
En los territorios ocupados de Palestina se han realizado elecciones recientemente, pese a la difícil situación que atraviesan, con las acciones impuestas por Israel para disminuir en Gaza el ingreso de más ayuda humanitaria e impedir el ingreso de alojamientos temporales y de miles de casas de campaña que esperan en la fronteara con Egipto. Y en Cisjordania, cada día mueren palestinos o son desalojados de sus posesiones por los colonos israelíes que cuentan con el respaldo de su ejército. Entre los campamentos de refugiados más afectados se encuentra el de Yenín que durante la Segunda Intifada en 2002 fue el escenario de los enfrentamientos más sangrientos de ese año. Miles de palestinos han sido obligados a abandonar sus casas y pertenencias, sin saber si algún día podrán regresar.
En este ambiente de incertidumbre, el 26 de abril se celebraron elecciones para los concejos municipales palestinos. El proceso electoral fue organizado por la Comisión Central de Elecciones (CEC) de Palestina, un organismo independiente que funciona con recursos de la Autoridad Palestina (AP) y de organismos internacionales como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Unión Europea.
Las elecciones ocurrieron principalmente en Cisjordania, porque en Gaza -además de la situación de destrucción que impide cualquier ejercicio político- la AP no tiene presencia desde 2007. No obstante, la Comisión electoral logró acuerdos con autoridades locales en la ciudad de Deir al-Balah, una de las menos destruidas en Gaza, para poner mesas de votaciones. La organización del proceso electoral respondía a la promesa hecha por el primer ministro palestino Mohamed Mustafá, después de asumir su cargo en 2025, que se daría prioridad a la democracia dentro de la administración palestina y se realizarían elecciones en 2026. Pero también la AP organizó estas elecciones como una maniobra política para reafirmarse como la representante de los intereses del pueblo palestino, pues desde 2023, Israel ha hecho todo lo posible por socavar su autoridad y representatividad.
Sin embargo, a pesar de la debilidad del gobierno de la AP, una gran proporción de palestinos, dadas las condiciones en las que se encuentran, acudieron a las mesas de votación, lo que se explica porque las autoridades a elegir son las más cercanas a ellos y a sus problemas cotidianos. Los consejos locales en Cisjordania han adquirido importancia al asumir la gestión de clínicas y escuelas locales, además de ser los encargados de la administración de los recursos básicos como agua y electricidad, pese la cada vez mayor fragmentación del territorio ocasionada por los desalojos del ejército israelí y el avance de los asentamientos ilegales de los colonos.
De las 1.5 millones de personas registradas en el padrón electoral de Cisjordania, se dieron alrededor de 800 mil votos, lo que significa una participación del 53.4%, aunque en Gaza fue más baja, como lo ejemplifica Deir al-Balah, con una votación de apenas el 22%. No obstante, es difícil entender tan alta votación porque los votantes tuvieron que atravesar numerosos checkpoints y barricadas militares en las carreteras. El asedio de los colonos israelíes supone igualmente, la hipervigilancia y una estrangulación económica por el bloqueo israelí de 4,800 millones de dólares en ingresos fiscales, bajo el pretexto que serán usados para apoyar al terrorismo (Haaretz, 07/06/2026).

Pero este ejercicio electoral también dejó ver que la fractura ocurrida tras las elecciones de 2006 —en que Hamas emergió como una fuerza política dominante en Gaza y con simpatía en Cisjordania—, pesa aún en el espectro político palestino. Precisamente sostén de la ciudanía a Hamas es resultado de la radicalización debido a la ocupación israelí y su imparable avance.
Hamas, que surgió en 1987 bajo el liderazgo de Ahmed Yassin con la influencia de los Hermanos Musulmanes, tuvo durante un periodo apoyo de Israel, en particular ya con Netanyahu, por el contrapeso que significaba respecto a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) liderada por Fatah. Después de la firma de los acuerdos de Oslo en 1993 entre el gobierno de Israel de Isaac Rabin y Yasser Arafat por la OLP, los grupos más radicales de palestinos e israelíes encontraron un piso común: desconocer dichos acuerdos. Lo que se expresó de forma más radical en la derecha israelí detrás del asesinato de Rabin apenas dos años después.
Hamas fue ganando legitimidad en el ala más radical de los palestinos, que se negaban a reconocer al Estado de Israel y seguían pensando que la lucha armada era la única vía para lograr la constitución de un Estado Palestino. Fue así como, en el 2006, Hamas ganó las elecciones legislativas para gobernar Gaza. La comunidad internacional le impuso varias condiciones a Hamás para reconocer su gobierno, como renunciar a las armas y reconocer al Estado de Israel, algo impensable en ese tiempo. En su Documento Político de Renovación de 2017 Hamas afirmó buscar la creación de un Estado Palestino con las fronteras de 1967, aceptando implícitamente la existencia de Israel.
A pesar de ello, desde 2007 existe una división entre Cisjordania —gobernada por la AP y dominada por miembros del partido Al-Fatah— y Gaza, gobernada por Hamas. Esta fractura aumentó tras el ataque de Hamas de 2023. Como consecuencia, la AP prohibió a Hamas participar en las elecciones locales este 2026 y puso como requisito de participación alinearse con Fatah, así como reconocer que la OLP es el único organismo que representa a los palestinos. Por ello, la mayoría de las listas de participantes estuvieron conformadas por candidatos independientes y figuras comunitarias, teniendo un papel determinante los clanes familiares.
Las elecciones locales en Palestina son el mecanismo más sencillo que la AP tiene para intentar construir legitimidad política, “en un momento sumamente delicado, en medio de desafíos complejos y circunstancias excepcionales”, según dijo el primer ministro palestino, Mohamed Mustafá, quien recientemente organizó el proceso interno de renovación de la dirigencia de Al Fatah y sin muchas sorpresas, Mahmud Abás fue reelegido como líder del movimiento. Llamó atención que, desde prisión, el líder histórico palestino Maruán Barguti fuera el más votado para el Comité Central del partido. También destacó la incorporación de Zakaria Zubeidi, recién liberado por Israel en el acuerdo de alto el fuego, y de Laila Ghanem, la gobernadora de Ramala.
Por su parte Hamas también completó este mes su proceso de elecciones internas para renovar el liderazgo de la organización. El nuevo nombramiento podría traer consigo virajes estratégicos pues como presidente del Buró Político fue elegido Khaled Meshal, quien mantiene una mayor cercanía con el eje sunita de Turquía y Qatar. Lo que marca un contraste con su antecesor, Khalil al-Hayya, vinculado más estrechamente al eje iraní y quien ahora asumirá la jefatura de la organización en la Franja de Gaza.
Meshal ha operado históricamente desde Doha y mantiene vínculos estrechos con Ankara. Su liderazgo suele asociarse con la vertiente de los Hermanos Musulmanes, priorizando la legitimidad política internacional y el apoyo financiero de las monarquías del Golfo. Pero el nombramiento de Al-Hayya al frente en la Franja de Gaza, podría asegurar que mantendrá con Teherán el llamado “Eje de la Resistencia” para mantenerlo operativo se mantenga a pesar de cualquier viraje en el ámbito internacional.
*Seminario Universitario de las Culturas de Medio Oriente, UNAM.