
Los datos biométricos son un conjunto de características físicas como las huellas dactilares, reconocimiento de iris, retina o rostro; no obstante, también incluyen algunas cualidades acústicas como frecuencia, tono y ritmo de voz, que son únicas en cada persona y suelen emplearse para corroborar su identidad al momento de realizar algún trámite ya sea en instituciones financieras como los bancos, o bien en aquellas dependencias donde es preciso verificar la identidad de las personas al momento de obtener la firma electrónica (SAT), credencial de elector (INE), pasaporte (SRE), cédula profesional (SEP), entre otros documentos. Además, la biometría también se emplea para brindar mayor seguridad a dispositivos electrónicos como los teléfonos inteligentes (smartphones), computadoras portátiles o personales, acceder a aplicaciones de banca móvil, compras en línea; control de asistencia o ingreso a edificios gubernamentales, investigación forense, etcétera. De ahí la importancia de ser cuidadosos al momento de utilizarlos, y, ser conscientes del riesgo que implica compartirlos en plataformas o instituciones que no los resguarden adecuadamente porque son datos sensibles y pueden emplearse para suplantar la identidad de las personas.
En la naturaleza, un equivalente de los datos biométricos son los nombres científicos, ya que todos los organismos vivos que pertenecen a una misma especie tienen asignado un nombre único e irrepetible con el que se conocen en todo el planeta. Un nombre científico está formado por dos palabras: la primera corresponde al género y la segunda al epíteto específico, ambas deben estar en latín porque es el idioma universal de la ciencia, tal y como fue establecido en el sistema binomial propuesto por Linneo. Con base en lo anterior, un organismo vivo, ya sea vegetal o animal, puede tener uno o varios nombres comunes diferentes dependiendo de la región donde se distribuya; sin embargo, su nombre científico siempre será el mismo. Por ejemplo, el ahuehuete que también ha sido llamado sabino, ciprés de Moctezuma o ciprés mexicano, científicamente se conoce con el nombre: Taxodium mucronatum, con él puede reconocerse no solo en el país, sino en todo el mundo. En este caso, Taxodium corresponde al género y mucronatum al epíteto específico.
Los nombres científicos ayudan a corroborar la identidad de las plantas utilizadas en medicamentos herbolarios, suplementos alimenticios, tizanas o infusiones, pues al incluirlos en la descripción de sus ingredientes, las personas que los consumen tienen la certeza de que ese producto realmente contiene la especie que corresponde a la planta declarada en el empaque y no con alguna que podría confundirse ya sea por su apariencia física, o bien, porque comparten el mismo nombre común. Tal como ocurre con el cardo mariano, nombre vulgar de varios cardos que producen inflorescencias mayores a 5 cm de diámetro, aunque el que cuenta con estudios fitoquímicos que han demostrado su efectividad para tratar afecciones estomacales y hepáticas es: Silybum marianum y es el que se utiliza en suplementos o medicamentos herbolarios.

Quizás ahora te preguntarás ¿qué pasa con la biometría de los mellizos y gemelos idénticos? Cabe señalar que, a pesar de las similitudes físicas y genéticas que comparten, sus datos biométricos no son iguales. Algo parecido ocurre con aquellos organismos cuya semejanza física puede engañar a las personas, tal es el caso del diente de león (Taraxacum officinale) y la lechuguilla o falso diente de león (Sonchus oleraceus), ambos suelen comercializarse como diente de león en mercados, tianguis o expendios de plantas medicinales atribuyéndoles diversas propiedades terapéuticas. A pesar pertenecer a la misma familia botánica (Asteraceae), están clasificados en géneros diferentes. Con respecto a sus virtudes curativas, los estudios farmacológicos formales que se han realizado con ambas especies únicamente han corroborado su efectividad antioxidante, hipoglucemiante y antimicrobiana. Aunque también encontraron que contienen metales pesados en cantidades importantes que incluso pueden provocar daño renal o hepático cuando se consumen frecuentemente o durante periodos prolongados. Esto debido a que suelen recolectarse en áreas expuestas a contaminación, contrario a lo que ocurre con las plantas utilizadas en medicamentos herbolarios que se producen en viveros debidamente certificados y en condiciones que garantizan su inocuidad. En conclusión, así como los datos biométricos confirman la identidad de las personas, los nombres científicos validan la de todos los organismos vivos.
Referencias
Redonda-Martínez, R. e I. Fragoso-Martínez. 2021. ¿Qué hace un taxónomo? Saber más 60: 77-80. https://sabermas.umich.mx/que-hace-un-taxonomo/
Redonda-Martínez, R. e I. Fragoso-Martínez. 2021. ¿Cómo y para qué se nombran las plantas? Saber más 68: 21-24. https://sabermas.umich.mx/como-y-para-que-se-nombran-las-plantas/
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 2009. Biblioteca digital de la medicina tradicional mexicana http://www.medicinatradicionalmexicana.unam.mx/index.html
1Red de Diversidad Biológica del Occidente Mexicano, Instituto de Ecología, A.C., Centro Regional del Bajío, Pátzcuaro, Michoacán.