
Las elecciones Israel se dan en uno de los momentos más críticos de su corta historia porque sus ciudadanos deberán decidir entre la política beligerante de su primer ministro Benjamin Netanyahu con 18 años en el mandato, interrumpido solo en el año de 2020, buscándolo por una séptima ocasión. El proceso ahora es diferente por serias dudas del electorado por considerar que no hizo lo suficiente para impedir la violenta irrupción de Hamas el 7 de octubre de 2023, y no ha dado una explicación satisfactoria que ahora le reclaman no solo los familias de las víctimas sino quienes vivieron el secuestro que ese grupo les impuso.
En el contexto también influyen las críticas que los mismos israelíes han realizado respecto a la política de Netanyahu respecto a la guerra en Gaza, en la que imperó la violencia y el espíritu vengativo más que un horizonte sobre el fin de las hostilidades y arreglos necesarios para la paz. Lejos de eso, el régimen abrió otros frentes peligrosos para la estabilidad del país, destacando Irán, Líbano y Siria, entre otros. Dichas acciones fueron justificadas por una campaña amplia para justificar sus acciones suscitando el temor de otros ataques. En el paroxismo en los últimos día Netanyahu difundió una imagen de IA mostrando al país con l hongo de una bomba atómica.
Sin embargo, también ha sido decisiva los apoyos brindados a los colonos para reprimir a los palestinos en Cisjordania, en actos que ocurren todos los días robando las tierras, estruyendo sus cultivos y derrivando sus construcciones, su infraestructura, incluyendo escuelas y clínicas. Lo más grave ha sido el apoyo que el ejército y ministros les han brindado, acompañándolos en la toma de lugares para crear nuevos asentamientos. Las reacciones internacionales fueron más fuertes cuando periodistas extranjeros fueron agredidos en noticias difundidas ampliamente en Estados Unidos.
La decisión del gobierno de arremeter contra los palestinos de Cisjordania parece ser la estrategia última de Netanyahu para mantener el apoyo de los colonos, un voto que no puede rechazar porque 500 mil se han asentado ya en ese territorio, donde cualquier cálculo puede llevar a más de cien mil votos de los grupos religiosos más conservadores. La apuesta favorable a éstos se opone a la de los israelíes que rechazan esos procedimientos y la extensión del territorio. Lo que, como se sabe, tiene la intención de frenar la solución de dos Estados como los establecieron los fundadores.
El asunto rebasa esas fronteras, pegando en un sitio como Estados Unidos donde habita el mayor número de judíos después de Israel. Ahora, según Al-Haaretz del 25 de octubre, los lazos de los judíos estadounidenses con Israel se “han deshilachado” en los últimos tres años. Muchos de ellos, hijos de emigrantes, crecieron y mantienen la idea de una solución con dos Estados. Una postura constrastante con los actuales candidatos, donde solamente el izquierdista Yair Golan, mantiene esa idea.
Algo debe influir que entre los demócratas, la postura desaprobatoria a la política israelí se cerca al 80 %. Diversas encuestas muestran que alrededor del 60 % de los adultos estadounidenses tiene una opinión desfavorable de Israel, en comparación con el 53 % en 2025 y el 42 % registrado en 2022, generando un clima de tensión entre la numerosa comunidad judía estadounidense y los críticos del régimen israelí.
El voto de los ciudadanos se deberá decidir entre cinco partidos, con mayores posibilidades los de derecha y extrema derecha. A la cabeza de las encuestas se ubica el partido ¡Yashar!, de Gadi Eisenkot, el principal rival del partido en el poder, el Likud, dirigido por Netanyahu, que ha formado alianza con los partidos de extrema derecha Otzma Yehudit, Partido Sionista Religioso, Shas y Judaísmo Unido de la Torá. Por debajo de estos Naftali Bennett y Yair Lapid del partido Yesh Atid han formado la alianza Beyajad. Hasta abajo de las encuestas se encuentran dos coaliciones, la alianza Los Demócratas formado por el Partido Laborista de Yair Golan y el partido izquierdista Meretz; y la alianza de partidos árabes Lista Conjunta y Ra’am. Varios de los candidatos se han formado en la carrera de las armas; Eisenkot tiene fuertes simpatías por ser una persona sencilla de la ciudad porteña de Eilat, único sefardi porque su familia procede de Marruecos, y porque su hijo murió en la reciente guerra en Gaza, donde perdió a otros de sus familiares.
El sistema de elección hace más difícil prever quién será el primer ministro. Los ciudadanos votan por una lista de candidatos al parlamento (la Knéset), presentadas por los partidos políticos, y los diputados electos deciden quién será el próximo primer ministro. Para que alguien sea elegido debe obtener 61 votos de los 120 diputados electos, y, puesto que nunca en la historia de Israel un partido ha alcanzado esa mayoría en el parlamento, el primer ministro es elegido tras un tortuoso proceso de alianzas y promesas dirigido por el presidente en turno.
Por lo demás, las encuestas son contundentes respecto a los partidos árabes, sin ellos el bloque anti-Netanyahu no alcanzará los 61 escaños necesarios para obtener la mayoría en la Knéset y, aun así, ningún partido judío ha querido hacer alianza. Queda ver si en las negociaciones parlamentarias se puede dar. Más difícil cuando Israel instiga a los drusos para avanzar territorialmente en Siria y en Líbano, donde mantiene ya el 20 % del territorio.
Mientras tanto más de 300 académicos judíos y árabes han firmado una petición instando a los votantes a apoyar la coalición árabe “Lista Conjunta”, una fusión de tres partidos árabes, citando su compromiso con la igualdad, la paz, la democracia y la asociación judío-árabe. La declaración enfatiza la importancia de la asociación política judío-árabe: “No hay democracia sin igualdad, no hay paz sin justicia, y no hay futuro compartido sin asociación política judío-árabe” (Haaretz, 23/10/2026).
Ya se verá si con o sin Netanyahu puede alcanzarse una era sin guerras. Y cómo el nuevo gobierno podrá restablecer la confianza de la población de Israel.
Seminario universitario de las culturas de Medio Oriente