
La cortesía tiene una gran tradición en México y posee un valor muy importante: tiene que ver con el don de gente, con tener sensibilidad y atención para el otro. Hay un dicho por ahí que ando cargando desde hace muchos años y dice: la cortesía es la flor más fina de la caridad, señala Adolfo Castañón Morán.
Es una de las reflexiones sobre lo que es vital en la existencia humana del editor, poeta e investigador que recibirá el Premio Crónica el 8 de octubre y dice que el galardón fue una sorpresa y júbilo, pero también estupor, “porque estoy acostumbrado a estar haciendo cosas sin ver, digamos, desinteresadamente”.
Son algunas de las palabras que vierte Adolfo en la entrevista en su casa, que en realidad es una gran biblioteca llena de libros y pinturas, donde su amplitud de miras lleva la charla a hablar de lo que es sustancial en su vida cotidiana.
Mi estimado Adolfo cómo recibes el premio Crónica
Lo recibo en el momento en que estoy cumpliendo 74 años, con gusto y estoy muy agradecido con los directores del periódico La Crónica porque, además, sé que formo parte de una cadena hacia atrás y de una cadena hacia adelante.
También es muy significativo porque llega en un momento en que se cierra para mí un largo ciclo de escritura, edición, investigación y colaboración en distintas instituciones.
La más reciente es la Academia Mexicana de la Lengua donde llevo 20 años, ahora como secretario, antes bibliotecario y de alguna manera creo que forma parte del aura de la Academia el que me dio este premio.
Pero también es por el aura de lo cotidiano. Aunque sé manejar, ando a pie, tomo el trolebús y estoy acostumbrado a que la gente me detenga en la calle, no para decirme maestro Castañón, a veces sí, sino para saludarme como Jaime Maussan, porque me parezco Jaime Maussan, o él se parece a mí. Es entonces atravesar la calle, tomar el taxi y estar disponible a que la gente, o para que los amigos me den aventón.
Esto tiene que ver con el tema de, llamémoslo, la sencillez y el no estar tan aislado, pero al mismo tiempo sé que hay siempre una parte secreta, oculta, misteriosa, y esa es algo que creo que es como una especie de deber, de misión, de guardarla para poder seguir con esta luz interior retroalimentando lo que está por venir y lo que está naciendo, o lo que está por nacer.
Es el tiempo de la imaginación, la creación…
Digamos que todo empieza en el silencio, después sigue la poesía, después la lectura, el silencio, la lectura, la poesía, la traducción, la edición, la escritura… Para mí la escritura es un proceso que se da no en forma inmediata, sino después de haber escuchado, después de haber leído, después de haberse inmerso en el propio interior y también tiene que ver con la atención externa y con el reojo de la casualidad, de la conciencia, de la contingencia.
Y es tan importante este tema de la escritura que me hace pensar en la fugacidad, en la vulnerabilidad. Creo que el momento que vivimos es muy importante, porque debemos estar atentos a las personas que son vulnerables, que están expuestas, a los que viven en la calle, a los que han sido desaparecidos, a los que están en peligro y, en ese sentido, como escritor o como lector, debemos estar atentos a eso que está en peligro, ya sea el patrimonio, los seres humanos o el silencio.
Cuando hablo de silencio hablo de imaginación, porque están relacionadas silencio, sensibilidad y capacidad de asociación, imaginación, fantasía y filosofía. En esto a veces tenemos mucho temor a la palabra filosofía, como a la palabra ciencia, que van juntas y de alguna manera forman parte de la armonía.
Para mí es muy importante en la vida cotidiana, en la escritura y en el trabajo, la armonía y algo muy trascendente para mí tiene que ver con el valor de la cortesía y con el valor de la cordialidad y de la humanidad. Cortesía, hay un dicho por ahí que ando cargando, se lo di a una persona, que es que la cortesía es la flor más fina de la caridad.
O sea que la cortesía es también una forma de tacto hacia el otro. Entonces en México hay una tradición de la cortesía que creo que debemos conservar y guardar, que tiene que ver con la hospitalidad, que tiene que ver con la atención al otro. Y el otro valor o la otra coordenada sería la cordialidad que tiene que ver con el don de gente, con el tener sensibilidad para el otro y tener conciencia de la mano derecha y la mano izquierda.
¿Hay que ver a ambos lados de la vida?
El idioma mexicano es muy inventivo, ingenioso y se habla mucho de la mano izquierda. Entonces tenemos que tener conciencia de la mano derecha y la mano izquierda. Y creo que el tema de la armonía está relacionado con el tema de la imaginación y el tema de la imaginación también está relacionado con un tema, con un motivo, que creo que es importante no perder de vista, que es el del juego, el de la gratuidad y del desinterés.
Por eso creo que hacer las cosas de forma desinteresada, con un espíritu lúdico, con un espíritu divertido, con un espíritu musical y con un espíritu de investigación libre, es la garantía de independencia.
La libertad, uno de los grandes derechos del ser humano
En estos momentos en los cuales hay tanto alboroto, tanto ruido, tantas amenazas a la palabra, a la opinión, al libre pensamiento, el tema del juego, el tema de la diversión y el tema de la espiritualidad son muy importantes porque también tienen que ver con la conciencia del saber dónde estamos y en dónde estamos en el primero de septiembre de 2026.
En algún lugar del sur de la ciudad, en esta casa, que era la casa de mis padres, un momento para la revelación de ellos, y yo soy Adolfo Castañón Morán, Jesús Adolfo Castañón Morán, hijo de Jesús Castañón, él me puso Adolfo porque nací el mismo día en que se recibió de abogado y su maestro en el tribunal de la tesis se llamaba Adolfo. Nací el mismo día, en la madrugada, y él se recibió ese mismo día como abogado y entonces cuando el maestro lo felicitó por la tesis, mi padre dijo: no, es que también me debe felicitar por otra cosa, porque hoy he sido padre y entonces Adolfo Menéndez Samara dijo: no, pues ese niño tiene que llamarse como yo porque nací ese mismo día. Adolfo Menéndez Samara es el nombre de un filósofo que fue maestro de la preparatoria, que es fundador de la Universidad de Morelos, que publicó varios libros en El Colegio de México.
Por lo que hace a mi ilustre madre, Estela Morán de Castañón, fue una dentista que se las arregló para ser madre de familia y al mismo tiempo misionaria, porque sin ella no hubiéramos podido hacernos de esta casa. Este hogar se construyó y llegamos a ella en diciembre de 1959.
Mi madre era dentista y me gusta decir que era escultora en dientes, y ahí me voy a un salto lejano, en algún momento dado, en esta casa vivió cerca de un año la poeta uruguaya Alcira Sousa, una mujer espiritualmente muy bella, que vivía donde podía, pero no tenía dientes y entonces mi madre le estaba siempre diciendo a Alcira: déjate arreglar los dientes, hasta que un día le dijo: a ver Alcira, tú eres artista y crees en la ética del artista y en la del artesano también, bueno, entonces habrás de conceder que yo también soy una artesana y para mí es de alguna manera es deshonroso que en mi casa viva alguien que no tiene dientes siendo yo dentista, así que o te dejas poner la dentadura, o dejas de estar aquí. Entonces Alcira Sousa se fue después de un año de estar en casa.