Cultura

Como parte del Ciclo La educación y las culturas de la lengua, el integrante de El Colegio Nacional, dictó la lección “El papel de la escritura en la plasticidad cerebral”.

Luis Fernando Lara: la ortografía ofrece la posibilidad de entendernos en el presente

Colnal “La ortografía garantiza la posibilidad de leer textos del pasado y, también, la posibilidad de entendernos en el presente”, señaló el colegiado (Colnal)

En la primera sesión del ciclo La educación y las culturas de la lengua, el lingüista Luis Fernando Lara, miembro de El Colegio Nacional, reflexionó acerca de la historia de la escritura: los tipos de escritura, los escritura pictográfica, escritura ideográfica y escritura alfabética, también silábica y morfológica; la historia y sus características, así como las reglas de ortografía.

Sin embargo, le interesaba cerrar el tema de la ortografía, por lo cual, en su segunda conferencia recordó que todo sistema de escritura alfabética está compuesto por dos tipos de reglas: constitutivas y regulativas. Son reglas constitutivas de un sistema alfabético las que establecen el orden y la correspondencia biunívoca entre el fonema y su representación. Lo que se denomina principio fonológico.

“Son, en cambio, reglas regulativas o normas las que establecen modificaciones al principio fonológico, por ejemplo, la conservación de las letras de valor etimológico H y Y o el valor de X en el español mexicano, también de origen etimológico”.

La ortografía comprende ambos tipos de reglas para definir una escritura correcta, definida por el colegiado como aquella que no da lugar a errores de interpretación y garantiza la comprensión de quien la lee; en segundo lugar, la que garantiza la conservación de los textos para generaciones futuras de lectores.

“Esto es muy importante, porque si se cambiara la ortografía de una lengua como el español, impediríamos, al poco tiempo, la lectura de textos pasados. Además, ¿cómo podríamos conservar una cultura como la nuestra si no pudiéramos leer textos de muchos escritores y pensadores del pasado, tanto en el mundo tanto en España como en el mundo hispanoamericano? ¿Qué pasaría si, de pronto, los argentinos decidieran hacer una ortografía propia, en donde le pusieran acento agudo en ‘qué querés’, qué tomás’ y trataran de generalizarlo en español? Nos crearían dificultades de lectura”.

En ese sentido, la ortografía garantiza la posibilidad de leer textos del pasado y, también, la posibilidad de entendernos en el presente. Se puede agregar que una escritura correcta sirve también como una buena carta de presentación de cada persona cuando busca un trabajo o desea unirse a cierto grupo de personas

Para muchas personas, toda ortografía es una convención y es arbitraria, “pero como hemos visto, todo sistema de escritura nace motivadamente en el seno de una cultura, como representación pictogramática o ideográfica de objetos, personas y números. No es arbitraria. Posteriormente, se va consolidando como tal al paso del tiempo y se presenta a cualquier hablante como una tradición”.

“El papel de la escritura en la plasticidad cerebral”

Ya en el tema del día, el doctor Luis Fernando Lara manifestó su extrañeza por el hecho de que la escritura más antigua se haya inventado apenas hace cinco mil 500 años: “por lo menos 200 mil años le llevó al género humano inventar los primeros sistemas de escritura”.

A su parecer, lo que nos dice esta enorme diferencia entre los primeros humanos y los primeros en inventar un sistema de escritura es que el cerebro no es estático, no tiene unas características fijas y previas de una vez para siempre, sino que evoluciona junto con el cuerpo y, sobre todo, con las necesidades de supervivencia y de relación con la vida social.

“Esa capacidad de cerebro humano de adaptarse a las condiciones que se le presentan a lo largo de la vida es lo que se llama plasticidad cerebral”.

Los estudios del cerebro son objeto de varias disciplinas que podemos englobar como neurociencias, van de la psicología experimental a los estudios de daños cerebrales que practican sobre todo neurólogos y psiquiatras, y a los que llevan a cabo los neurofisiólogos en sus laboratorios.

Los estudios de daños cerebrales surgieron entre los médicos cuando trataban de entender las causas de que las personas, generalmente debido a diversos tipos de accidentes, como ciertos golpes en la cabeza o infartos cerebrales, pierdan la capacidad de hablar, aunque comprendan bien lo que se les dice. O puedan hablar, pero lo que dicen no tenga sentido. O pierdan los verbos, pero no los sustantivos, comentó.

“Hay una gran variedad de daños de esta clase. Esa clase de daños se reúnen bajo el concepto de afasia que, en griego, quería decir imposibilidad para hablar. Una dificultad que ha limitado los estudios del cerebro durante muchos años es que no se puede intervenir físicamente en él para investigar su composición interna y su funcionamiento. Sus neuronas y las relaciones o sinapsis que se producen entre ellas, sólo se pueden intervenir quirúrgicamente en el cerebro bajo condiciones muy bien delimitadas por el diagnóstico y la ética médica”.

Hoy día, el conocimiento del cerebro ha avanzado a partir de intervenciones en los cerebros de ratas, gatos o monos, varias de cuyas características cerebrales y conductuales son parecidas a las de los seres humanos y debido a los instrumentos modernos de que disponen ahora médicos y neurocientíficos, como la tomografía o la llamada resonancia magnética funcional, que no es invasiva ni radiactiva. “Se puede observar y medir la cantidad de sangre que fluye a diferentes regiones de cerebro cuando una persona habla, escucha, aprende a leer o lee”.

El colegiado aprovechó datos del neurocientífico francés Stanislas Dehaene, en su libro El cerebro lector, además del alemán Gerhard Roth, quienes han estudiado las áreas del lenguaje en el cerebro, generalmente localizadas en el hemisferio izquierdo. “Aunque en algunas personas zurdas se encuentran en el derecho y en otras se pueden localizar en los dos hemisferios, sin que suponga ningún tipo de enfermedad o deformidad, simplemente es la diversidad humana”.

“Está suficientemente demostrado que en el izquierdo predomina la naturaleza formal de las lenguas: fonología, morfología y sintaxis, así como la formación del significado de las palabras. En tanto que en el derecho predominan las emociones, los movimientos corporales, la música y, de especial importancia para la lengua, la ortografía y la prosodia”.

En el siglo XIX, el francés Paul Broca y el alemán Carl Wernicke identificaron dos áreas de la corteza cerebral relacionadas con la facultad del lenguaje: el centro de Broca se considera predominantemente motor, el que mueve los órganos del habla, como la lengua o la laringe, mientras el de Wernicke está relacionado con la comprensión de las palabras y el sentido, es decir, con la semántica.

Stanislas Dehaene es quien mejor ha precisado el funcionamiento de ambas áreas: la región temporal superior izquierda analiza los sonidos del habla. Y el resto del lóbulo se organiza para reconocer fonemas palabras y oraciones, si bien desde el punto de vista lingüístico, cualquier signo de la lengua tiene una forma fonológica y morfológica con sustanciales con su significado, “al parecer, el funcionamiento del cerebro separa la forma del significado”.

El francés ha demostrado que las palabras que nombran rostros, personas, animales y plantas se sitúan en la región temporal lateral izquierda del cerebro; asimismo, ha comprobado que el cerebro tiene áreas específicas para el procesamiento visual de la lectura en la región occipital.

La identificación de la escritura —ya sea alfabética, morfológica o ideogramática — sigue un proceso complejo, que comienza con los estímulos visuales que recibe el cerebro desde los ojos; afirma Dehaene que cuando aprendemos a leer un subconjunto de nuestras neuronas visuales se adapta a las letras y a las lenguas que aprenden.

“El proceso de reconocimiento visual de los objetos que incluye el reconocimiento de la escritura es enormemente complicado. Los ojos tienen dos clases de células que reciben la luz, conos y bastones: los conos perciben las diferencias de luz y color, mientras que los bastones modulan esa percepción y la llevan hacia la parte posterior e inferior de la corteza cerebral, la región occipital”.

De esa manera, cualquier objeto percibido por los ojos se fragmenta primero en multitud de excitaciones de la corteza occipital y la corteza responde especialmente a las líneas, lo que supone su capacidad para percibir las letras, pero también para identificar caras o muebles.

“La investigación neurofisiológica de Dehaene permite establecer un principio de relación entre las leyes de la forma de la que hablé en la sesión anterior, definidas por la teoría psicológica y el modo en que las neuronas van creando circuitos jerárquicos de reconocimiento de formas. Esto es algo que es muy importante comprender: los estudios psicológicos son estudios de comportamiento; los estudios neurológicos son estudios del cerebro. Los dos nos ofrecen datos y lo que necesitamos hacer es integrarlos”, resaltó Luis Fernando Lara.

Desde su perspectiva, se trata de entender, con esta información que recibimos de la de los neurólogos acerca del funcionamiento del cerebro, cómo funciona el reconocimiento de formas y este reconocimiento de formas ya lo había estudiado la escuela de Gestalt, aparecida hace 100 años en Alemania.

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