Leonardo Torres
En la épica de horror espacial “Alien”, y sus secuelas, el xenomorfo bebé nace violentamente de entre el pecho y las entrañas de su huésped para comenzar una nueva etapa de su ciclo de vida.
Recientemente, científicos hallaron una imagen microscópica menos aterradora, pero que se ejemplifica con la conclusión del trabajo parasitario alienígena: un microorganismo que desarrolla nuevas células dentro de su propio cuerpo antes de romperse y liberarlas. El hallazgo sorprendió incluso a los científicos que lo observaron por primera vez.
El nuevo microbio, bautizado como Caledochytrium aldermaii, presenta una estrategia reproductiva que no había sido descrita antes dentro del grupo al que pertenece. En lugar de dividirse simplemente en dos, como ocurre con numerosos microorganismos, una célula madura forma una gran cavidad interna en la que se desarrollan células hijas completamente nuevas.
Y el proceso puede ser todavía más extraordinario: algunas de esas células hijas comienzan a desarrollar en su interior una nueva generación antes de ser liberadas. En palabras de los investigadores, el microorganismo puede convertirse en una especie de “abuela embarazada”, una característica que recuerda a ciertos pulgones, cuyas crías pueden nacer ya gestantes.
“En lugar de dividirse en dos, como cabría esperar, las células maduras desarrollan una gran cavidad interna donde crecen células hijas completamente nuevas”, explicó el profesor Peter Morris, biólogo vegetal de la Escuela de Energía, Geociencias, Infraestructura y Sociedad de la Universidad Heriot-Watt.
El descubrimiento fue publicado en la revista académica Protist por un equipo integrado por investigadores de la Universidad Heriot-Watt, su empresa derivada Strameno, el Centro de Ciencias del Medio Ambiente, Pesca y Acuicultura (CEFAS) de Weymouth y el Instituto de Acuicultura de la Universidad de Stirling.
REPRODUCCIÓN NUNCA ANTES OBSERVADA.
Caledochytrium aldermaii pertenece a los labirintulomicetos (Labyrinthulomycetes), un grupo poco conocido de microorganismos marinos que cumple una función importante en los ecosistemas: descomponer materia orgánica muerta y contribuir al reciclaje de nutrientes en mares y otras aguas salinas.
El nombre de la nueva especie combina una referencia a Caledonia, el antiguo nombre asociado con Escocia, donde el microorganismo fue encontrado en tres ocasiones, con un homenaje al científico del CEFAS David Alderman. Su trabajo fue fundamental para conservar los primeros cultivos con los que los investigadores pudieron estudiar la especie.
La particularidad que más llamó la atención del equipo fue su comportamiento reproductivo. Después de observarlo mediante microscopía electrónica, los científicos pudieron documentar cómo las células maduras se transforman en una suerte de incubadora microscópica.
“Algunas de estas células hijas ya albergan en su interior otra generación en desarrollo antes de ser liberadas al romperse la célula madre”, señaló Morris.
La comparación con Alien puede resultar inevitable, pero la semejanza termina ahí. Mientras la criatura de la película representa una amenaza letal, Caledochytrium aldermaii no representa peligro para las personas. Más aún: sus características podrían convertirlo en un microorganismo de interés para la industria alimentaria y la acuicultura.
“Comprender cómo se reproduce esta especie es fundamental para saber cómo podría utilizarse en entornos comerciales, como la acuicultura”, destacó Morris.
GRANDES POSIBILIDADES.
El interés científico por los labirintulomicetos no es nuevo, debido a que, durante décadas, investigadores han estudiado este grupo debido a su capacidad para producir de manera natural cantidades importantes de ácidos grasos omega-3, incluido el ácido docosahexaenoico (DHA), un nutriente también presente en pescados azules.
Estos compuestos tienen aplicaciones en suplementos alimenticios, fórmulas para lactantes y alimentación destinada a animales y peces. Los microorganismos también pueden producir carotenoides, pigmentos que, además de aportar tonalidades rosadas, tienen aplicaciones en la industria alimentaria.
A ello se suma otra característica relevante, sus células están constituidas aproximadamente por 50 por ciento de proteínas, lo que aumenta el interés por explorar su potencial como recurso biológico.
La doctora Jane Polglase, quien lleva casi cinco décadas estudiando estos microorganismos y fundó Strameno junto con David Alderman y Lydia Brown para investigar sus posibles aplicaciones comerciales, reconoció el impacto de la observación.

“Llevamos décadas investigando este grupo concreto de microbios por los productos que generan y su papel en el medio ambiente; sin embargo, cuando logramos captar su reproducción mediante un microscopio electrónico, no podíamos creer lo que veíamos”, afirmó.
El descubrimiento también reivindica una forma de investigación que, de acuerdo con Polglase, puede quedar relegada frente al protagonismo que actualmente tiene el análisis genético.
“Aunque muchos científicos se centran hoy en día en el ADN de los organismos, nosotros hemos optado por un enfoque más tradicional: observar también el comportamiento del microbio y describir detalladamente su morfología”, explicó.
Sin esa observación directa, agregó, los investigadores jamás habrían podido registrar en imágenes el peculiar proceso reproductivo de Caledochytrium.
El microorganismo fue localizado en diferentes ambientes y organismos, entre ellos pulpos escoceses y sus guaridas, truchas arcoíris y una marisma de la costa oriental de Escocia. Esta diversidad de ambientes apunta también a la amplitud de la función ecológica que pueden desempeñar estos pequeños organismos.
Los labirintulomicetos actúan como recicladores, puesto que descomponen restos de animales y plantas y devuelven sus componentes al ambiente. Pero su comportamiento va mucho más allá de alimentarse de materia orgánica.
Los científicos de Heriot-Watt y Strameno han concluido esta etapa de su investigación, aunque esperan que otros grupos continúen explorando las características de estos microorganismos.
El hallazgo deja una conclusión tan inquietante como fascinante: incluso en 2026, cuando la biología molecular y la genómica permiten explorar la vida con una precisión sin precedentes, el mundo microscópico todavía guarda formas de comportamiento que la ciencia no había visto.
“Estamos encontrando formas de vida con comportamientos y una biología que nunca antes habíamos visto”, resumió Polglase. “Es un campo de investigación fascinante”.