
“Habría que repensar la actitud del Consejo de Arqueología, que está avalando ciertas actitudes y, con el visto final del director, es el que aprueba o no los proyectos de investigación nacionales y extranjeros del INAH”, opina el arqueólogo, antropólogo y Premio Crónica, Eduardo Matos Moctezuma.
Así lo declaró en la mesa “Estos tiempos que vivimos: desafíos de la arqueología y la historia”, que forma parte del ciclo de conferencias “Grandes problemas de la Cultura y el patrimonio cultural”, organizadas por la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Como eco de estas posturas, durante la sesión, la comunidad de investigadores que acudió tanto presencialmente como vía digital anunciaron la difusión de dos cartas que solicitan mayor transparencia con el presupuesto y su distribución, la reestructuración del Consejo de Arqueología, eliminación del Sistema Institucional de Proyectos (SIP) y desaparición del sistema de contratación de investigadores eventuales.
DENUNCIAS.
El antropólogo Bolfy Cottom, coordinador del ciclo, consideró que el debilitamiento institucional “no es solo un tema de dinero, es un tema también de los objetivos fundamentales, hacia dónde vamos”.
Destacó también la urgencia de revisar los problemas de seguridad en sitios arqueológicos, ya que “recientemente se hizo referencia a una especie de debilitamiento de estructuras que corren el riesgo, por ejemplo, en Teotihuacan”.
“También está el problema de la ausencia de la renovación de los cuadros: no hay plazas nuevas, los jóvenes tienen que contratarse, y no solo en el instituto, sino prácticamente en toda la administración pública, como proveedores, a grado de que incluso a los jóvenes que llevan a cabo una buena parte de las tareas de estas instituciones, se les pide para su contratación una fianza a pagar, que abarca casi entre el 10 y el 20% de su salario”, denunció.
En ese sentido, una de las cartas que circula ahora, emitida desde el colectivo SEAMOS 10 O 100 ARQUEÓLOGAS Y ARQUEÓLOGOS DEL INAH y leída por la investigadora María Reyna, exige terminar con la modalidad de contratación de investigadores eventuales.
“Indigna por tratarlos como ‘prestadores de servicios’, sin seguridad en el trabajo, ni seguridad social, que no crean antigüedad, no les dan vacaciones ni viáticos, no se les paga a tiempo y para optar por un contrato deben presentar tres cotizaciones y una fianza”, desglosa el documento.
Otra de las exigencias es la destitución inmediata del actual Presidente del Consejo de Arqueología “y todos sus miembros que exceden atribuciones como órgano consultivo, solapan y encubren la destrucción del patrimonio arqueológico y toman decisiones autoritarias que denigran el trabajo arqueológico”.
De acuerdo con la información oficial del INAH, el Consejo de Arqueología se encuentra integrado por los representantes de las Direcciones del INAH, Salvamento arqueológico, Registro arqueológico, DEA y la Coordinación Nacional de Arqueología.
Asimismo, incluye a 3 representantes de centros regionales y 3 representantes de la comunidad académica. En total, con el presidente del Consejo de Arqueología se conforman 12 integrantes, designados por el Director General del INAH.
OJO CRÍTICO.
Además de recordar que, de acuerdo con la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972, éstos son imprescriptibles e inalienables, Eduardo Matos Moctezuma reiteró que “no se pueden trasladar los objetos arqueológicos, no se pueden exhibir sin el permiso del INAH”.
“Entonces, un poco a raíz de aquello, surge para regular y revisar a otro grupo de gente, el Consejo de Arqueología”, recordó el investigador emérito.
“El Consejo es una entidad, no es una institución. Por la responsabilidad que lleva, sí es importante, y en estos casos más recientes que no fue muy feliz ese aspecto”, añadió.
Por otro lado, el antropólogo hizo algunas observaciones sobre el debilitamiento general de la Cultura en México: a partir de 2017-2018, con el cambio de gobierno, se notó de inmediato que no había un gran interés en los aspectos científicos y culturales, lo cual se manifestó a través de las “restas” a una serie de fondos y medios económico de diversas instituciones.
“Se veía claramente expresado en cómo se mermaba, por ejemplo, a la Academia Mexicana de la Historia, a la Academia Mexicana de la Lengua, a El Colegio Nacional, al INAH y a otras instituciones. A veces casi el 50%, si no un poco más del presupuesto de estas instituciones se veía reducido y repercutió en lo que cada quien tenía que hacer, como investigar, etc.”, indicó
En cuanto a los grandes errores y problemáticas que envuelven al proyecto del Tren Maya, que a diferencia de otros sí ha contado con todo el apoyo económico para llevarse a cabo, apuntó repercusiones a nivel internacional en tres sectores.
“El medio ambiente, las comunidades locales y la arqueología”, enumeró.
Entre las consecuencias, destacó la cada vez mayor participación del ejército, sobre la que expresó “inquietud por lo que está ocurriendo, pues empieza ya a permear de forma significativa en los investigadores, o por lo menos un sector de ellos”, así como desaprobación por la apuesta de los “parques de la memoria”.
“Los parques de la memoria, en realidad, la forma en que eso se hizo no es válida dentro de la arqueología”, señaló.
“El INAH juega allí un papel, se tiene que atender ese aspecto arqueológico del Tren Maya. Sabemos que en ocasiones se desvió la ruta del tren porque había un yacimiento arqueológico, pero en términos generales, sí parece que la afectación estaba dándose en esos tres sectores que he mencionado”.