
La Reserva de la Biosfera Sierra Manantlán ubicada en los estados de Jalisco y Colima, al occidente de México, se caracteriza por una alta heterogeneidad de la vegetación, que resulta de su topografía, con amplios gradientes altitudinales y la convergencia de condiciones climáticas templadas y cálidas. En las zonas bajas predominan las selvas bajas caducifolias y subcaducifolias, mientras que las zonas altas se desarrollan bosques de encino, de pino-encino, bosque mesófilo de montaña (un bosque en peligro de extinción en México) y en las partes más altas bosques de ciprés (género Cupressus). Este conjunto de comunidades vegetales y características topográficas, altitudinales e históricas convierte a la Sierra de Manantlán en un paisaje dinámico, capaz de sostener una gran riqueza biológica y procesos ecológicos complejos, incluyendo la coexistencia con los humanos y convivencias entre los felinos silvestres, animales elusivos, pero imponentes y fascinantes para los humanos.
La Sierra de Manantlán es casa de todos los felinos con distribución en México; el jaguar (Panthera onca), el puma (Puma concolor), el ocelote (Leopardus pardalis), el tigrillo (Leopardus wiedii), el yaguarundí (Herpailurus yagouaroundi) y el gato montés (Lynx rufus). Desde los grandes y majestuosos felinos como el jaguar y el puma, que son los depredadores tope por ocupar la cima de las cadenas tróficas, hasta los mesodepredadores de tamaño mediano y pequeño, como el ocelote, el gato montés, el yaguarundí y el tigrillo, que en conjunto son fundamentales en el equilibrio de los ecosistemas de la Sierra de Manantlán.
La abundancia de las poblaciones de los felinos silvestres permite ecosistemas funcionales y de mayor biodiversidad. Por el contrario, la disminución drástica de sus poblaciones desencadena efectos en cascada que resultan en aumento de algunas especies presas, que a su vez aumentan el conflicto con humanos. Por ejemplo, algunas presas que forman parte de la dieta de los felinos, como roedores y lagomorfos (liebres y conejos), pueden consumir cultivos agrícolas cuando sus poblaciones aumentan. Otras especies de mayor tamaño, como el pecarí o el venado, pueden ocasionar daños en parcelas y sembradíos. Cuando los felinos regulan estas poblaciones, contribuyen indirectamente a reducir esos impactos. En contraste, cuando disminuyen las presas silvestres disponibles, algunos felinos pueden depredar animales domésticos, como ganado bovino en el caso del jaguar y el puma, o aves de corral en el caso de los felinos más pequeños. Además, el aumento de ciertas especies, como los roedores, puede representar un riesgo para la salud humana al actuar como potenciales reservorios de enfermedades. Por ello, los felinos son importantes para la conservación de los ecosistemas, la reducción de conflictos entre las personas con la fauna silvestre, y el bienestar humano. Su protección debe ser una prioridad colectiva, ya que brindan servicios ecosistémicos clave, como la regulación de poblaciones, y además han ocupado un lugar central en la cosmovisión y cultura de México desde tiempos prehispánicos.
La presencia de estos astutos y silenciosos depredadores suele pasar desapercibida para quienes visitan o habitan la Sierra de Manantlán. Sin embargo, la convivencia de las seis especies de felinos silvestres de México es posible debido a que no usan el territorio ni los horarios de la misma manera. En términos simples, los felinos evitan encontrarse con otros que podrían cazarlos, ya sea utilizando distintos sitios o, cuando comparten un mismo espacio, activándose en horarios diferentes. Por ejemplo, en la Sierra de Manantlán el jaguar es principalmente nocturno, mientras que el puma, aunque utiliza áreas similares, reduce la coincidencia directa al presentar una actividad parcialmente diurna, aprovechando los periodos en que el jaguar descansa.
Además de evitarse en el tiempo y en el espacio, las diferencias en la dieta permiten que las seis especies de felinos puedan convivir en la Sierra de Manantlán. El jaguar y el puma, los felinos de mayor tamaño, se alimentan principalmente de presas grandes y en esta región el jaguar se caracteriza por comer con mayor frecuencia al pecarí de collar (Dicotyles tajacu), mientras que el puma caza sobre todo al venado cola blanca (Odocoileus virginianus). El gato montés, por su parte, evita a todos los felinos y suele ocupar zonas cercanas a áreas habitadas por humanos, donde se alimenta principalmente de presas de tamaño mediano como conejos y liebres. El ocelote, activo durante la noche y el crepúsculo combina hábitos terrestres y arbóreos, y su dieta se basa en pequeños mamíferos y aves. En contraste, el tigrillo y el yaguarundí, los felinos más pequeños de la región, se evitan de maneras distintas: el tigrillo pasa gran parte del tiempo en los árboles, aprovechando el dosel para cazar aves, ardillas y otros animales arborícolas, mientras que el yaguarundí es principalmente diurno y se desplaza por el suelo, donde caza pequeños vertebrados como redores, serpientes y lagartijas.
A diferencia de muchos otros mamíferos, los felinos son extremadamente difíciles de observar en vida libre. Son animales sigilosos, silencioso y expertos en pasar desapercibidos. Además, sus horarios rara vez coinciden con los nuestros: mientras las personas caminan por el bosque o la montaña durante el día, muchos felinos descansan, y cuando ellos están activos, generalmente por la noche, nosotros dormimos en casa. Por eso, aunque nos gustaría verlos, los encuentros directos son muy poco frecuentes. Para estudiarlos sin molestarlos, los investigadores utilizan cámaras trampa y otros métodos indirectos que permiten conocer su presencia y comportamiento sin necesidad de observarlos directamente.
Por ejemplo, sabemos que los felinos están presentes gracias a los sus rastros que dejan a su paso, como huellas, rascaderos y restos de presas. También podemos conocer que comen mediante la revisión de sus heces. El tamaño y la forma de las huellas y de las heces, para ojos bien entrenados, permiten identificar en muchos casos a que especie de felino corresponden. Asimismo, el análisis del contenido de las excretas proporciona información sobre su dieta, a partir de la identificación de restos alimentarios como pelo, dientes, huesos, plumas o escamas. Esto hace posible comparar la alimentación entre especies, entres distintas temporadas y entre tipos de vegetación, así como evaluar los efectos de la actividad humana sobre estos depredadores. En años recientes, técnicas sofisticadas basadas en el análisis de ADN permiten identificar con mayor precisión la especie, el sexo e incluso al individuo al que pertenece una excreta, ampliando notoriamente nuestro conocimiento sobre estos sigilosos animales.
El uso de cámaras trampa permite confirmar con certeza la presencia de todas las especies de felinos en la Sierra de Manantlán. Estos dispositivos, se colocan estratégicamente en el campo y se activan por movimiento y la emisión de calor corporal, capturando fotografías y videos. Gracias a estos registros es posible identificar las especies e incluso reconocer distintos individuos a partir de patrones únicos de manchas, como ocurre en el jaguar, ocelote, tigrillo y gato montés. Además, las cámaras trampa permiten conocer a qué hora están activos, que tipo de bosques utilizan con mayor frecuencia y revelar comportamientos poco conocidos o difíciles de observar directamente, como la interacción entre individuos, la presencia de crías o la emisión de sonidos. De esta forma, se convierten en “testigos silenciosos” de la vida secreta de estos depredadores.
El uso combinado de estos métodos ha permitido obtener información clave sobre la convivencia de los felinos en la Sierra de Manantlán, revelando la forma en que se desplazan, se evitan para compartir el paisaje sin necesidad de encontrarse. Este conocimiento es fundamental diseñar estrategias de conservación más efectivas y promover la coexistencia entre felinos y comunidades campesinas que habitan la región.
El principal conflicto entre las personas y los felinos en la región está relacionado con tres factores interconectados: la pérdida y fragmentación del hábitat, la depredación de animales domésticos y la cacería ilegal. La destrucción del bosque modifica la disponibilidad de presas: mientras algunas especies pequeñas, como ciertos roedores, pueden aumentar en ambientes perturbados, las presas de mayor tamaño suelen disminuir, lo que puede llevar a los grandes felinos a depredar ganado, especialmente cuando existe un manejo inadecuado de la ganadería extensiva. En el caso de los felinos de menor tamaño, los conflictos suelen estar asociados al manejo deficiente de los recintos nocturnos para aves de corral. A ello se suma la cacería, una actividad ilegal que agrava los problemas de coexistencia y compromete la conservación de estos depredadores en la región.
La presencia de las seis especies de felinos silvestres en la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán es un verdadero tesoro natural. Refleja el buen estado de conservación de la región y demuestra que, aun cuando existen conflictos, la coexistencia entre felinos y las personas es posible. Para que esta relación sea duradera, es necesario seguir trabajando y adaptando estrategias que ayuden a prevenir y mitigar los conflictos.
Conservar a los felinos es fundamental porque cumplen un papel indispensable en los ecosistemas, favorecen la biodiversidad, aportan beneficios a la salud pública y forman parte de nuestra identidad cultural. Pero también hay una razón sencilla y poderosa: nos gustan. Ver a uno de estos animales, aunque sea a través de una cámara trampa, provoca asombro y admiración, y nos recuerda lo extraordinaria que es la naturaleza que aún habita en Manantlán.
En la RBSM, la diversidad de hábitats y las diferencias en actividad y dieta permiten la convivencia de las seis especies de felinos del país. Fortalecer su conocimiento ecológico y compartirlo con la sociedad es clave para construir una coexistencia sostenible entre las comunidades humanas y estos depredadores emblemáticos de México.
Therya ixmana 5(2):74-76
https://mastozoologiamexicana.com
Departamento de Ecología y Recursos Naturales, Centro Universitario de la Costa Sur, Universidad de Guadalajara. Autlán de Navarro. Jalisco, México.
ursus.americanus.sp@gmail.com (LAA-H), juan.esparza@academicos.udg.mx (JPE-C) liniguez@academicos.udg.mx (LII-D)
*Autor de correspondencia