
“¿Recuerdas...? Es un hecho indudable que, precisamente en el momento en que Farabeuf cruzó la puerta, ella, sentada al fondo del pasillo, agitó las tres monedas en el hueco de sus manos entrelazadas y luego las dejó caer sobre la mesa...”. Así inicia la novela más importante de Salvador Elizondo (1932-2006), que cumplió seis décadas de su publicación.
Se trata de Farabeuf o la crónica de un instante (1965), “una novela muy importante. Experimental. Quizá [Elizondo] se adelantó a su tiempo. La escritura fue muy elaborada. Tuvo que estudiar chino”, dice en entrevista la fotógrafa Paulina Lavista, esposa del escritor por más de 37 años.
Los críticos literarios coinciden en que se trata de un libro inclasificable: puede leerse como novela, experimento narrativo o incluso como un poema cinematográfico. La escritura se inspira en una fotografía de principios del siglo XX que vio Elizondo. En ella aparece una persona sometida al leng t’ché (muerte de los mil cortes): el cuerpo ha sido desollado y deja ver las costillas; sin embargo, el rostro del individuo, previo a la muerte, parece sereno, con un dejo de éxtasis.
Así, Farabeuf construye un mundo cerrado y repetitivo: una mujer espera en una casa antigua, en algún barrio de París; el recuerdo de una estrella de mar muerta; un hombre que llega, y la figura del doctor Farabeuf, un cirujano francés que existió realmente y estuvo obsesionado con las amputaciones —incluso inventó instrumental quirúrgico—.
En la trama se insinúa un ritual erótico-sadomasoquista, una especie de “operación” o tortura voluntaria que mezcla amor, deseo extremo, dolor y un éxtasis final al borde de la muerte.
A 60 años de la publicación de Farabeuf, 94 del nacimiento de su autor y 20 de su muerte, Lavista prepara un programa que se llevará a cabo este miércoles 25 de marzo, a las 18 h, en El Colegio Nacional (Donceles 104, Centro Histórico, CDMX).
Bajo el título Homenaje a Salvador Elizondo. El impacto de Farabeufa 60 años de su aparición —coordinado por el arquitecto Felipe Leal, miembro de El Colegio Nacional, y Paulina Lavista—, la jornada incluirá la proyección del documental Farabeuf o crónica de un instante. Génesis e impacto (2016), en el que Lavista explica el origen de la novela a través de testimonios, documentos y la voz de su autor.
Además, el programa contempla una mesa en la que participarán el escritor Javier García-Galiano y la investigadora Georgina García Gutiérrez Vélez, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Para cerrar, se inaugurará la exposición Homenaje a Salvador Elizondo. El impacto de Farabeufa 60 años de su aparición.
Elizondo inédito
Lavista, a sus 84 años, parece infatigable. Atiende la entrevista telefónica mientras responde otra llamada. Su atención está en varias tareas: escribe un artículo sobre su esposo, piensa en las fotografías, documentos y libros que integrarán la exposición y, como heredera de su archivo, organiza los diarios de Elizondo.
“Él no quería que sus diarios se publicaran antes de 20 años de su fallecimiento, por cualquier cosa que pudiera lastimar a las familias. Entonces prefirió que pasaran 20 años, que se cumplen precisamente este 29 de marzo. A partir de esa fecha, estoy en el derecho moral —digamos, según lo que platiqué con mi esposo— de publicar los diarios; quizá es la obra más importante que construyó, pues se trata de 84 cuadernos inéditos que son alucinantes”.
La fotógrafa hace una pausa después de hablar con interés sobre los diarios. Luego, brevemente abrumada, prefiere no dar detalles sobre su eventual publicación —el Fondo de Cultura Económica editó en 2015 los diarios de 1945 a 1985—. No obstante, adelanta su presencia en la muestra:
“Estarán exhibidos en una fotografía mural que pondré en la exposición. Se verán todos los diarios juntos para que el público se dé una idea de la obra que aún falta por publicarse”.
Del otro lado del teléfono, parece que Lavista hace cuentas mentales. Luego enumera los materiales de la muestra: ediciones de libros, documentos y fotografías de Elizondo, que darán cuenta tanto de su relación con la literatura y otros escritores, pero que también mostrarán al Elizondo íntimo a través del lente de la propia fotógrafa.
Para ella, la exposición será una semblanza visual que intenta responder quién fue Elizondo: “un genio, un hombre muy inteligente; fue mi maestro”, dice Lavista, y remata: “para mí ha sido una aventura maravillosa haber sido su esposa”. Confiesa, además, que también busca entender cuál ha sido el impacto del libro a seis décadas de su publicación.
Imprescindible de la literatura mexicana
“Corres como tratando de reconstruir, en ese momento único, una larga carrera a la orilla del mar, hasta detenerte bruscamente sin haber llegado al reborde de la ventana porque un recuerdo impreciso te ha asaltado de pronto...”, continúa Farabeuf, publicada por primera vez bajo el sello Joaquín Mortiz.
En 2025, para conmemorar su 60 aniversario, la editorial Planeta reeditó Farabeuf en esa misma colección. “Es la edición que está circulando —acota Lavista—; está como en quinto lugar de ventas de esa colección. Eso quiere decir que se sigue leyendo y, además, se sigue escribiendo sobre él”.
Sobre los estudios en torno a Elizondo, Lavista reúne más de cien tesis. “Ya es un ícono, un imprescindible de la literatura mexicana, y mundial, porque tuvo mucho éxito en Francia”, afirma.
Tras su publicación, Farabeuf irrumpió como un asteroide en las letras mexicanas. Margo Glantz escribió en un ensayo que la novela dejó atrás los tópicos dominantes: “sin indios ensombrerados, sin mujeres enlutadas de pueblos del Bajío, sin caciques rencorosos, sin esquemas sociológicos del México posrevolucionario”.
El mismo año de su lanzamiento, la obra obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores y se tradujo al inglés, francés y alemán. “Es un texto innovador y ha causado mucho impacto en sus lectores”, defiende Lavista.
La fotógrafa habla con cautela. Elige sus palabras para evitar imprecisiones sobre la narrativa de Farabeuf. Con humildad, señala que quienes pueden analizarla con mayor autoridad son García-Galiano y Gutiérrez Vélez, quienes la acompañarán en el homenaje.
Lavista se blinda: “yo soy la esposa de Elizondo, no la crítica de su obra”, pero como custodio de su acervo, ha promovido la publicación de “ediciones interesantes”. Recuerda también que, aunque Farabeuf fue la novela que lo catapultó, pero no es su única obra: escribió narrativa, poesía y ensayo, además de sus Diarios (2015), obra póstuma que ella misma cuidó.
“Elizondo también escribió El grafógrafo, uno de sus libros más lindos; pero también publicó Poemas, Luchino Visconti, Narda o el verano, Autobiografía, El hipogeo secreto, Cuaderno de escritura, El retrato de Zoe y otras mentiras, Contextos, Museo poético, Antología personal, Camera lucida, Elsinore: un cuaderno, Teoría del infierno, Estanquillo... En fin, creo que ha estado vigente en todos los sentidos”.
Una breve semblanza
Salvador Elizondo nació en la Ciudad de México el 19 de diciembre de 1932. Realizó sus estudios en diversas instituciones de México y del extranjero, entre ellas las universidades de Ottawa, Perugia, París y Cambridge, así como en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y en La Esmeralda del INBAL, además de la UNAM. También fue becario fundador del Centro de Estudios Orientales de El Colegio de México, donde estudió lengua china.
Fue becario de otras instituciones, como el Centro Mexicano de Escritores, donde concibió y trabajó Farabeuf. Además de desempeñarse como profesor y colaborar en las principales publicaciones culturales de su época, fundó las revistas S.NOB y Nuevo Cine, e incursionó en el cine con la película Apocalipsis 1900.
El 28 de abril de 1981 ingresó a El Colegio Nacional. Su lección inaugural, Ida y vuelta: Joyce y Conrad, fue respondida por Ramón Xirau.
