El incremento continuo de la temperatura global, provocado principalmente por la quema de combustibles fósiles, ha intensificado el cambio climático y obliga a la comunidad científica a buscar alternativas sostenibles que permitan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para mitigar sus impactos ambientales.
Por esta razón, Alfredo Guevara Lara, profesor investigador del Área Académica de Química del Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería (ICBI) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), desarrolla el proyecto “Obtención de diésel verde a partir de un proceso de hidroconversión de aceite de soya”.
La idea es transformar el aceite de soya, especialmente el que ya fue usado y que normalmente se desecha, en un diésel verde de alta calidad. Al mismo tiempo, se desea demostrar que en México se pueden generar combustibles propios para avanzar hacia una transición energética más sostenible, con la intención de no depender exclusivamente del petróleo para la movilidad.
La razón detrás de la elección de la soya como punto de partida
Guevara Lara explicó que los aceites vegetales son una opción viable porque forman parte del ciclo natural del carbono, ya que al provenir de plantas que absorben dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera durante su crecimiento, el carbono capturado vuelve al ambiente cuando el aceite se transforma y utiliza como combustible. Esto contrasta con los combustibles fósiles, cuyo carbono permaneció almacenado durante millones de años y, al liberarse, incrementa la cantidad de CO₂ en la atmósfera.
Ahora bien, se eligió el aceite de soya porque se busca aprovechar los residuos provenientes de restaurantes. Aunque su transformación es más complicada debido a que durante su uso se generan grasas, se oxida y aumenta su contenido de oxígeno, se desea tratarlo para reducir la contaminación y convertirlo en una fuente de energía sustentable.
“La idea no es utilizar aceite nuevo destinado al consumo humano, sino aprovechar materiales que ya no tienen un uso alimentario o que suelen desecharse”, afirmó el docente Garza.
Por otro lado, la composición química de este producto permite transformar su estructura hasta obtener cadenas estables y de una calidad superior al diésel comercial que posee una mezcla de hidrocarburos.
“El calentamiento global ya está generando cambios que podemos observar en nuestro entorno. Aunque algunas personas consideran que estamos llegando tarde para detenerlo por completo, yo creo que todavía podemos contribuir a reducir sus efectos mediante la búsqueda de energías alternativas”, explicó Guevara Lara.
Aunado a ello, refirió que en nuestro país cerca del 90 % de la energía utilizada proviene de fuentes fósiles. Si bien existen alternativas eléctricas para algunos automotores, una parte de la electricidad que las alimenta todavía se genera a partir de recursos derivados del petróleo.
“Fenómenos como El Niño y La Niña muestran cómo el clima ha cambiado; en nuestro país, por ejemplo, hay años en los que llueve en exceso y otros en los que prácticamente no llueve”, afirmó.
Entonces, una manera de disminuir la contaminación ambiental y el calentamiento global es utilizar combustibles que participen en el ciclo de carbono.
¿Para qué tipo de motores podría usarse este biocombustible?
“Como las cadenas que obtenemos son de 17 y 18 carbonos, el producto está orientado principalmente para combustibles diésel, como los utilizados en carros diésel de maquinaria pesada. Para obtener un combustible tipo gasolina también sería posible, pero necesitaríamos otro tipo de aceite con cadenas más pequeñas, como el aceite de palma, hasta llegar a cadenas como las de siete carbonos para obtener un combustible similar a la gasolina”, indicó el investigador Garza.
Se emplearía en este tipo de motores de carga pesada porque requieren un combustible de alta calidad que favorezca un mejor desempeño y le permita a la maquinaria operar con mayor eficiencia.
Del aceite al combustible: el proceso para obtener diésel verde
Ahora bien, para lograr esa transformación, el científico Garza explicó que emplea un proceso conocido como hidroconversión. Mediante el uso de un catalizador en estado sulfuro, elimina el oxígeno y el alcohol presentes en las moléculas del aceite y reorganiza su estructura hasta obtener cadenas de hidrocarburos similares a las que integran el diésel.
Este método le permite tanto convertir el aceite de soya en combustibles de hidrocarburos como también romperlo y generar gasolina. Actualmente, esta técnica se realiza en las refinerías de petróleo, la diferencia es que no utilizan aceite vegetal, emplean aceite proveniente del crudo negro.
No obstante, este proceso podría aplicarse a otro tipo de material orgánico que causan problemas ambientales y que no son comestibles, como el sargazo o el lirio acuático. Aunque primero se deben hacer pruebas para determinar si su composición es la adecuada.
Una investigación alineada con los retos energéticos del país
Aunado a esta visión, refirió que su investigación está en sintonía con el Eje Estratégico Nacional número 9, Soberanía Energética: Biocombustibles, enfocado en impulsar proyectos de energías renovables a lo largo de la cadena de suministro de los biocombustibles. Esto implica no solo desarrollar su producción, sino también considerar todo el proceso y la logística necesarios para que lleguen al consumidor.