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*Profesor-investigador del Colegio de Psicología de la Universidad Del Claustro de Sor Juana; Coordinador del Centro de Orientación y Atención Psicológica (COAPSI) de la misma institución. gmoctezuma@elclaustro.edu.mx

El amor de pareja y su relación con los estilos de crianza

Padres Podemos decir que el amor consiste en un encuentro, un proceso en donde de lo que se trata es de dar, y posiblemente, recibir reconocimiento.

El amor es una posición subjetiva frente al otro con relación a la posibilidad de dar y/o recibir reconocimiento. Este reconocimiento lo referimos a las experiencias de sentido y significado vivencial-existencial, afectivo-emocionales, identitarias y de pertenencia a colectivos, erótico-corporales-sexuales, estéticas y espirituales-trascendentales. Proponemos situar al reconocimiento como el acto de discernir la dimensión singular de la persona, ubicándose la misma en un orden de excepcionalidad, siendo posible, o no, que tanto el sujeto-amante como el sujeto-amado entren en una dinámica de reciprocidad; es decir que la experiencia amorosa, en tanto posición subjetiva no necesariamente tendría que darse en el ámbito de la especularidad, cobrando sentido la conocida y repetida frase “amar sin esperar nada a cambio”; es decir que con esta enunciación se alude al “amor no recíproco”. En otras palabras, podemos decir que el amor consiste en un encuentro, un proceso en donde de lo que se trata es de dar, y posiblemente, recibir reconocimiento.

En estrecha relación con la conceptualización que tengamos sobre el amor la mayoría de enfoques de estudio y disciplinas psicológicas reconocen una relación significativa entre las modalidades de expresión del amor, las formas de establecer relaciones de pareja y los estilos de crianza experimentados dentro del contexto del desarrollo infantil.

De manera resumida es posible describir cuatro modalidades básicas de estilos de crianza, las cuales a su vez se relacionan con formas peculiares de establecer relaciones interpersonales en general y, en lo particular, relaciones de pareja.

  1. El tipo yo ideal. Han sido niñas y niños tratadas incondicionalmente desde la admiración y la idealización; sin críticas ni rectificaciones sobre sus acciones y/o actitudes, lo cual propició que crecieran creyendo ser un modelo de perfección ya que “siempre todo lo hacían bien”.
  2. El tipo ideal del yo. Aquí el factor determinante para recibir reconocimiento y aceptación radica en la capacidad del niño o niña de adaptarse y convertirse en lo que se espera de ella; en otras palabras, se encuentran condicionadas a cumplir las expectativas que les imponen con miras a ser el ideal desde la perspectiva del deseo del otro. Aquí también se ubican las personas que han sido sobreprotegidas en tanto el entorno se ha vivido como amenazante y peligroso, obligándoles a obedecer las exigencias impuestas “por su propio bien”.
  3. El tipo inseguro y temeroso. Estas personas lo que recibieron durante la crianza infantil es devaluación, malos tratos y menosprecio, lo cual derivó en que no se haya instaurado el sentido de confianza básica, se definió una representación de sí mismo inferior a los demás teniendo de manera permanente la experiencia subjetiva de no merecer nada bueno ni acorde a su deseo. Es posible que estas personas hayan recibido atención y haberse cubierto sus necesidades materiales, sin embargo, el deseo de ser amado, de ser reconocido y aceptado no fueron tomados en cuenta.
  4. El tipo de apego seguro. Su desarrollo se dio en un contexto familiar estable, recibieron reconocimiento, seguridad y consistencia afectivo-emocional; se forjó y estableció de manera sólida el sentido de los límites y la disciplina compasiva, dándose también la definición de modalidades de comunicación asertiva y segura.

Podríamos señalar cuatro posiciones subjetivas frente a la dimensión de las relaciones interpersonales y de pareja en referencia a las convicciones que el sujeto ha establecido acerca de sí mismo y de las expectativas y fantasías vinculadas al otro dentro del orden de la relación.

  1. Apego seguro: “Estoy bien, tú estás bien”; actitud vital de seguridad, confianza y crecimiento.
  2. Apego ansioso: “No estoy bien, tú estás bien”; actitud vital de dependencia y temor así como de alejamiento. Tipo ideal del yo.
  3. Apego evitativo: “Estoy bien, tú no estás bien”; actitud vital narcisista y autosuficiente procurando que el otro se vaya. Tipo yo ideal.
  4. Apego desorganizado: “Estoy mal, tú estás mal”; actitud vital narcisista vulnerable y victimista ubicándose en un lugar de desesperanza y desánimo. Tipo inseguro y temeroso.

Estas posiciones subjetivas han sido establecidas y puestas en marcha desde la dimensión de la crianza infantil, entendiéndose esta como el ámbito histórico-subjetivo-vivencial además de inconsciente. Este último aspecto (lo inconsciente) lo situamos desde la perspectiva del psicoanálisis lacaniano la cual refiere al mismo en tanto “lo inconsciente es el discurso del Otro”. La condición de sujeto debe contemplarse desde una condición de “inmixión de otredad”, lo que implica que la alteridad y el sujeto son indiscernibles e indiferenciados; partiendo de este hecho es posible comprender toda la serie de fenómenos, actitudes y acciones que se despliegan en el ámbito de las relaciones de pareja en la contemporaneidad relacionados con el término de uso corriente y actual de “toxicidad”. A excepción del tipo de apego seguro, las demás categorías cuentan con los elementos necesarios para que se establezcan dinámicas patológicas, conflictivas y estragantes en el orden de la relación de pareja en donde, tal parece, la historia traumática infantil, el estilo de crianza conflictivo y la posición del sujeto que padeció este tipo de dinámicas violentas se repiten (a veces de manera compulsiva) dándose como resultado relaciones violentas, inseguras, de dependencia patológica, de toxicidad y de innumerables situaciones ajenas a la experiencia amorosa.

Desde nuestra perspectiva, y siguiendo lo que el psicoanálisis nos propone, es necesario que el sujeto identifique, desmonte, cuestione, elabora y resignifique aquella dimensión traumática y conflictiva de su propia subjetividad (la concerniente a la crianza y a la relación de pareja); habría que reelaborar la biografía inconsciente de aquellos mensajes, códigos, imperativos, creencias, etc. que hacen que el sujeto repita en y para el sufrimiento, habría que acceder al orden de la verdad en el plano del trabajo con el sujeto de lo inconsciente y así, de manera auténtica y verídica acceder al orden del amor en el plano de la relación de pareja.

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