
En su gran diversidad, los murciélagos ponen de manifiesto cuáles son las formas evolutivas que existen, pero también cuáles son las que no existen. “Los murciélagos no son ratones con alas de hecho, están más cercanos a los rinocerontes y a los caballos. Son animales vertebrados que pertenecen a los mamíferos y tienen un ala que les permite volar: son los únicos mamíferos que lo hacen”, apuntó la bióloga Adriana Calahorra Oliart, al impartir la conferencia Los murciélagos y las formas no exploradas por la evolución.
La sesión formó parte del ciclo Los viernes de la evolución, coordinado por Antonio Lazcano Araujo y José Sarukhán, miembros de El Colegio Nacional. La investigadora del Instituto de Ecología A.C. explicó que el ala de los murciélagos es una especialización que viene de los mismos huesos que forman el brazo y los dedos de las manos, en los seres humanos. “Pero en estos animales, la especialización es alargada de tal forma que les permite el vuelo y cuentan con una membrana que se llama patagio. Sin embargo, no se sabe mucho sobre el origen del ala, no hay ningún registro fósil previo”.
De acuerdo con la especialista, los murciélagos pertenecen al orden Chiroptera, que en griego significa “mano alada”, y a su vez se dividen en: Yinpterochiroptera, que integra a los zorros voladores y los cara de herradura, ubicados en África, en Oceanía y Asia; y en Yangochiroptera, que contiene varias familias, particularmente la Phyllostomidae, “el Ectophylla alba, que vive en Costa Rica, es un muy bonito representante de esta familia y el nombre significa nariz de hoja, su nariz le sirve para ecolocalizar”.
La doctora en Biología Evolutiva aseguró que, en esta familia, se llevó a cabo lo que se conoce como una radiación adaptativa. ¿Qué significa eso? Que se estima que el ancestro común de los murciélagos era un insectívoro; de hecho, la mayoría de estas especies se alimentan de insectos y de plantas como las hojas, polen, flores y frutos. Pero “de 15 especies de murciélagos, sólo tres se alimentan de sangre y esas tres están en la familia de Phyllostomidae. Incluso hay algunos que comen pequeños vertebrados como ranas”.
Agregó que la dieta puede ser una buena aproximación ecológica para hablar de conductas específicas en murciélagos. “Recordemos que no es que la dieta haga que aparezcan estas formas. Primero existe la variación y después, gracias a la presión selectiva, que es la dieta, se van dividiendo”. Por lo tanto, para conocer el impacto de la evolución, es importante estudiar los cráneos, que albergan al cerebro y a estructuras como los órganos de los sentidos. Por esta razón, añadió, con toda la parte de su hocico se relacionan con su alimento y se comunican con otros miembros de su especie. “Los cráneos suelen reflejar todas estas adaptaciones y especializaciones ecológicas”.
“Resulta que los perros domésticos junto con los murciélagos Phyllostomidae son los dos grupos de mamíferos que tienen la variación craneal más grande. Pero los murciélagos han alcanzado esta variación de una manera muy diferente de los perros, porque la han conseguido por millones de años de selección natural, y los perros lo han hecho por selección artificial”, subrayó la experta.
Explicó que, entre los factores que determinan la existencia de unas especies sobre las otras, se encuentran las restricciones de desarrollo; las restricciones funcionales; la selección natural, es decir, lo que existe es porque es ventajoso adaptativamente y lo que no existe es porque no sobrevive; la contingencia histórica que es básicamente por casualidad, sin necesidad de pensar si es adaptativo o no lo es; y los procesos estocásticos.
“Parece ser que hay reglas muy específicas que, con lo diferente que nosotros podemos ser de un ratón, de una jirafa, seguimos jugando las mismas normas evolutivas. No tenemos, por ejemplo, vertebrados con tres extremidades. Incluso dentro de las malformaciones más sorprendentes no se puede producir cualquier cosa”. Para estudiar este tema, es necesaria la morfometría, que permite detallar cuantitativamente la forma y el tamaño de estructuras biológicas u objetos físicos en el espacio.
Según Calahorra Oliart, la morfometría teórica y su ocupación en el espacio se divide en cuatro categorías, que abarca la intersección de dos dimensiones, esto significa que una región del morfoespacio puede estar ocupada o desocupada por especies, y las formas que la habitan pueden ser posibles biomecánicamente, funcionalmente, evolutivamente o por otras razones.
En los murciélagos Phyllostomidae, la científica caracteriza el morfoespacio empírico, en el que sí existe las especies, en estas cuatro regiones. “Tenemos un muestreo de aproximadamente un tercio de las especies de Phyllostomidae representando todas las dietas. Hay unos murciélagos que se separan mucho, que son los que consumen sangre, son tres especies y las tenemos a un extremo del morfoespacio. Y luego tenemos los frugívoros al otro extremo, y en la parte de medio, que está un poco más poblada, se mezclan los otros tipos de dieta con formas similares”.
Explicó que la deformación de los cráneos de murciélagos Phyllostomidae son especializaciones, sobre todo, relacionadas con la dieta de la sangre, que tienen que ver mucho con la pérdida de los dientes y con cómo se organiza el hocico. Sin embargo, “es muy importante, cuando estamos estudiando la evolución de las formas, retar esta tendencia y acudir a explicaciones adaptativas, es decir, hacer preguntas muy fascinantes sobre las formas que no existen”, concluyó la investigadora.
La conferencia Los murciélagos y las formas no exploradas por la evolución, que formó parte del ciclo Los viernes de la evolución, coordinado por Antonio Lazcano Araujo y José Sarukhán, miembros de El Colegio Nacional,
La conferencia se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx.