
Cada vez es más común escuchar hablar de longevidad. El aumento en la esperanza de vida, los avances médicos y el desarrollo tecnológico han permitido que las personas vivan más años que generaciones anteriores. Sin embargo, detrás de esa cifra existe una realidad poco alentadora: millones de personas pasan la última década de su vida enfrentando enfermedades crónicas, pérdida de movilidad o dependencia para realizar actividades cotidianas.
Para el doctor Javier Coindreau —especialista en medicina de longevidad—, el verdadero reto no consiste únicamente en aumentar la expectativa de vida, sino en reducir el tiempo que una persona pasa enferma antes de morir. Durante una entrevista con La Crónica de Hoy, explicó que la medicina moderna debe evolucionar de un modelo reactivo, enfocado en tratar enfermedades cuando ya aparecieron, hacia uno preventivo, capaz de anticiparse a los principales riesgos para la salud.
“La longevidad habla de cuántos años vivimos; la calidad de vida habla de cómo vivimos esos años. Nadie quiere llegar a los 90 siendo dependiente desde los 72”, resume el especialista.
La enfermedad que puede acabar con tu vida comienza décadas antes
Uno de los mensajes más contundentes de la entrevista es que las enfermedades que finalmente provocan la muerte no aparecen de un día para otro.
Según el especialista, padecimientos como los infartos, la diabetes, algunos tipos de cáncer o las demencias comienzan a desarrollarse muchos años antes de presentar síntomas.
Esto significa que, cuando una persona recibe un diagnóstico, el proceso de deterioro ya llevaba tiempo avanzando silenciosamente.
“La enfermedad que nos va a matar se empieza a formar años, si no es que décadas antes”, advierte.
Esta visión cambia completamente la forma de entender la salud: el mejor momento para actuar no es cuando aparece el dolor, sino mucho antes.
Las cuatro enfermedades responsables de la mayoría de las muertes
Durante la conversación, el doctor señala un dato que considera alarmante. Aproximadamente ocho de cada diez personas fallecen por cuatro grupos de enfermedades:
- Enfermedades cardiovasculares.
- Diabetes y sus complicaciones.
- Cáncer.
- Demencias.
Lo más importante, explica, es que gran parte de estos padecimientos pueden prevenirse o detectarse en etapas tempranas mediante cambios en el estilo de vida y revisiones médicas oportunas.
Como ejemplo menciona el cáncer colorrectal, uno de los más letales, pero también uno de los que presenta mayores probabilidades de curación cuando se diagnostica de forma temprana.
¿Qué estamos haciendo mal como sociedad?
Para el especialista, el problema no es únicamente médico.
Existe un componente cultural que lleva a muchas personas a buscar atención únicamente cuando los síntomas ya son evidentes.
“Vivimos una medicina resolutiva: acudimos al médico cuando algo duele o cuando ya existe una enfermedad. Somos muy buenos resolviendo problemas agudos, pero seguimos teniendo enormes retos para prevenir los padecimientos crónicos”, explica.
También cuestiona que los sistemas de salud y los seguros médicos continúen destinando muchos más recursos al tratamiento que a la prevención.
Los cuatro hábitos que realmente ayudan a vivir más
Contrario a lo que suele promoverse en redes sociales, el especialista asegura que el mayor impacto sobre el envejecimiento no proviene de medicamentos ni tratamientos exclusivos.
Las intervenciones con mayor respaldo científico son cuatro:
Ejercicio físico
Especialmente el entrenamiento de fuerza y el desarrollo de masa muscular.
El músculo, explica, funciona como uno de los órganos metabólicos más importantes del cuerpo y ayuda a disminuir el riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo y pérdida de independencia.
Alimentación
No se trata únicamente de reducir calorías.
Una buena nutrición incluye suficiente proteína para conservar músculo, grasas saludables y una microbiota intestinal equilibrada, factores que influyen directamente en el metabolismo y el sistema inmunológico.
Dormir bien
Durante el sueño profundo el organismo repara tejidos, mientras que en la fase REM el cerebro elimina proteínas relacionadas con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Dormir pocas horas de manera crónica puede acelerar estos procesos.
Salud emocional y relaciones sociales
La soledad también enferma.
El especialista recuerda que las llamadas “zonas azules” —regiones del mundo donde viven más personas centenarias— comparten una característica: comunidades con fuertes vínculos sociales y una vida activa junto a familiares y amigos.
Los suplementos no son la respuesta
Uno de los apartados más críticos de la entrevista está relacionado con el auge de los suplementos y tratamientos “antiaging”.
El doctor afirma que gran parte de los productos promocionados en redes sociales carecen de evidencia científica sólida y, en muchos casos, representan un gasto innecesario para los pacientes.
Incluso cuestiona terapias como algunos sueros intravenosos antioxidantes o el uso indiscriminado de cámaras hiperbáricas con fines de longevidad, ya que actualmente no existe evidencia concluyente que respalde esos beneficios.
Otro de los avances que destaca es la incorporación de inteligencia artificial para analizar biomarcadores y detectar patrones imposibles de identificar para el ojo humano.
Como ejemplo cita estudios donde sistemas de IA lograron detectar señales tempranas de cáncer de mama hasta cuatro años antes que algunos especialistas mediante el análisis de mastografías.
Considera que esta tecnología permitirá personalizar cada vez más la prevención y el seguimiento médico.
Nunca es tarde para empezar
Aunque reconoce que actuar temprano siempre ofrece mejores resultados, insiste en que modificar los hábitos tiene beneficios a cualquier edad.
Reducir peso, mejorar la alimentación, dormir mejor o comenzar un programa de ejercicio puede disminuir significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas incluso después de los 60 años.
“El beneficio no es solamente para cuando tengas 80 años; empiezas a sentirte mejor desde las primeras semanas”, concluye.