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El jefe de la Unidad de Investigación de Enfermedades Metabólicas en el INCMNSZ recibirá el Premio Crónica en el área de Ciencia y Tecnología. La investigación clínica es una de las grandes áreas de oportunidad para México, pero no hemos potenciado todas las capacidades que tenemos, añade

Carlos Aguilar Salinas: “En el momento en que uno deja de hacerse preguntas, se acabó el investigador”

Carlos Aguilar Salinas

La investigación clínica es una de las grandes áreas de oportunidad para México, pero las instituciones no han interactuado lo suficiente para potenciar todas las capacidades que tenemos y seguimos sin llevarla al gran nivel que podría estar, por lo que perdemos grandes cosas, señala Carlos Alberto Aguilar Salinas.

El doctor dirige la Unidad de Investigación de Enfermedades Metabólicas en el INCMNSZ y habla del Premio Crónica, que recibirá el próximo 8 de octubre en el área de Ciencia y Tecnología y de su labor: la investigación clínica, del instituto Zubirán y de lo que para él es la ciencia, de esto último dice que es el gusto buscar conocimiento y responder preguntas. “Todo esto se basa en una actitud crítica que, si uno no la tiene, no se van a hacer las preguntas. Y en el momento en que uno deja de hacerse preguntas, se acabó el investigador”.

¿Cómo se siente recibir el Premio Crónica y lo que significa para usted?

Es el resultado del trabajo en equipo, de un equipo consolidado que está en etapa de madurez y nos permitió crecer bastante en los últimos 10 años en una gran institución como es el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

De mi labor cotidiana, le puedo decir que la investigación clínica para el país es una de las grandes áreas de oportunidad y, aunque es cierto que existen entornos administrativos, gubernamentales y, sobre todo académicos, que no han interactuado lo suficiente para potenciar todas las capacidades que hay en México.

Porque de manera aislada, las diversas instituciones tienen una serie de fortalezas que podrían hacer al país líder en muchos campos de la investigación. Sin embargo, la falta de integración de estos esfuerzos hace que se vuelvan trabajos individuales o de grupo, pero sin un sustento nacional que podría darle un nivel mucho mayor.

Creo que este reconocimiento pone la lupa en áreas de oportunidad que ojalá sirva como estímulo para el trabajo conjunto. Hemos tenido oleadas de filias y fobias que hacen el camino más difícil: desde que un investigador genera una idea y el producto llega en el mercado, es camino difícil en todo el mundo, pero en nuestro país es el doble o el triple de difícil.

¿Por qué?, no existen las fuentes de financiamiento para facilitar el escalamiento y luego la capacidad para generar la evidencia que se requiere para un registro ante la FDA, la Cofepris o alguna agencia internacional. Entonces, si no tenemos un entorno que facilite el camino, pues todo se queda en buenas intenciones.

¿Esto lo tendrá que facilitar más el gobierno o la iniciativa privada? Porque ya no están los fondos mixtos y se acabaron todo este tipo de colaboración con una empresa o con un laboratorio.

Sí, por eso decía que filias y fobias, a veces cuestiones ideológicas, hacen que un camino, que al final de cuentas es de beneficio común, no se tome.

Hoy, las secretarías de Salud y de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) buscan las formas de abrir esos caminos, pero se requieren de cambios en la ley y atraer a grupos de inversionistas que confíen en la ciencia mexicana, por lo que no es por decreto, es un proceso que debe ir construyendo.

Este consenso no sólo sería de legisladores, sino de investigadores, autoridades que saben el tema con de empresarios, porque hay que definir en qué vamos a invertir.

Otro punto, son las patentes. Algunas instituciones, como el Zubirán, tienen una oficina de propiedad intelectual, pero falta la aceleradora que haga que estos trabajos lleguen al beneficio de la sociedad. Y en el intermedio, se debe mantener la patente y eso cuesta caro, sea nacional o internacional y un investigador ¿de dónde va a sacar el dinero?

En investigación, ¿cuáles son los caminos que transita el Instituto?

Las líneas principales de trabajo son infectología, reumatología, endocrinología, diferentes formas de cáncer y geriatría son de las áreas que existe más número de investigadores y publicaciones.

En Infectología, por ejemplo, se generó y validó la vacuna del rotavirus y se han hecho aportaciones importantes sobre tuberculosis, como describir donde se dan los focos de infección e interacción con la enfermedad; en Reumatología se contribuyó a la descripción de una de los padecimientos reumatológicos de mayor impacto: síndrome antifosfolípido.

Respecto a Endocrinología, ahí se aplicó por primera vez insulina en el país y prácticamente todos los medicamentos que actualmente se usan para la diabetes han sido validados con investigación original. Sobre este tema, se identificaron las variantes que dan la susceptibilidad a la población mexicana para el desarrollo de esta enfermedad.

Con la inteligencia artificial buscamos detectar casos asintomáticos y tener expediente electrónico. Además, trabajamos para tener una aplicación donde todos los proyectos de investigación se capturen a través de esta app y, de esta manera, tengamos un documento fuente confiable.

Además de esto, el Instituto forma profesionales de alto nivel.

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El Zubirán tiene tres funciones: asistencia, enseñanza e investigación y en las tres juega un papel de excelencia. En asistencia, es un instituto de alta complejidad, donde los pacientes que reciben atención, es porque tienen una condición que no puede ser tratada en un hospital general.

Para ello, se dan muchos procesos de atención médica que ninguna otra institución a nivel nacional ofrece. Por ejemplo, se está generando un centro para introducir un nuevo tipo de terapia, que son las células CAR-T, que han logrado beneficios muy importantes en algunas formas de cáncer, enfermedades hematológicas y se están probando en enfermedades inmunológicas.

En cuanto a enseñanza, hay una larga tradición y para tener médicos de excelencia viene desde el proceso de selección que es muy exigente. Competir por una plaza, el alumno debe estar entre el 10% del promedio más alto de su generación.

Luego, presentan un examen de muy alta complejidad y los mejores elementos son los que ingresan al instituto. Cada año egresan alrededor de 300 profesionistas de la salud en las diferentes áreas que se van disgregando en el país y diferentes instituciones, por ello en casi todos los estados de la República, el instituto tiene representación y sus egresados se agrupan en la asociación de médicos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición que realiza su congreso anual.

Tras todo este camino doctor Carlos, ¿qué es la ciencia para usted?

Más que hablar de la ciencia será la actividad científica, que es a lo que me dedico. Es una práctica que se aprende, que es la mezcla entre conocimientos y creación de hábitos, con la misma convicción de querer hacer las cosas y el gusto de responder preguntas.

Pero también es un esfuerzo en equipo. Los tiempos de que un investigador solo en su laboratorio podía resolver una pregunta, se acabaron hace mucho. Hoy, es un esfuerzo colectivo.

Y al final de un proyecto, todos plasmamos el esfuerzo en un artículo, que se trata de publicar en una revista de alto impacto o que se pueda convertir en una idea innovadora o en un producto, siempre tratando de beneficiar a la sociedad.

Muchas cosas de ciencia básica, que aparentemente nada más tiene un interés científico, a la larga va a tener un interés práctico. El mejor ejemplo reciente son las vacunas basadas en RNA mensajero para Covid y así hay muchas investigaciones básicas que, bien utilizadas y con un fin y trabajo en equipo, hacen un gran avance para la sociedad.

Y para resumir qué es para mí la actividad científica, pues es un hábito, una competencia y un arte que depende tanto de buenas prácticas, disciplina y, sobre todo, amor por el tema que uno trabaja.

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