Cultura

La ópera de manuel de Falla tendrá temporada en el Palacio de Bellas Artes del 23 de abril al 7 de mayo

El amor brujo: del conjuro a la hoguera

Ópera El cartel de la temporada.

“El Amor Brujo” nació en 1915 como “gitanería” para Pastora Imperio, con libreto de María Lejárraga firmado por su marido Gregorio Martínez Sierra. Era teatro con música, café-cantante, duende crudo. Candelas, gitana joven, vivía embrujada por el espectro celoso de su marido muerto. Para recuperarlo, recitaba el _Conjuro para reconquistar el amor perdido: “¡Por Satanás! ¡Por Barrabás! ¡Quiero que el hombre que me ha orvidao me venga a buscar!”. La acotación pedía “ruido de cadenas arrastradas” y“oscurece por completo”. Era invocación diabólica literal, magia negra en el Teatro Lara de Madrid.

Falla remodeló la obra 11 veces en 10 años. En 1916 y 1917 la llevó a sala de concierto, ampliando orquesta, suprimiendo escenas cantadas. El 22 de mayo de 1925 llegó la versión definitiva en el Trianon Lyrique de París, ya como ballet en un acto para Antonia Mercé “La Argentina”. ¿Qué cambió? Quitó todos los recitados. Desaparecieron Satanás y Barrabás. Desapareció el texto. Quedaron solo tres cantes: “Canción del amor dolido”, “Canción del fuego fatuo” —donde Candelas advierte “Lo mismo que el fuego fatuo, lo mismito es el querer”— y “Canción del amor brujo”. El resto lo dicen la orquesta y los bailarines.

El argumento definitivo es un exorcismo, no una invocación. Candelas no puede amar a Carmelo porque el fantasma de José se interpone. Carmelo usa la debilidad del muerto —su querencia por las mujeres— y pone a Lucía a seducirlo.

Mientras, a medianoche, Candelas baila la _Danza ritual del fuego_ para que la hoguera consuma los celos póstumos. El espectro, vencido por la danza y embobado con Lucía, desaparece. Los amantes se dan por fin el beso perfecto. La vida vence a la muerte.

¿Renegó Falla de ella? No la prohibió, no pudo desaparecerla: ya era la obra sinfónica española más tocada del mundo. Pero sí, dicen que renegó en espíritu, que se arrepintió. El Falla asceta de Granada, el que decía que su ideal era _“escribir una Misa digna de ser ofrecida a Dios”_, se avergonzaba de haber empezado su camino con un conjuro a Barrabás. Para el católico fervoroso que veía a San Juan de la Cruz desde su ventana, _El Amor Brujo_ era “muy poco piadosa, muy poco cristiana”. Una obra oscura, alejada del ideal que buscó en _El Retablo_, el _Concierto para clave_ y la inconclusa _Atlántida_.

Por eso la pulió hasta quitarle el diablo de la boca, pero no del ambiente. Cambió el conjuro hablado por la _Danza ritual_: dejó de invocar al mal para combatirlo. No pudo matar la obra, pero la confesó. Le arrancó el “¡Por Satanás!” y dejó solo el fuego. Y el fuego, en manos de Falla, ya no es pacto: es purificación.

Hoy se representa así: 12 números, ballet completo, sin una sola palabra de Barrabás. Así la verán en Bellas Artes este abril de 2026 la Compañía Nacional de Danza y Ópera de Bellas Artes, juntas por primera vez en 40 años, bajo la batuta de Alejandro Miyaki. Porque hay obras que, aunque su autor se arrepienta, el duende no deja morir. Solo las obliga a arder más limpio.

Tendencias