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Estamos tan ensimismados en nuestra queja que no vemos que el hogar está siendo devorado. Si no salimos de esa isla de confort melancólico, no habrá Ítaca que salvar

Recuperar el Timón: Lecciones de la Odisea para la oposición

Panamericana. Claudia Robles Martínez. Decana de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana

La moda actual de comentar la Odisea me contagió. Al releerla no vi mitos, sino el fiel reflejo de un fenómeno mundial: el de la oposición actual frente al populismo. Vi a un Ulises derrotado en la isla de Ogygia, sentado, recordando el pasado y esperando que los dioses lo salven. Tan ocupada está la oposición lidiando con la demagogia, que ha olvidado su nostos: el rumbo a casa, a sus principios y autoridad moral, a las esencias de la libertad, al Estado de Derecho y a la democracia. Se perdió en la soberbia de creer que la razón le pertenecía, cayendo en una nostalgia paralizante mientras los pretendientes saquean Ítaca. Los clásicos perduran porque, en el fondo, son un espejo de nuestra propia condición. Al volver a la Odisea, encontré en Homero una guía para recuperar el timón. Es momento de amarrarnos al mástil de nuestras convicciones democráticas y, desde ahí, reconstruir nuestro hogar. Pero, después de tanta incertidumbre, es imperativo preguntarse: ¿cómo llegamos hasta aquí?

El error de Ulises fue gritar su nombre a Polifemo por pura hybris. La oposición padece esa misma soberbia. Ante una oleada de despertares ciudadanos —desde la defensa del INE en México y las protestas por corrupción en España, hasta los movimientos de la Generación Z o las primaveras en el mundo árabe—, quienes se erigían como la alternativa política, cayeron en la soberbia de pensar que ese descontento era propiedad suya. En lugar de abrazar esas causas con humildad, se cruzaron de brazos, esperando que el poder cayera por inercia ante el escándalo ajeno. Olvidaron que el populismo se nutre del resentimiento y es inmune a la lógica sin una alternativa ética vibrante. Al no institucionalizar el apoyo recibido, la oposición se volvió autocomplaciente, dejando crecer al autoritarismo mientras ella, creyéndose invulnerable, solo observaba el naufragio.

La inacción es el veneno de la oposición. Como Ulises en la isla de Calipso, nos hemos quedado varados en la orilla, llorando por un mundo, de finales del siglo pasado e inicios de este, que ya no existe. Somos rehenes de la nostalgia, negándonos a aceptar que el mapa político cambió. Mientras perdemos los días lamentando lo que pudo ser, los “pretendientes” han tomado Ítaca. Han colonizado las instituciones y malgastan los recursos, confiados en nuestra parálisis. Nuestra Penélope —la sociedad civil, las instituciones, los organismos internacionales y la ley— sigue tejiendo incansable, esperando un rescate que no llega. Estamos tan ensimismados en nuestra queja que no vemos que el hogar está siendo devorado. Si no salimos de esa isla de confort melancólico, no habrá Ítaca que salvar.

Para no ahogarnos con el canto de sirena del populismo -la polarización, la demagogia y el clientelismo- urge seguir el consejo de Circe. Ulises se amarró al mástil; nuestro mástil son los sistemas jurídicos construidos en tiempos de democracia, el Estado de Derecho y la dignidad inalienable de la persona humana. Los marineros usaron cera en los oídos: nuestra cera son los organismos autónomos y las leyes fuertes que frenan el capricho absoluto del gobernante. La oposición no debe competir en el fango de la demagogia ni saltar al mar del oportunismo. Amarrarse a las instituciones y al derecho no es rigidez, es la única forma de mantener el rumbo firme y no estrellar la nave contra las rocas del autoritarismo.

Ítaca no se salvará con un Ulises vengativo. El populismo se combate con ciudadanía, no con más caudillismo. El verdadero nostos es el retorno a la comunidad y a la base cívica. La oposición debe dejar de ser espectadora de la destrucción del orden mundial cometido por los pretendientes y convertirse en la voz de un cuerpo social despierto. No buscamos salvadores, buscamos liderazgos que unan voluntades y conviertan la indignación en una causa común. ¿Estamos listos para asumir esa tarea?

* Decana de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana.

E-mail: crobles@up.edu.mx / Instagram: @claudia.robles.m

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