
Pese a los festejos entre los asistentes al G7 en Francia y por la expectativa que generó la presencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump autoconsiderado como el protagonista de la fiesta, después de firmar junto a Irán el protocolo de los acuerdos para poner fin a la guerra sostenida durante cuatro meses, los bombardeos sobre Líbano continuaban. Alrededor del 17 de junio mientras firmaba, 120 libaneses fueron abatidos en la Bekaa. Pese a que, en el protocolo firmado con 14 puntos, destaca el del “cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido Líbano”.
La serie de intenciones hecha de prisa tuvo como propósito lograr lo único que le importaba: la liberación del estrecho de Ormuz. El arma más poderosa de Irán, había funcionado como para restar importancia a otros graves problemas. Como estaba previsto, no hay sino vagas intenciones respecto al asedio que vive Líbano de parte de la armada israelí, por más presiones de Trump sobre el primer ministro Benjamín Netanyahu quien, según el estadounidense, ha puesto en riesgo los avances para alcanzar el alto al fuego en la región. Aunque también advirtió que castigará cualquier agresión que ponga en riesgo a la población de Israel, sin importar que su ejército no pare ni en Líbano, ni en Gaza y el asedio de los colonos palestinos continúe en Cisjordania.
Allí están los bombardeos constantes impuestos a Líbano, como suceden desde el 6 de septiembre de 2024, en lo que se considera, la sexta invasión a Líbano, aunque prevalece la narrativa que la ofensiva actual comenzó con el lanzamiento de 2 cohetes de Hezbolá hacia Israel el 2 de marzo de este año. Lo que sí se dio en esta fecha fue una escalada en la que han muerto hasta ahora 4 mil libaneses y han quedado heridos cerca de 12 mil, según el ministerio de Salud. Sólo en los últimos tiempos la muerte se salda en más de 20 libaneses al día. Tal parece que se sigue la consigna impuesta por el general Yehuda Vach en Gaza hace años para calificar al otro: “no hay civiles, cada uno es un terrorista”.
El diario “Haaretz”, publicado en Israel, ha venido dando cuenta de esa narrativa que ha nutrido Meir Kahane, nacido en Estados Unidos e inmigrado en Israel en 1971, dando origen a una corriente que se deriva de su nombre: el kahanismo, y propaga el derecho exclusivo de los judíos sobre el territorio palestino. Un dato que llama la atención es que fue arrestado en 62 ocasiones por la policía israelí por involucrarse en hechos violentos y él mismo fue asesinado.
Para vengar su muerte, uno de sus adeptos mató a 298 musulmanes y dejó heridos a 125 el 25 de febrero de 1994 en la Cueva de los patriarcas en Hebrón; episodio que viene a cuento porque bajo esa influencia crecieron los ministros Itamar Ben-Gvir en Seguridad Nacional y Bezael Smotrich en Finanzas y la gestión de las colonias judías en territorios palestinos. Hace unos días en ese mismo lugar donde, según la tradición religiosa se unen judíos, cristianos y musulmanes, reposan los restos de las parejas de Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, Jacobo y Lea, en la mezquita llamada de Ibrahim. El lugar fue tomado por los seguidores del Partido Sionista Religioso, alentado por los ministros mencionados para separarlo de la administración de Hebrón en Cisjordania. Por lo demás se trata de una ciudad Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, el tercero que ostenta Palestina. Los colonos que han sido empoderados por Netanyahu, toman lo que los judíos conservadores consideran les pertenece, tierras, construcciones, aun las dedicadas a escuelas y clínicas. Y en los sitios emblemáticos se apuran a colocar la bandera israelí violando la soberanía de otros países.
Smotrich y Ben Gvir no están solos, forman parte del partido que cuenta con el 11 por ciento de los sufragios, con 14 sitiales de los 120 que tiene la Knesset o Parlamento con un peso político más representativo que significativo, porque Netanyahu no puede prescindir de esa minoría por la posición que ocupa el Likud, la organización que le apoya, y las elecciones serán en el próximo otoño.
Esta es la razón por la que Netanyahu les da carta blanca para sus acciones que aún, consideradas delictivas les permite y continúan actuando como les viene en gana, pese al protocolo que han firmado Irán y Estados Unidos. En el que, por lo demás, Israel resulta el más beneficiado de la paz con Irán, el país que ha librado la guerra con dos de los ejércitos más poderosos del mundo y ha resistido para emerger con un nuevo gobierno, no el que se creyó podía desplazar al de los ayatolas, sino uno más moderno, más fuerte y con más empatía en otros países.
El anuncio del protocolo no impidió que Israel continúe bombardeando el sur de Líbano, haciendo sufrir a los habitantes de Tiro, Nabatiye y la Bekaa, ahora sin agua y sin electricidad, rodeados de bosques en llamas y tierras arrasadas. Mantiene ocupada parte del país, incluida la riqueza del agua del río Lítani y de la que escurre del Monte Hermón. Y, pese a todo, no se escuchó alguna propuesta de sanción para Israel. Por eso los pobladores entre los escombros de lo que fueron sus viviendas, priva el agradecimiento a Irán si cuando menos ha aminorado los bombardeos que les permiten regresar a sus viviendas, aunque no sepan por cuánto tiempo. Cuentan que también temen a los ceses al fuego porque luego, los ataques son más fuertes.

Asimismo, Nasim Kassem, el secretario general de Hezbolá, agradeció por carta al principal negociador iraní, el presidente del Parlamento, Mohammed Bagher Ghalibaf, “su profunda gratitud por las posiciones firmes y el apoyo brindado a Líbano”, según Al-Manar, el medio de difusión del partido. También agradeció al gobierno de la República islámica de Irán en la persona del secretario de Asuntos extranjeros Abbas Araghchi, por su “apoyo a la justa causa, de la resistencia y de los oprimidos”, insistiendo en el retiro de las tropas israelíes del sur de Líbano. También asumió el compromiso de que no abandonará ese propósito en la próxima ronda de negociaciones en la que se pretende llegar a un acuerdo sobre el tema nuclear que, según Irán y Estados Unidos no se concluirá hasta que Israel se retire de Líbano.
Sin embargo, pese a todas las propuestas, las negociaciones de Estados Unidos, Irán, Líbano, Qatar y Pakistán, quedó fuera Israel, aunque según el vicepresidente J. D. Vance, no el ejército israelí. No mencionó que ya en noviembre de 2024 se estableció un alto al fuego semejante entre Israel y Líbano, sin que logre despejarse el camino hacia la paz. La posición ambigua de Israel se mantiene por la arrogancia de Netanyahu que insiste en que Israel tiene plena libertad de acción.
En sus palabras: “La directiva que el ministro de la Defensa y yo hemos dado a las FDI es clara y no ha cambiado: nuestras fuerzas en el sur del Líbano tienen plena libertad de acción para neutralizar cualquier amenaza directa o emergente, contra ellas o contra los residentes del norte de Israel. Las FDI no enfrentan restricciones al respecto”, concluyó enfático, según el canal 12 de la TV israelí. Y el aludido Israel Katz, titular de las FDI, fue más lejos, al afirmar que “ni siquiera si Estados Unidos lo exigiera” saldrán de Líbano.