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La selva en la Riviera Maya se transformó: en lugar de árboles hay hoteles, fraccionamientos, plazas comerciales y complejos turísticos. En medio de este paisaje turístico, ¿qué pasa con los animales emblemáticos de la zona?, ¿pueden sobrevivir entre edificios y playas?

Los monos araña en la selva “all-inclusive”

Inaoe Isabela Ruelas-Mesa. (Universidad Veracruzana).

Grandes extensiones de la selva de la Riviera Maya en el estado de Quintana Roo, México, están cambiando rápidamente, impulsadas por el crecimiento del turismo en los últimos años. Esto deja un mosaico de parches de selva rodeados de ciudad. Donde ayer había un árbol enorme para descansar, hoy hay una palapa con alberca; lo que alguna vez fue una ruta de paso hacia los diferentes árboles frutales, hoy es un buffet para alimentar turistas; y el cenote que era la fuente principal de agua se convirtió en un spa. Entre las nuevas construcciones, los turistas, el ruido y las luces de los espectáculos nocturnos; los mamíferos silvestres de la región buscan su lugar entre la nueva selva de pavimento.

Entre este paisaje transformado, si se pone atención, se pueden encontrar mapaches (Procyon lotor) husmeando entre las mesas del show nocturno del hotel, sereques (Dasyprocta punctata) cruzando apurados el jardín para tomar una manzana que fue tirada al piso, coatíes (Nasua narica) balanceándose en los botes de basura para sacar un pedazo de pizza, y monos araña (Ateles geoffroyi) intentando abrir ventanas mal cerradas. Incluso, en los pequeños fragmentos de selva que aún persisten en los alrededores de la zona hotelera, ¡pueden aparecer jaguares (Panthera onca)! Los resorts y grandes complejos hoteleros de la costa de Quintana Roo se han convertido en un lugar donde los mamíferos demuestran los límites de su flexibilidad comportamental, es decir, la habilidad de cambiar su comportamiento para sobrevivir en un ambiente alterado.

Muchas especies de la región han aprendido a vivir en los predios de hoteles. Algunas se han vuelto especialistas en usar cables de luz para cruzar carreteras, otras más intrépidas intentan cruzar sin suerte y, muchas (la mayoría) se han convertido en clientes frecuentes de botes de basura y en expertos en tomar comida de los turistas. Entre estos mamíferos que se adaptan a vivir en los hoteles se destacan los monos araña. Estos monos, con sus brazos largos, cola prensil y rasgos llamativos parecen acróbatas que rara vez tocan el suelo (o así es como debería ser).

Antes de la transformación de la selva, los monos araña dependían de los árboles para sobrevivir. Se desplazaban por el dosel, utilizando las copas de los árboles conectadas como caminos naturales. Su dieta estaba compuesta por frutos nativos, como el ramón (Brosimum alicastrum), la guaya (Melicoccus bijugatus), el zapote (Manilkara zapota), diferentes especies de Ficus, el chechén (Metopium brownei), entre otros. Esta dieta tan variada, junto con su habilidad para desplazarse grandes distancias, los convertía en animales clave para la regeneración de la selva.

Ya que los frutos maduros están distribuidos entre diferentes árboles en la selva, y la cantidad de frutos por árbol puede variar, los monos araña usan una compleja dinámica social conocida como fisión-fusión, en la que los monos forman subgrupos que cambian en tamaño y en los individuos que los conforman durante el día para aprovechar estos recursos. Esta flexibilidad también les permite separarse o juntarse según la actividad, por lo que algunos individuos pueden descansar mientras otros buscan alimento sin tener que competir por cuál actividad hacer. Esto les ayuda a enfrentarse a diferentes desafíos y sobrevivir en la selva cuando hay cambios en la disponibilidad de frutos, por ejemplo, cuando pasa un huracán.

Sin embargo, en hábitats altamente modificados, como los de la Riviera Maya, el entorno en el que toman estas decisiones ha cambiado drásticamente. Los monos araña han tenido que improvisar para seguir moviéndose entre los árboles y buscar su alimento. Usan cables eléctricos como si fueran lianas, cruzan por bardas, techos o balcones. Pueden aprender rápido qué caminos funcionan y cuáles no, y también aprender dónde hay comida de fácil acceso. Una fruta olvidada en una terraza, restos de buffet o una bolsa de frituras sin terminar pueden convertirse en parte de su dieta diaria. Poco a poco, los monos pueden habituarse a la presencia humana, pero al mismo tiempo, los humanos se acostumbran a verlos cada vez más y cada vez más cerca.

Vivir en los hoteles no es una elección para los monos araña de la Riviera Maya y esta cercanía tiene un precio. Los cables que sirven de liana también pueden electrocutar. Las calles que pueden caminar se vuelven una carrera de obstáculos entre autos y motocicletas en ciertas horas del día difíciles de esquivar. Un salto mal calculado entre edificios puede terminar en una caída. La comida humana, lejos de ser un gesto de amabilidad, se convierte en una forma directa de interactuar con los humanos. Esto y las constantes “selfies” de los turistas ocasionan que los humanos estemos cada vez más cerca de los monos, una proximidad que incrementa el riesgo de intercambio de enfermedades entre humanos y monos.

Obtener comida de los humanos, ya sea de forma directa (a través de que las personas ofrecen comida), o indirecta (por ejemplo, robando plátanos de buffets o buscando restos de alimentos en botes de basura), podría parecer una adaptación exitosa de los monos para sobrevivir en los predios de hoteles, pero oculta una consecuencia grave. La presencia de comida humana cambia los procesos ecológicos de los monos araña. Al modificar su dieta y depender en cierta medida de los alimentos que obtienen de los humanos, los monos pueden reducir su papel como dispersores de semillas, afectando procesos clave en la regeneración natural de la selva. Estudios de macacos (Macaca radiata) en Asia demuestran que los que reciben alimentos dispersan menos semillas, ya que comen menos frutos naturales. Las pocas semillas que llegan a dispersar la mayoría de las veces caen en asfalto donde no hay oportunidad de germinar para que crezca una nueva planta. Aún estamos investigando si este mismo fenómeno se presenta con los monos araña de la Riviera Maya; sin embargo, de confirmarse, tendría implicaciones importantes para la disponibilidad de alimento natural para las futuras generaciones de monos.

La vida entre edificios no se limita a los hoteles. En distintos lugares de la Riviera Maya, los monos araña y muchas otras especies de mamíferos viven en fraccionamientos, pasan por escuelas y obtienen su alimento de tiendas de conveniencia. Es evidente que la frontera entre la selva y la ciudad se ha vuelto cada vez más difusa, y debemos aprender a coexistir con los animales que nos rodean. Su presencia se interpreta como “animales curiosos” o una anécdota turística, pero en realidad es una señal clara de la selva perdida y un recordatorio de que el desarrollo sin planificación transforma no solo el paisaje, sino también las relaciones entre humanos y vida silvestre.

Así, los monos araña se vuelven residentes de una selva “all-inclusive”, una selva con bosque, hoteles, carreteras y complejos turísticos. Una selva donde aprender a coexistir con humanos ya no es una opción, sino una necesidad y parte del paisaje.

Therya ixmana 5(2):98-100

https://mastozoologiamexicana.com

Instituto de Neuroetología, Universidad Veracruzana. Xalapa, Veracruz, México. isabelaruelasm@gmail.com (IRM) dspaan@uv.mx (DS)

*Autor de correspondencia

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