
En ninguna de las más de 200 ofrendas que desde 1978 se han excavado en el Templo Mayor se han localizado restos de fauna endémica del Valle de México, o de animales u organismos que eran considerados alimentos. Algunos depósitos, sin embargo, aparecen atestados de conchas marinas, estrellas de mar, corales, peces sierra, erizos y pepinos de mar, especies de “alto valor ritual” que debieron ser recolectados a cientos de kilómetros de la antigua Tenochtitlan.
Así lo expusieron los investigadores Miguel Báez Pérez del Proyecto Templo Mayor, Carlos Andrés Conejeros Vargas y Andrea Alejandra Caballero Ochoa de la Facultad de Ciencias de la UNAM, y Francisco Alonso Solís Marín del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, durante el ciclo de conferencia La arqueología hoy, que coordina el arqueólogo Leonardo López Luján, miembro de El Colegio Nacional.“La diversidad que encontramos es sobrecogedora: en el Templo Mayor se han recuperado más de 500 especies de organismos en distintos espacios y en distintos contextos, incluyendo conjuntos de organismos como las esponjas, los cnidarios o corales, equinodermos, insectos, una enorme cantidad de moluscos que son bastante comunes, y también grupos de animales cordados, mamíferos, aves, peces, anfibios, etcétera”, detalló el arqueólogo Miguel Báez Pérez durante la ponencia: “Tesoros oceánicos: estrellas, erizos y pepinos de mar en el Templo Mayor”.Resulta curioso y particularmente extraño, abundó, “que no hemos encontrado fauna endémica u organismos que son considerados alimentos. Lo más extraño que nos podría pasar es encontrar restos de un perro, de guajolote, de venado, de liebre, de peces o aves endémicas, que sería lo más normal”.
Los organismos localizados, sin embargo, “tienen valores simbólicos muy importantes; algunos tienen alto valor ritual, pero que no son especies comerciales, que se pudieran conseguir en el mercado. Podemos hablar de estrellas de mar, corales, peces sierra, erizos, pepinos de mar, pez globo y muchos otros organismos que son verdaderamente extraños como para encontrarlos en estas latitudes”.De acuerdo con Báez, las hipótesis apuntan a que los pochtecas, o comerciantes, se encargaban de recorrer toda la geografía del imperio mexica, de la costa del Atlántico a la del Pacífico, y transportar los bienes de manera protegida y segura.“Hay que tomar en consideración que las costas más cercanas están a unos 240, 260 kilómetros: Veracruz y Guerrero, pero hemos encontrado organismos que se encuentran distribuidos en el Golfo de California, es decir, estaríamos hablando de más de mil 200 kilómetros de distancia que pudieron viajar algunos de estos organismos y, además, muchos lo hicieron vivos”, señaló.De acuerdo con Carlos Andrés Conejeros, una de las características que ha permitido identificar las diferentes especies marinas encontradas, es que entre los grupos de equinodermos localizados siempre existe “la presencia de un endoesqueleto calcáreo que nos permitió saber y cuantificar la diversidad con la que contaban las ofrendas”.En el caso de las estrellas de mar, se han identificado 164 ejemplares en un solo depósito. “Estamos hablando de que tienen que ser poblaciones que obviamente soportan este tipo de extracción. Son animales muy sésiles, en cuanto a los estímulos de querer manipularlos, pero es importante que consideremos que, al igual que los crinoideos, son animales que se desplazan”.
Andrea Caballero Ochoa señaló que se han localizado 55 mil 69 elementos esqueléticos, entre los que se encontraron seis especies de estrellas de mar en 20 ofrendas. En cuatro ofrendas se localizaron restos de galletas de mar: “la primera de ellas se llama clypeaster speciosus, se analizaron 213 elementos arqueológicos que incluyen testas completas y fragmentos en dos ofrendas”.
A Francisco Solís Marín Hacer le correspondió el recuento de erizos y pepinos de mar localizados. “El echinometra vambrunti es el rey de los erizos esféricos localizados, con una cantidad de 4 mil 887 fragmentos, que es altísimo comparado con otros elementos que se han exhumado de las ofrendas”. De igual manera, han sido identificadas cinco especies de pepino de mar.Solís Marín mostró un mapa de la República mexicana para identificar las zonas de donde provienen las especies ubicadas: “Todas las especies que encontramos en las ofrendas se distribuyen en el Pacífico mexicano, claro todas ellas pueden empezar desde un poco más arriba y terminar en Perú, pero la gran mayoría están en esa zona”, dijo.
Miniaturas del universo
Las más de 500 especies animales depositadas en las ofrendas del templo Mayor tenían “un profundo significado religioso”, estimó el arqueólogo Leonardo López Luján. “Los animales que encontramos cumplían una función como símbolos rituales y, en particular, como cosmogramas; es decir, como representaciones en miniatura del universo, tal y como lo concebían los mexicas y todos sus contemporáneos, ellos hacían maquetas del universo”.
El sacerdote, explicó el colegiado, depositaba primero arena de mar e “inmediatamente después todos los organismos marinos; además de peces, óseos y cartilaginosos. Eso lo hacía el sacerdote para representar el inframundo acuático asociado con el mundo femenino. Posteriormente, colocaba organismos relacionados con la superficie terrestre que flota sobre las aguas primordiales”.“Me refiero con ello a peces sierra, a cocodrilos. Hemos encontrado 21 cocodrilos en el Templo mayor —que, obviamente, no son de por aquí—, y tortugas. Estos animales que están precisamente en ese espacio liminal: entre el inframundo y la superficie. Y en las capas superiores colocaban aves que tenían una vinculación evidente con el cielo. Hay las águilas reales —las del Escudo Nacional—, pero también garzas, colibríes y otros seres alados”.
López Luján se refirió después a la enorme diversidad que se manifiesta en las ofrendas. La 126, por ejemplo, ubicada bajo el monolito de la diosa Tlaltecuhtli, sobre una caja de piedra, “había huesos pertenecientes a siete taxones (categorías de la clasificación de los seres vivos) de mamíferos: 28 lobos, 19 linces, 15 pumas, tres jaguares, un ocelote, un conejo de florida y un ratoncito ciervo”.
“Había también seis taxones de aves, entre ellos cinco águilas reales, cuatro búhos americanos, dos halconcitos colorados, un gavilán colirrojo, un gavilán pollero y dos codornices. Finalmente, una serpiente de cascabel. Pero en las capas superiores de esta misma caja de ofrenda, de la Ofrenda 126, aparecieron organismos oceánicos”.
Por si fuera poco, “allí estaban presentes seis taxones de peces óseos y un taxón de pez sierra. En lo referente a los moluscos, se reportaron 65 taxones de almejas, de conchas, 60 taxones de caracoles y un taxón de cucarachas de mar o poliplacóforos; se hallaron también cuatro taxones de cnidarios o corales, y del filo de los equinodermos; se contabilizaron seis taxones de ofrendas de mar, uno de erizo de mar, uno de galleta de mar, uno de bizcocho de mar, uno de estrellas serpientes y cinco de pepinos de mar, finalmente, se detectaron restos diminutos de al menos un taxón de esponjas de mar”.
Las cifras totales de la fauna recuperada en la ofrenda 126, señaló el colegiado, “son simplemente abrumadoras: un número mínimo de mil 688 individuos, pertenecientes a 167 taxones, el 90% de los cuales son organismos marinos. Es impresionante la biodiversidad y el interés de los mexicas por representar, no sólo la cantidad, sino la calidad, es decir, la diversidad en sus ofrendas”.