancho, pan, agua ardiente y café. Una vez terminada la petición, la familia come cerca de la ofrenda, de los mismos alimentos que llevaron para la ceremonia.

Antes del mediodía, el rezandero se vuelve a comunicar con la tierra a través del incienso. Junto con la familia, asume el compromiso de cuidar la tierra y sus frutos. Mientras tanto, el hoyo se cubre con tierra, enterrando la ofrenda. Al final, se coloca un collar de flores sobre el sitio, es el gesto conocido como Xochitlalis —“ofrecer flores a la tierra” —. Las velas se dejan encendidas hasta que se consumen o se apagan por sí solas.

A pesar de ser una ceremonia que se originó para la petición de buena cosecha del maíz, se ha transformado en un evento de petición por las diferentes actividades que transforman a la tierra. Es decir, se hace ceremonia, cuando se va a construir una casa, para pedir permiso de remover y modificar el suelo, y que la construcción termine bien. En este caso, la ofrenda se coloca, en donde quedará la puerta principal de la casa. También se hace cuando se construye infraestructura en el pueblo; ya sea una calle o puentes.

Por cualquier motivo, la esencia del Xochitlalis no cambia, se mantiene el hecho de la comunicación con la tierra, como elemento de fortaleza entre la relación del ser humano y la naturaleza.

Actualmente, el Xochitlalis (o Xochitlalli) continúa transformándose. Lo que antes era un ritual agrícola íntimo, ligado a la vida comunitaria, se ha convertido en un evento de turismo cultural a gran escala. Esto representa un cambio profundo, ya que no solo modifica su forma, sino también la manera en que se percibe: para algunos observadores, la celebración ha dejado de ser exclusivamente una práctica de profunda tradición para adquirir rasgos de “mercado”, impulsados por la comercialización del espacio. Pero, para otros es un evento de turismo cultural que busca preservar las raíces nahuas bajo un formato moderno.

Hoy es necesario asumir un compromiso colectivo para participar en los eventos culturales con respeto hacia la integridad de cada ritual. Esto implica acercarse desde la disposición a aprender, con humildad y una escucha atenta, poniendo siempre en primer plano la preservación de la tradición por encima de cualquier intención de espectáculo. En este sentido, la clave está en comprender el ritual como una expresión comunitaria cargada de significado, ya sea sagrado, simbólico o identitario.

Agradecimientos:

A Fondo para la Paz I. A. P, Veracruz, por su acompañamiento y colaboración en el acercamiento a las comunidades nahuas del municipio de Tequila, Ver. en especial a Ma. Rosario Oltehua Jiménez por el acompañamiento y compartir su trabajo en beneficio de la ciencia. A la familia Oltehua-Jiménez del municipio Tequila en Veracruz, por compartir sus saberes y su casa.

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