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“Estos códices solamente los leía la nobleza, no lo podían tener cualquier persona, cualquiera de nosotros, si estuviéramos en esa época, no podríamos leerlo”, incita el biólogo y traductor y docente del náhuatl clásico, Víctor Á Linares A

“El Códice Badiano para niños”, un fabuloso viaje por la herbolaria prehispánica

Libro La presentación del “El Códice Badiano para niños” en la FIL de Minería.

Hipo, angustia, susto, indigestión y tos son algunas dolencias comunes que los prehispánicos curaban con plantas locales y que “El Códice Badiano para niños” (Editorial Resistencia, 2025) retoma en una edición trilingüe -inglés, náhuatl y español- con 18 remedios herbales extraídos del original y una sección de tés que se pueden preparar en casa.

“Estos códices solamente los leían esos solamente los leía la nobleza, no lo podían tener cualquier persona, cualquiera de nosotros, si estuviéramos en esa época, no podríamos leerlo”, incita el biólogo y traductor y docente del náhuatl clásico, Víctor Á Linares A.

Durante la presentación editorial, en el marco de la 47° Feria Internacional del Libro en el Palacio de Minería, el investigador aprovecha el aura que tienen los contenidos reservados para pocos y la posible tentación de tenerlos en sus manos para interesar a los niños en el tema.

También comenta las aristas de la traducción en náhuatl y apunta que para este tipo de trabajos no es suficiente ser biólogo o saber de botánica y tener el conocimiento científico, sino ser hablante del náhuatl para poder comunicarlo.

“Yo consulté un libro editado por la UAM, en 2025, es muy reciente. Aunque me da un poquito de pena, el problema para estas situaciones es que no es suficiente conocer botánica, por ejemplo, sino también conocer la lengua náhuatl. Tiene unos errores impresionantes”, expresa.

Respecto del conocimiento general que existe sobre los contenidos de este libro, Víctor Á Linares A. señala que muchos de estos remedios son conocidos popularmente, sin embargo, “la terminología, los nombres originales de las plantas, ya no”.

“Eso por un lado y por otro lado no conocen la nomenclatura binomial, eso también es importante y de alguna manera sí lo limita”.

Libro El volumen.

TRADUCCIÓN

“Cabe mencionar que hay neologismos, que son palabras que no existían y sí existen ahora. Por ejemplo, avión, en la antigüedad había aviones, pero es rica la lengua madre, pues se puede decir pájaro de acero”, detalla el traductor y docente del náhuatl clásico.

A la hora de traducir los remedios, Víctor Á Linares A. recurrió a neologismos para solucionar la existencia de palabras que hablan de cosas que no existieron en la época prehispánica.

Lanza un ejemplo puntual, en la página 14 del libro aparece la palabra “pahilli” (línea 10 del texto en náhuatl) que significa “bebida medicinal” y se usa como traducción de “pócima”.

“Se puede hacer esto y lo que se les ocurra. Se puede decir átomo, se puede decir pandemia - se dice la enfermedad coronada, porque el virus que la produce es un “virus con corona”- entonces, se puede hacer lo que se les ocurra”, plantea el traductor.

“Que los nahuahablantes dicen, “es que no hubo antes” y con eso se escudan para decir que no hay forma de hacerlo. Lo que quieran se puede hacer”, manifiesta.

ADAPTACIÓN

El Códice Badiano también conocido como el Códice de la Cruz-Badiano fue escrito en 1551 (31 años después de la fecha de conquista de México) y titulado en latín el “Libro de las Hierbas Medicinales de los Indios”.

De acuerdo con la introducción de esta adaptación infantil, se cree que fue originalmente escrito en náhuatl por el médico indígena Martín de la Cruz y traducido al latín por Juan Badiano, indígena especialista en medicina tradicional, por encargo de Francisco de Mendoza, hijo del virrey de la Nueva España, quien buscaba comercializar hierbas medicinales. Desde 1990 se resguarda en el Museo Nacional de Antropología.

Las ilustraciones de aquel códice fueron hechas por tlacuilos e inspiraron la adaptación visual a cargo la ilustradora y editora, Josefina Larragoiti Oliver.

“Cuando vemos un herbario europeo, las plantas son idénticas a la planta real y se ponen las raíces porque se supone que es medicinal, pero los antiguos mexicanos dibujaban, además de las raíces, animales que estaban alrededor de las raíces, les ponen diferentes colores -hemos visto que las plantas tóxicas tienen rosas o rojos alrededor de la raíz- y hay otras que están sobre piedras o crecen en agua”, explica la ilustradora.

Ese tipo de ilustración era un nivel de comunicación relacionado con el sistema de escritura de ideogramas para precisar de qué planta se trataba y el entorno donde buscarla.

“Si veíamos agua, pues podíamos ir a un río, pero los españoles nunca comprendieron este lenguaje, entonces esa parte no está traducida en el códice, solo están los dibujos con estos códigos de comunicación ideográfica”

Opina que “a lo mejor un niño, que tiene más imaginación, le entendería ahorita”, pero para quienes hicieron este libro no es posible comprenderlo.

Destaca que hay muchas de esas plantas que no se han encontrado y muchos remedios del códice original no se pueden reproducir como los usaban los médicos antes, “pues no sabemos qué planta es ni dónde crecía”.

“Hicimos para los niños un facsímil infantil, les pusimos las plantas tal cual son, y vienen las explicaciones traducidas con los equivalentes a los nombres en el mercado de plantas y nombre científico para que puedan construir el remedio”.

En tanto que creadora del diseño editorial y concepto de la colección en la que se inscribe “El Códice Badiano para niños” trilingüe, Josefina Larragoiti Oliver apunta que el criterio para elegir los remedios fue que estuvieran compuestos únicamente por hierbas, pues hay recetas que contienen animales o huesos, etc.

“Buscamos que fueran remedios que tuvieran plantas y que los niños pudieran buscar en el mercado para poder hacer su propio remedio mesoamericano para las enfermedades, que tratamos las más comunes, como el dolor de cabeza, la tos, el hipo, cosas que los niños entienden porque les pasan”, ahonda.

Por su parte, el traductor al inglés de esta publicación, Adam Critchley comenta que en el proceso de investigación se dio cuenta de que “es un libro valiosísimo, porque es el único libro que documenta esas plantas con el nombre en latín y en náhuatl”.

Para conseguir el libro o conocer más sobre la colección en la que se publica puedes visitar el stand 1310 de la Editorial Restiencia en la FIL Minería 2026, hasta el 1ro de marzo.

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