Cultura

La UNAM presenta un estudio sobre la relación entre jóvenes de bachillerato y la cultura

El 51.3% de los alumnos de bachillerato de la UNAM asiste rara vez o de vez en cuando a un evento cultural programado

Cultura Alumnos del Colegio de Ciencias y Humanidades. (UNAM)

Para las y los estudiantes que cursan el bachillerato en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la cultura no está en los auditorios, las bibliotecas o las salas de conferencias; está en los pasillos, las bancas, las redes sociales, los memes, los grupos de WhatsApp y las intervenciones gráficas o los diálogos entre pares, actividades que forman parte de su ecosistema.

La comunidad estudiantil se expresa, crea y transforma desde su cotidianidad y ésta incluye el ámbito de lo digital, que no es únicamente una herramienta de comunicación, sino un territorio en sí mismo. La cultura para las juventudes preparatorianas y ceceacheras es algo que se construye desde la convivencia, la participación espontánea, las redes digitales, las iniciativas autogestivas y los espacios informales.

No es vista como un producto de consumo, sino como un proceso en el que ellas deben tener un papel activo, de forma que la experimentación, la participación y la apropiación sean pilares fundamentales. Tales son algunas de las conclusiones expuestas en el documento Cultura, ¿qué es, dónde vive y cómo se consume?, estudio socioantropológico impulsado por la Cátedra Internacional Inés Amor en Gestión y Políticas Culturales de la Coordinación de Difusión Cultural UNAM (CulturaUNAM), en colaboración con la Escuela Nacional Preparatoria (ENP), el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) y Fundación UNAM AC.

Por primera vez se lleva a cabo una investigación de carácter socioantropológico entre personas del bachillerato sobre consumo cultural. Fue realizada por Bitácora Social, organización especializada en análisis antropológico a profundidad.

Este esfuerzo colectivo tuvo como objetivo comprender cómo la comunidad estudiantil del bachillerato se relaciona con la cultura, tanto dentro como fuera del entorno académico. 2 El estudio fue aplicado a 2 490 estudiantes de los 14 planteles de bachillerato de la UNAM, 9 de la ENP, lugares en los que participaron 1 890 estudiantes, y 5 del CCH, donde se enrevistó a 1 050. En total participaron 49.7% de hombres y 47.2% de mujeres. Los hallazgos apuntan a que los estudiantes no buscan solamente consumir, quieren también participar, apropiarse, proponer.

El reto no es imponer una agenda cultural, sino escuchar y acompañar procesos que emergen en la comunidad estudiantil.

Este estudio nació de la necesidad de responder a inquietudes fundamentales sobre la relación de la juventud con la cultura: ¿qué significa la cultura para quienes la experimentan? ¿Cómo la viven dentro y fuera de los planteles de la UNAM? ¿Qué barreras existen para su apropiación y disfrute? ¿Qué expectativas tienen sobre lo que debería ser la oferta cultural en su formación?

Para responder se aplicó una metodología antropológica y etnográfica que incluyó la convivencia de las investigadoras y los investigadores en los espacios cotidianos de las juventudes, la aplicación de 70 entrevistas semiestructuradas con estudiantes, el levantamiento de un cuestionario digital aplicado a 2 940 estudiantes, 14 registros etnográficos de los planteles y 10 conversaciones con docentes y personas del ámbito de la promoción cultural.

Los resultados del estudio generaron tres documentos: el reporte de investigación Cultura, ¿qué es, dónde vive y cómo se consume?; el análisis del cuestionario digital La cultura en cifras, y el compendio fotográfico Un zoom a la cultura.

De acuerdo con los resultados, las y los estudiantes perciben la cultura como un espacio restringido, compuesto por prácticas que requieren un conocimiento previo para ser comprendidas. En esta visión, la cultura se asocia con expresiones clásicas como la música sinfónica, el teatro, la literatura y el patrimonio histórico. La cultura se observa con distancia, como un espacio al que sólo acceden aquellas personas que poseen gusto y conocimiento para descifrarla.

En ese contexto, 26.35% de las personas encuestadas percibe la cultura como identidad y comunidad y 26.01% como tradición y costumbres. Para las personas estudiantes, la oferta cultural que ofrecen las instituciones está codificada, la sienten lejana, con formatos “institucionalizados” que hacen que su acceso parezca restringido o elitista.

Observan que en la UNAM la cultura se presenta como algo que ocurre en lugares específicos: auditorios, bibliotecas, salas de conferencias. Sin embargo, manifiestan que ellas y ellos viven la cultura en los pasillos, en las canchas, en los pastos donde se sientan a platicar o en los muros donde pegan carteles con poemas escritos por su propia mano.

No ven la cultura únicamente como un evento programado, sino como una vivencia cotidiana. Uno de los impedimentos para acercarse a la oferta del Centro Cultural Universitario en Ciudad Universitaria es la movilidad. La mayoría de las personas encuestadas, 39.76%, percibe la distancia y el transporte como los principales factores que impiden su acercamiento a las actividades; por otro lado, 37.23% lo atribuyó a la falta de tiempo.

De ahí que la mayoría de estudiantes (51.3%) asista rara vez o de vez en cuando a un evento cultural programado. La oferta cultural de las instituciones no es parte de su rutina, sino un interés ocasional. A diferencia de generaciones anteriores, que concebían la cultura como algo más distante o normativo, la juventud actual la ve como un espacio donde pueden construir el momento que están viviendo.

La cultura, entonces, no es sólo algo que se consume o se aprende, sino que se experimenta en primera persona. Para esta generación, la cultura no es un conjunto estático de expresiones elevadas o tradicionales, sino un territorio de contacto. No la ven como un producto terminado, sino como una experiencia viva en constante resignificación.

Coinciden en que no todo lo cultural tiene que ser trascendental; también puede ser ligero, casual y flexible ante las dinámicas del día a día. Al escuchar al estudiantado, CulturaUNAM se propone evolucionar de una lógica de cultura impartida a una lógica de cultura compartida, ya que el estudio destaca el potencial de la UNAM como agente transformador.

A partir de este análisis entendemos que es importante encontrar, desde las instituciones, vías para normalizar la cultura como parte de la experiencia cotidiana del bachillerato; activar espacios diversos como puntos de encuentro cultural; facilitar la participación estudiantil desde la autogestión, y desarrollar estrategias de comunicación acordes con los lenguajes y tiempos de estas generaciones.

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