
Cuenta la leyenda que la Hidra de Lerna era un monstruo de nueve cabezas. Cada vez que Hércules le cortaba una, brotaban dos nuevas en su lugar. Algunos árboles parecen haber adoptado la misma estrategia.
La dominancia de las yemas terminales o apicales hace que los árboles crezcan rectos, erguidos, lo que les facilita alcanzar la parte superior del dosel, donde les da el sol más directamente. Las plantas leñosas pueden perder sus ramas superiores por daño mecánico causado, por ejemplo, por la caída de otra rama o tronco, una tormenta, granizada fuerte o el ataque de insectos que devoran madera y corteza. Las especies que no pueden rebrotar simplemente se secan y mueren.
Pero, en relativamente pocas especies de árboles, la eliminación de esa dominancia (top-kill disturbance o perturbación por muerte de la parte aérea) hace que otro tipo de yemas “despierten” de su letargo y comiencen a desarrollarse desde su sitio de origen, cerca de la médula o corazón o centro del tronco: se llaman yemas epicórmicas y son la alternativa que presentan algunas plantas leñosas para recuperarse del daño.
El níspero (Eriobotrya japonica) es uno de esos árboles. Cuando se corta su tallo o tronco, responde produciendo numerosos brotes nuevos. Si estos se eliminan, aparecen más rebrotes. Esta extraordinaria capacidad de rebrote favorece su invasión y persistencia en los ecosistemas, convirtiéndolo en un obstáculo serio para la restauración ecológica de áreas naturales como el bosque de niebla.
Durante varios años hemos estudiado este fenómeno mediante observaciones y experimentos en campo, jardín e invernadero. Los resultados son sorprendentes: tras el corte de la parte superior, las nuevas yemas aparecen en menos de un mes y producen numerosas ramas cerca de la zona dañada.
La evidencia se encuentra bajo el microscopio
La explicación parece encontrarse en las “yemas epicórmicas”, estructuras latentes que permanecen ocultas dentro del tallo desde etapas tempranas del desarrollo de la planta. Estas yemas pueden permanecer dormidas durante años, esperando una señal que active su crecimiento.

Figura 1.
Origen de las yemas epicórmicas en una planta leñosa.
Al cortar la parte superior de una planta, se inician una serie de cambios fisiológicos y anatómicos en el resto de ella, lo que conduce al desarrollo de una nueva yema, que se mantuvo latente mientras la planta estaba intacta. Estos cambios fisiológicos son principalmente hormonales. Se pierde el efecto inhibidor de hormonas vegetales como las auxinas, que dan lugar a la “dominancia apical” de la yema más joven.
Los cambios anatómicos se pueden observar en el laboratorio por medio de técnicas especializadas, haciendo cortes delgados de los tallos y tiñéndolos. Los cambios más notables se encuentran en los radios de la madera, o células vivas de la madera, conocidas como parenquimáticas. En tallos dañados observamos que ciertos radios parenquimáticos se expanden desde la médula hacia la corteza, formando una conexión con las nuevas yemas. Al mismo tiempo, se acumulan grandes cantidades de almidón que es la reserva energética que alimenta el desarrollo de los nuevos brotes.
En el níspero, estos radios pueden pasar de una sola célula de ancho (Figura 1A) a 38 y 40 células de ancho (Figura 1D). En la Figura 1A se observan los grupos radiales de células parenquimáticas que se forman en el árbol intacto. Después de un tiempo de haber sufrido el daño, estos grupos radiales aumentan considerablemente (Figura 1D), hasta dar origen a un primordio, que se desarrollará en una nueva rama. Esta notable reorganización anatómica proporciona la energía y la estructura necesarias para que surjan nuevas ramas una y otra vez.
Así, la capacidad de rebrote del níspero no es magia ni mito: es el resultado de yemas ocultas en el centro del tallo y reservas de energía cuidadosamente almacenadas. Estos cambios anatómicos van acompañados de una acumulación de granos de almidón. El almidón o carbohidratos son la fuente de energía para el desarrollo de esos nuevos brotes y la perpetuación de producción de ramas de la “Hidra del Níspero”.

* Red de Ecología Funcional, INECOL