
Todos los animales son seres sintientes y, aunque la sintiencia y la inteligencia no necesariamente van juntas, muchos animales son altamente inteligentes. No solo son capaces de percibir sensaciones físicas y psicológicas como el miedo, la alegría, el sufrimiento y el bienestar; también pueden aprender, recordar y, en algunos casos, hasta razonar, resolver problemas y participar en entornos sociales.
Compartimos el planeta con aproximadamente 7.7 millones de especies animales, en donde se considera que todos los vertebrados (mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces) son sintientes, y existe evidencia de que un gran número de invertebrados -como los pulpos- también entran en la categoría. Es por esta razón que el reconocimiento legal de los derechos de los animales como seres sintientes es de alta relevancia.
En nuestro país la primera entidad en reconocer a los animales como seres sintientes fue la Ciudad de México en 2017. A nivel nacional, en 2024, se publicó el decreto que reformó los artículos tercero, cuarto y septuagésimo tercero de la Constitución Mexicana, con lo que se prohíbe explícitamente el maltrato animal, se garantiza su protección y se obliga a incluir la educación sobre el bienestar animal. Lo anterior obligó a expedir legislación secundaria para hacer efectivo el mandato constitucional.
El pasado 29 de septiembre del 2026 se dio otro avance importante, el Senado de la República aprobó con 115 votos a favor y uno en contra la Ley General en Materia de Bienestar, Cuidado y Protección de los Animales que incluye, entre muchas cosas, el registro nacional de animales de compañía y el padrón de personas infractoras. De esta manera se modifican diversas leyes federales como la Ley Federal de Sanidad Animal, la Ley General de Vida Silvestre, la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, la Ley General de Protección Civil y la Ley Federal de Cine y Audiovisual.
La propuesta, además de reconocer a los animales como seres sintientes, establece la normativa para prevenir, denunciar y sancionar el abuso, maltrato y crueldad; las obligaciones para las personas responsables de animales; la regulación de actividades que involucran animales para trabajo, investigación y enseñanza; y la incorporación de los cinco dominios del bienestar animal: nutrición, ambiente, salud, comportamiento y estado mental.
Sin embargo, la propuesta no resuelve por sí misma la regulación de la participación de animales en espectáculos deportivos, recreativos y de entretenimiento -como la tauromaquia, la charrería y los espectáculos ecuestres- y establece que serán las entidades federativas quienes se encarguen de ello. Además, han surgido cuestionamientos por parte de organizaciones civiles de protección animal sobre cambios introducidos en el texto durante el proceso legislativo, mismos que son relevantes para evaluar la calidad de la ley.
La iniciativa se turnó a la Cámara de Diputados el 30 de septiembre y a la fecha únicamente se ha turnado a comisiones. Es de suma importancia que el tema sea abordado, discutido con la participación de los organismos civiles dedicados al tema y lograr los acuerdos para su aprobación final. En México urge contar con una ley robusta que garantice la vida digna y libre de violencia de todos los animales, grupo al que por cierto pertenecemos -como una especie más-, con la diferencia de que podemos velar por sus derechos.