
El olfato es el sentido que nos permite percibir e interpretar los olores que están presentes a nuestro alrededor. Está alojado principalmente en nuestras fosas nasales y se compone de una compleja red de nervios olfatorios, neuronas y bulbos cerebrales. Estas estructuras reciben partículas aromáticas desde la nariz, donde son codificadas y posteriormente procesadas en nuestro cerebro para darle sentido; ponerle un nombre o una reacción a cada aroma que nos rodea.
De esta manera, el olfato nos permite identificar nuestros platillos favoritos, los aromas de la naturaleza y también algunas experiencias no tan agradables, como pasar cerca de un río contaminado o una planta de tratamiento de aguas residuales. Percibir olores es también otra forma de conocer nuestro entorno, de complementar a nuestros sentidos de la vista, tacto, oído y gusto. Claro que estos sentidos no son exclusivos para el ser humano; en el caso particular del olfato, hay especies que lo tienen mucho más desarrollado y lo utilizan como una herramienta que les permite navegar a través del lugar que habitan.
Los cánidos (entre los que podemos encontrar a los zorros, lobos, coyotes, dingos, chacales, entre otros, incluyendo a los perros domésticos) son uno de los grupos de mamíferos con mejor olfato en el mundo. El caso de los perros domésticos es bastante conocido: lobos que fueron domesticados para cazar junto al ser humano, haciendo uso de sus habilidades sociales y su excepcional olfato.
Esta naturaleza ha sido ampliamente explorada y explotada por los humanos; por ejemplo, para el desarrollo de distintas razas con grandes habilidades olfativas (como los sabuesos, los beagles y los pastores). Aunque sin importar la raza, no es difícil afirmar que el sentido más importante que tienen todos los perros es el olfato. Es por ello que cada vez es más común ver perros pequeños, mestizos o de distintas razas trabajando como rastreadores en aeropuertos. Esta también es la razón por la cual, cuando sacamos a pasear a nuestros compañeros de cuatro patas, se la pasan olfateando todo lo que les rodea.
Esta lectura del espacio y el entorno forma parte de lo que conocemos como “comunicación olfativa”, un conjunto complejo de comportamientos que funcionan como un canal alternativo de comunicación; como decíamos al inicio, leer el mundo con la nariz. Esta comunicación implica también el marcaje —dejar un aroma a través de orina, heces u otras secreciones— y no es exclusiva de los cánidos, puesto que también ñúes, lémures, osos, felinos, entre otros mamíferos, tienen estos comportamientos (de igual forma, existe en el mundo natural otro canal similar llamado comunicación química). Del marcaje también surge el frotamiento olfativo, un comportamiento en el cual algunos animales restriegan su cuerpo contra algún objeto o sustancia que emana un olor fuerte.
Este comportamiento es común en algunos perros domésticos, quienes en ocasiones terminan revolcándose sobre cosas desagradables, como excretas de otros animales o carroña (Figura 1). Si bien es difícil observar animales silvestres llevando a cabo este tipo de comportamientos, no es una tarea imposible. En ocasiones, cuando instalamos cámaras trampa, podemos encontrar registros que evidencian esta comunicación olorosa.

Algunos esfuerzos de fototrampeo utilizan atrayentes olfativos, particularmente cuando son dirigidos a registrar alguna especie. Estos pueden ser esencias de subproductos alimenticios (como las sardinas), orina de otros animales, pastillas de ácidos grasos o incluso algunos perfumes comerciales. Con frecuencia, este tipo de cebos lleva a algunos animales a frotar sus cuerpos contra los atrayentes; de esta manera se ha logrado documentar a coyotes y zorros revolcándose sobre cebos para empaparse de su olor (Figura 2).

El propósito por el cual algunos mamíferos realizan estos comportamientos no es del todo claro y varía dependiendo de qué tipo de animal estemos hablando. Por ejemplo, se han documentado casos de lobos grises frotándose contra olores nuevos para ellos, particularmente olores de origen humano, como una posible respuesta a la novedad del aroma.
También en algunas especies se ha postulado que puede ser una estrategia para conseguir pareja; en el caso de los ocelotes, se ha observado que las hembras se frotan en secreciones de machos, posiblemente para comunicar su estado reproductivo e iniciar el cortejo. Otros animales, como los zorros grises, utilizan este comportamiento como estrategia para depositar su olor y competir con otros individuos. De igual forma, lo pueden hacer para enmascarar su propio aroma y así evadir a otros depredadores; un estudio reciente concluyó que esta es la razón por la cual los zorros se revuelcan en letrinas de puma (Figura 3). Este mismo comportamiento ha sido documentado en tlacuaches y coatíes, quienes muy posiblemente lo hacen para reducir el riesgo de depredación por ocelotes.

Frotarse, revolcarse, marcar y oler son comportamientos que forman parte de otras maneras en que los animales, particularmente los mamíferos, recopilan información para comprender el mundo en el que habitan. Documentar estas otras realidades nos permite darnos cuenta de que la comunicación en la naturaleza es sumamente compleja, escapando incluso a nuestros sentidos.
Para saber más:
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Camerlenghi, E., Gálvez, D., Ketola, C., Piga, A., Holmes, N., Mena, J.L., W. Tobler, M., Rayan, F., Damas-Moreira, I. (2025). Beyond predator and prey: First evidence of an association between ocelot and opossum individuals. Ecosphere 16(6): e70322.
Gosling, L.M., McKay, H.V. (1990). Scent-rubbing and status signalling by male mammals. Chemoecology 1: 92–95.
King, T.W., Salom-Pérez, R., Shipley, L.A., Quigley, H.B., Thornton, D.H. (2017). Ocelot latrines: communication centers for Neotropical mammals. Journal of Mammalogy, 98(1): 106–113.