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La psicóloga coordina el conversatorio “El aumento de las drogas sintéticas en México”, que se llevará a cabo este lunes a las 18 horas en El Colegio Nacional

“Drogas y sociedad” (fragmento), de María Elena Medina-Mora

Científica destacada María Elena Medina-Mora es miembro de El Colegio Nacional. (ECN)

En este trabajo presento una breve revisión de lo que se ha avanzado en el conocimiento del problema, incluyo el producto de poco más de 30 años de mi trabajo de investigación en este campo y también del de mis colegas y colaboradores, para ellos y para mis alumnos un especial reconocimiento.

En este desarrollo ha jugado un papel fundamental la existencia de instituciones que han favorecido un trabajo ininterrumpido de investigación. Mi agradecimiento a sus directores y a los encargados de la política en la materia, que han creído en el valor de la información sin abandonar una reflexión crítica, motor del avance del conocimiento, al Instituto Nacional de Psiquiatría, a la UNAM, al Conacyt, y a los organismos que han financiado mis proyectos.

No dejo de reconocer también el trabajo realizado por otras instituciones, con muchas de las cuales hemos trabajado en red, colaboración que ha enriquecido de manera importante mi trabajo, reciban mi reconocimiento a sus contribuciones y mi agradecimiento por haber permitido la colaboración [...] El tema, drogas y sociedad, ha sido el eje de mi trabajo, está en el centro del análisis internacional; hay consenso sobre la necesidad de atender el problema con políticas firmes de Estado pero se discuten los caminos para reducir sus costos.

Su abordaje es difícil porque quizás, como ningún otro tema, está rodeado de ideología, juicios de valor, posiciones de poder, que se constituyen en barreras en la búsqueda de mejores respuestas; su estudio desde una perspectiva científica ha sido mi compromiso.

Me interesaron siempre los problemas que se ubican en la frontera entre lo individual y lo social, encontré en las adicciones un tema que me permitía estudiar esta interacción y en la propuesta psicosocial del doctor De la Fuente, un modelo que, y cito textual, “permitía transitar entre lo biológico, lo psicológico y lo social; el organismo, la personalidad, el grupo, la sociedad y la cultura vistos en interacción recíproca continua”.

El abuso de drogas en nuestro país ha adquirido una visibilidad creciente; sin embargo, prevalece una confusión importante sobre la naturaleza del problema y sobre las mejores respuestas.

Los avances en la investigación proveniente de diferentes disciplinas han incrementado sustancialmente nuestra comprensión de los efectos de las drogas y de sus interacciones con factores propios del individuo y de su entorno sociocultural.

Sabemos que las adicciones son una enfermedad del cerebro y que a pesar de que cada tipo de droga tiene un mecanismo de acción farmacológico propio, todas activan el sistema mesolímbico dopaminérgico que es el circuito motivacional, es decir, producen efectos placenteros en el individuo que las consume lo que refuerza la conducta y sienta las bases para que las personas que han experimentado sus efectos, las usen repetidamente; esta conducta junto con interacciones complejas de factores psicológicos, neurobiológicos y sociales, explican el desarrollo de la dependencia.

También sabemos que el impacto colectivo no es una función directa del número de usuarios o de personas que han desarrollado dependencia, ni aun de la severidad de la misma, median factores derivados del tipo de droga, depresora o estimulante, de las políticas públicas que impactan sus precios y determinan si son difíciles o fáciles de adquirir y del contexto social global como por ejemplo si se trata de sociedades orientadas al uso de la violencia, incluyendo la utilización de armas, para dirimir conflictos.

Sin embargo a pesar del avance de la ciencia, en la discusión sobre las políticas públicas, con frecuencia se dejan a un lado las diferencias entre las distintas sustancias y su grado de peligrosidad; se asume también que todas las personas que consumen son iguales cuando en realidad hay importantes variaciones genéticas y de desarrollo que hacen a unos individuos más vulnerables que otros para experimentar con drogas y para desarrollar dependencia; se olvida el papel del contexto en el que interactúan las drogas con los individuos y se opta por dejar fuera del debate consideraciones sobre las consecuencias positivas y negativas asociadas tanto con el consumo de distintas sustancias como con las respuestas sociales y con las políticas públicas.

¿CUÁL ES EL PROBLEMA AL QUE NOS ENFRENTAMOS?

El problema de las adicciones como lo conocemos hoy en día, tiene sus orígenes en la primera mitad del siglo pasado, cuando se promueve el cultivo de opio para un mercado afectado por las heridas de guerra y necesitado de drogas para manejo del dolor.

Los avances científicos habían logrado sintetizar una sustancia a partir de la morfina, a la que denominaron heroína porque consideraban que resolvería la necesidad de productos analgésicos en los campos de batalla. Pronto se hizo evidente que el potencial adictivo de esta sustancia era mayor y pasó a la lista de sustancias controladas.

Una parte de los enfermos a los que se suministró este producto desarrollaron dependencia y buscaron drogas en el mercado ilegal, los jóvenes de países con la tradición ancestral de fumar opio, cambia ron a la heroína, en forma inhalada o inyectada; el incremento de la demanda mundial que siguió a éstos y otros eventos, estimuló la producción de opio y heroína, sus consecuencias el tráfico ilícito y la corrupción. México entendió el riesgo potencial e inicia campañas de destrucción de plantíos. A pesar de esto, el país se integra en forma, al grupo de países productores ilegales de drogas después de la reducción del cultivo de opio en el sureste de Asia. Como hemos visto suceder a lo largo de los años, ante la reducción de una fuente de abastecimiento, los traficantes buscan nuevos horizontes. México representaba varias ventajas, distribución local, frontera con un importante mercado, clima, lugares aislados, pobreza; junto con Colombia produce el 5% de la disponibilidad mundial y nuestro país es uno de los cinco países que hoy en día cultivan opio de manera ilegal.

A pesar de la disponibilidad de drogas en México, la demanda se mantuvo por un tiempo considerable en un bajo nivel. Aún, hoy en día, los índices de consumo son comparativamente menores a los que se reportan en otros países de la región y en los países más desarrollados.

Hacia la mitad del siglo pasado había un uso restringido en pequeños grupos, la mariguana era consumida por grupos marginales, la cocaína por grupos sofisticados y la heroína por grupos remanentes del fenómeno de la posguerra.

Por influencia marginal del movimiento Hippie la mariguana cambia de estatus y se convierte en un símbolo de rebelión entre la población joven de todas las clases sociales, es actualmente la droga de mayor uso en México y en el mundo. El abuso de heroína también ha mostrado importantes oscilaciones con periodos de mayor demanda de tratamiento y periodos de aparente disminución.

Su consumo se ha observado preponderantemente en poblaciones que viven en la frontera norte del país, pero existen brotes preocupantes en otras entidades. El panorama cambia a finales de la década de los 1980’s, con el ingreso de la cocaína al mercado nacional. Esta sustancia se intercambia por droga y no por dinero como ocurría cuando la producción y tráfico buscaban principalmente los mercados internacionales; en la ampliación de un mercado local se buscan introductores, especialmente entre los jóvenes quienes mantienen su consumo a través de la venta de sustancias entre sus pares.

Cartelera ECN Exposición en El Colegio Nacional.

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