
Este título es una de las consignas de la manifestación organizada por el partido judío-árabe Hadash-Ta´al, y por la Coalición de Asociación de Paz y otros grupos, en la que también se mostraba otro cartel: Exportamos el genocidio desde aquí mismo. El lugar aludido no es otro que Tel Aviv, en Israel, donde el 25 de julio salieron a la calle cerca de 3 mil manifestantes para protestar por la muerte de cuatro palestinos y dos israelíes cerca de la aldea de Til, a resultas de un enfrentamiento el 24, un grave hecho no aclarado por las autoridades, en el que se liaron a golpes los contendientes antes que salieran a relucir las armas que dejaron heridos a otros palestinos que fueron trasladados a un hospital en Nablus, de donde el ejército acudió para sacar a dos de ellos, uno de gravedad.
Es el resultado de la violencia que los colonos judíos han venido provocando en pueblos de Cisjordania en las últimas semanas, calificada como el terror desenfrenado que no ha sido frenado ni por la policía ni por el ejército de Israel. En cambio, los manifestantes acusaron a los cuerpos represivos de actuar con fuerza brutal contra los ciudadanos israelíes, agrediéndolos y arrestándolos sin razón, confiscándoles sus megáfonos, cámaras y otros instrumentos para reportear los acontecimientos.
El ambiente está tenso por la ola de enfrentamientos entre colonos judíos ultraconservadores y palestinos que se han saldado en un buen número de muertos. Esa es la razón por la que los opositores han acusado al primer ministro Netanyahu y al ministro de Defensa Katz por el deterioro de la seguridad en el país, porque están convirtiendo a Cisjordania en un barril de pólvora previamente a las elecciones del próximo 27 de octubre. Se afirma que decenas de manifestantes mostraron su oposición frente a la residencia del primer ministro, a lo cual el diario Haaretz informó que había mudado de domicilio a un sitio aún sin localizar.
El asedio de Israel sobre Cisjordania se ha endurecido, confiscando las viviendas de los palestinos, sus escuelas, sus fuentes de agua y sus cosechas, inutilizando sus terrenos de cultivo, utilizando a los colonos judíos que avanzan sin poder alguno que los contenga. Al contrario, el Estado parece animarlos para continuar ocupando tierras y en su avance se han apoderado ya del 60 por ciento del territorio de Cisjordania. Su acción es animada por el ministro de Finanzas, quien también es líder del Partido Sionista Religioso y encargado de los asentamientos Bezael Smotrich, que ha prometido la construcción de 12 mil nuevas viviendas en las colonias ilegales según el derecho internacional. Y el gobierno ha destinado para tal fin un presupuesto de 2 mil 300 millones de euros. Mientras Israel se niega a cubrir los gastos de todo lo que ha venido destruyendo en Cisjordania, en Gaza y en Líbano.
Siguieron de inmediato varios ataques de colonos contra otras localidades palestinas, y el primer ministro amenazó con una respuesta “muy dura” y pidió al ejército una “amplia” operación en Cisjordania. Además, anunció nuevos asentamientos y castigos colectivos, como si no formaran parte de escenario que se vive desde hace tiempo.
Una de las imágenes más comprometedoras desde el inicio de este proceso es la que muestra a Smotrich el 16 de junio encabezando a un grupo de colonos en el monte Tarousa, cerca de la villa de Dura, colocando la bandera de Israel en un alto mástil para ser vista desde todas partes. Según la ONG israelí por la paz, esas acciones se realizan en el norte del territorio de Palestina en Cisjordania ocupada desde 1967, azuzados por el ministro para quien, según es escribió en X: “se trata de una nueva etapa en la revolución de las implantaciones que llevamos a cabo en Judea-Samaria” (como el movimiento religioso designa a ese territorio).
Todo esto es alentado por el gobierno de Netanyahu para reforzar su alianza con la derecha ultranacionalista debido a la posible pérdida de votos en la Knesset en las elecciones generales. Lo cual significaría su caída y su esperada rendición de cuentas pendientes que van desde acusaciones de corrupción, hasta las más graves de impedir dar a conocer la información y el resultado de las investigaciones independientes de lo ocurrido con el asalto terrorista de Hamas del 7 de octubre de 2023.
Desde que Netanyahu asumió el gobierno ha aprobado, sin contar Jerusalem Este, la creación de 102 colonias en Cisjordania, en donde viven, según diferentes cálculos entre 500 y 600 mil colonos en medio de 3 millones de palestinos. Todos los gobernantes han seguido esta política desde 1967, cuando comenzó el problema ante la mirada impávida de la ONU y de otros países, incluidos los árabes, que no pusieron ningún empeño en detener el principal obstáculo que se estaba construyendo contra la existencia de un Estado Palestino.
Periodistas, fotógrafos, cineastas y artistas han dejado testimonios que muestran al mundo lo que ocurre en Cisjordania sin más reacciones que las de lamentar las constantes agresiones y la destrucción para dejar los terrenos baldíos donde surgen los nuevos asentamientos como también se diseñan actualmente en Siria y en Líbano. En los primeros 6 meses de este año han muerto 87 palestinos, de los cuales 21 resultaron de las acciones de los colonos con ataques que han aumentado 76 por ciento en el mismo lapso. Además, surgen otras formas de humillación contra los palestinos porque ante las necesidades, son empleados para trabajar en los nuevos asentamientos, en las granjas y en las industrias que allí se implantan. El golpe es mayor cuando debido a los enfrentamientos, se les niega el acceso a los trabajos que allí desempeñan o son despedidos según nuevas expresiones de la deshumanización.
Las diferencias con las que son tratados judíos y palestinos en los territorios evidencian que Israel ha construido un Estado de apartheid donde priva la desigualdad, algo contrario que niega el discurso oficialista que lo ostenta como la democracia perfecta de Medio Oriente. Hay que recordar que, además de las brutales condiciones sociales que impone el país ocupante, la mayoría de los palestinos que viven en Israel no pueden votar, y algunos de los ciudadanos palestinos que pueden hacerlo opinan que lo harán porque es una herramienta para sobrevivir, aunque no creen que por eso Israel sea una democracia.