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En estos días de celebraciones patrias, la imagen de una bandera extranjera ondeando en el zócalo capitalino debe ser un recordatorio de que la independencia no es solo un ritual cívico que celebramos cada septiembre, sino un valor histórico que estamos llamados a contruir día tras día

Cuando el Zócalo habló inglés

Banderas Banderas para celebración del 16 de septiembre. (Quadratín)

Ha llegado el mes de septiembre y los mexicanos nos preparamos para festejar 225 años de la independencia de nuestro país. Sabemos bien que el día por excelencia es el 15 cuando, rodeados de banderas y motivos tricolores, nos reunimos en plazas y zócalos para dar “el grito” según la tradición y la agenda de la autoridad en turno. Se trata de un ritual cívico-identitario que llevamos celebrando por más de dos siglos (inició en 1825). Sin embargo, dentro de esta historia hubo un episodio amargo en el que no hubo motivos de júbilo: el 15 de septiembre de 1846, los habitantes de la Ciudad de México vieron ondear la bandera de Estados Unidos en el zócalo.

Los intereses económicos y afanes expansionistas estadounidenses originaron una guerra con México que estalló a inicios de 1846. Tras una serie de derrotas de las armas mexicanas en diversos frentes, el conflicto alcanzó una etapa crítica el 14 de septiembre de 1847 con la ocupación de la capital por las tropas invasoras. Si bien es cierto que hubo sectores que aplaudieron este hecho, la gran mayoría de la población no halló motivos para celebrar la Independencia.

La presencia estadounidense se extendió por nueve meses, hasta junio de 1848, y trastocó radicalmente la vida cotidiana de la ciudad. Washington decidió que los mexicanos costearan los gastos de su invasión, lo que obligó a las autoridades a aplicar una severa política fiscal que asfixió a la población. De igual manera, no fueron pocos los atropellos cometidos por los invasores, de modo que cuando se atentaba en contra uno de ellos, sus compañeros solían tomar la justicia en propia mano generar escarnio público.

El dólar comenzó a desplazar rápidamente al peso como moneda de uso corriente y los capitalinos se vieron en la necesidad de aprender inglés para realizar transacciones comerciales e, incluso, para sobrevivir. Así, por ejemplo, el alto mando invasor contrató a un grupo de mujeres para que confeccionaran sus uniformes y designó a comercios locales como proveedores oficiales. La vida social también se transformó profundamente: proliferaron las casas de juego, salones de baile y tabernas, mientras en el Teatro Nacional se escenificaban obras en inglés; todos ellos espacios públicos en los que convivieron los invasores y las clases acomodadas de la ciudad.

Uno de los aspectos más llamativos de esta situación estuvo relacionado con el periodismo. Del 20 de septiembre de 1847 al 30 de mayo de 1848 circuló The American Star. El impacto periodístico de la ocupación se reflejó en The American Star (1847-1848), diario bilingüe que avanzó con las tropas hasta alcanzar la capital. Aunque al inicio aparecía los martes, jueves y sábados, su éxito favoreció que circulara de manera casi diaria, salvo los lunes. Su mayor peculiaridad fue ser una de los primeros periódicos bilingües en México. Mientras la sección en inglés ofrecía partes de batalla, decretos y anuncios recreativos para los soldados, la parte en español justificaba la presencia estadounidense con el discurso civilizatorio de la “prensa libre”.

La ratificación de los acuerdos de paz en 1848 representó el cierre del periódico y una suerte de segunda independencia para México. En estos días de celebraciones patrias, la imagen de una bandera extranjera ondeando en el zócalo capitalino debe ser un recordatorio de que la independencia no es solo un ritual cívico que celebramos cada septiembre, sino un valor histórico que estamos llamados a contruir día tras día.

infernan@up.edu.mx

Profesor-investigador de la Universidad Panamericana

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