En la actualidad, gran parte de las movilizaciones sociales se gestan en el espacio digital. Marchas como las del 8 de marzo, las protestas contra el aumento al transporte público —conocidas popularmente como “tarifazo”— o incluso ejercicios políticos como la revocación de mandato, han demostrado que las redes sociales se han convertido en una de las principales herramientas para convocar a miles de personas a las calles.
A diferencia de décadas pasadas, cuando la organización dependía principalmente de sindicatos, partidos políticos o colectivos con estructuras formales, hoy muchas movilizaciones comienzan con algo tan sencillo como una publicación en internet. Una imagen, un cartel digital o un hilo explicativo puede funcionar como el punto de partida para una convocatoria que, si logra resonar con las preocupaciones de las personas, se difunde rápidamente.
El proceso suele seguir una lógica similar a la del “boca en boca” tradicional, aunque adaptado al entorno digital: una persona comparte la convocatoria, otras la replican en sus perfiles, la envían por mensajes directos o la repostean en distintas plataformas. En cuestión de horas o días, lo que comenzó como una iniciativa pequeña puede transformarse en una movilización masiva. Es lo que algunos activistas llaman el fenómeno de difusión “de user en user”.
De la publicación al movimiento
La mayoría de las convocatorias actuales circulan primero en redes como Instagram, X (antes Twitter), Facebook o TikTok. En estas plataformas se difunden carteles con información básica: fecha, hora, punto de encuentro, ruta de la marcha y, en algunos casos, recomendaciones de seguridad para quienes planean asistir.
Si la convocatoria logra generar interés, las publicaciones comienzan a compartirse de manera exponencial. Las personas etiquetan a amigas y amigos, las páginas de colectivos replican la información y, en ocasiones, medios de comunicación o figuras públicas amplifican el mensaje.

Además, muchas convocatorias incluyen hashtags específicos que facilitan la búsqueda de información y permiten seguir la conversación en línea. Estos hashtags funcionan como un punto de reunión digital donde las personas pueden conocer detalles de la movilización, resolver dudas o encontrar a otros participantes.
La organización detrás de las marchas
Aunque algunas movilizaciones surgen de manera espontánea, muchas otras cuentan con un proceso de organización más estructurado. En el caso de marchas que se realizan cada año —como la del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer—, la planeación comienza semanas o incluso meses antes.
Uno de los primeros pasos es la creación de grupos de coordinación en redes sociales o aplicaciones de mensajería como WhatsApp, Telegram o Signal. En estos espacios se discuten temas logísticos: el recorrido de la marcha, los puntos de reunión, la elaboración de materiales visuales y la difusión de la convocatoria.

Dentro de estos grupos también se coordinan distintos contingentes, es decir, bloques de personas que marchan juntas bajo una misma causa o identidad. Aunque todas las participantes comparten el objetivo general de exigir derechos para las mujeres, cada contingente puede enfocarse en problemáticas específicas.
Los distintos contingentes
En las marchas feministas, por ejemplo, es común que existan diversos grupos con enfoques particulares. Algunos se concentran en la lucha por el derecho al aborto, otros visibilizan la violencia de género o las desapariciones de mujeres, mientras que ciertos contingentes abordan temas como el antiespecismo, la diversidad sexual o los derechos laborales.
También existen contingentes destinados a garantizar la seguridad o la inclusión de distintas personas dentro de la movilización. Por ejemplo, hay bloques para madres con infancias, espacios para mujeres con discapacidad o grupos de acompañamiento para quienes asisten por primera vez.
Esta diversidad refleja la complejidad de las demandas sociales actuales: aunque todas las participantes comparten una causa general, cada colectivo aporta su propia agenda y perspectiva.
Las convocatorias digitales
Una vez definidos los detalles principales de la movilización, los colectivos elaboran convocatorias digitales que se distribuyen ampliamente en redes. Estos materiales suelen incluir ilustraciones, consignas o colores representativos del movimiento, lo que ayuda a generar identidad y reconocimiento entre quienes participan.
Además de la información básica, muchas convocatorias incluyen recomendaciones prácticas: qué llevar a la marcha, cómo actuar en caso de incidentes, qué hacer si se pierde contacto con el grupo o cuáles son los números de emergencia.
Este tipo de información se ha vuelto especialmente relevante en los últimos años, ya que las movilizaciones suelen reunir a miles de personas y requieren cierta organización para garantizar la seguridad de las asistentes.
Cuando la calle y el internet se encuentran
Aunque las redes sociales han transformado la manera de convocar a las marchas, la movilización sigue teniendo un objetivo fundamental: ocupar el espacio público. Las publicaciones digitales funcionan como una herramienta de coordinación, pero es en las calles donde las demandas adquieren visibilidad política y social.
Para muchos movimientos, la combinación entre organización digital y presencia física ha permitido ampliar su alcance. Lo que comienza como una conversación en línea puede terminar convirtiéndose en una marcha multitudinaria que atraviesa avenidas principales, reúne a diversos sectores de la sociedad y coloca ciertos temas en la agenda pública.
En ese sentido, las redes sociales no han reemplazado las formas tradicionales de protesta, pero sí han cambiado la velocidad y la escala con la que se organizan. Hoy, una simple publicación puede ser el primer paso para convocar a miles de personas a marchar por una causa común.