Cultura

El 2 de mayo de 1945, las y los mexicanos se enteraron de la muerte de Hitler, ocurrida menos de 48 horas antes en su búnker en Berlín.

El día que Hitler murió… Cantinflas indultó a un novillo frente a José Revueltas: así se vivió la noticia en México hace 81 años

La muerte del Führer Hace 81 años, el 2 de mayo de 1945, las y los mexicanos se enteraron de la muerte de Hitler. (Especial y Hemeroteca de la UNAM)

Si el espectro del comunismo aún recorre los pasillos del mundo, contra el que se conspira desde la Casa Blanca y las universidades de Buenos Aires, hasta las oficinas en las que se planifica el genocidio en Gaza, el fascismo, por el contrario, es como aquellos muertos vivientes de las películas de zombies de George Romero: entre más muerto se le cree, acaso más peligroso deviene. Véanse Charlie Kirk o el oscuro manifiesto de Palantir.

Hace 81 años, el 2 de mayo de 1945, mientras la capital del Tercer Reich se desmoronaba bajo las botas y fusiles del Ejército Rojo, México amanecía con una noticia: “Adolfo Hitler ha muerto”. Apenas dos días antes, la prensa nacional dio a conocer que, el gran artífice del fascismo, Benito Mussolini, fue asesinado por partisanos comunistas italianos junto a su amante Clara Petacci, en tanto intentaban escapar con ayuda de sus aliados alemanes.

Eran otros tiempos, verdad de Perogrullo: sin internet, ni telefonía móvil, sólo con telégrafos, teléfonos y quizá la radio, las noticias deambulaban a un ritmo más moroso: si Il Duce fue colgado el 28 de abril por partisanos italianos y el Führer se pegó un tiro el 30 de abril en su búnker junto a su esposa Eva Braun, dejando un olor a almendras, pues ese es el aroma que emana el cianuro, el cual usó para suicidarse, no fue hasta dos o tres días después en los que la humanidad y los habitantes de este territorio, nuestros abuelos o bisabuelos, se enteraron de aquellos decesos.

La pesadilla parecía llegar a su final, la guerra iba a terminar... no obstante, como acontece con la mayoría de los sueños, que nunca desaparecen, más bien se tornan recurrentes, tal vez fieras que representan el superyó, en apego a la tradición freudiana: hoy, 81 años después, a diferencia del comunismo, reprimido, asesinado, boicoteado, o en franca retirada, el fascismo se halla en tierra fértil, germinando como secuoyas, con mandatarios, véanse Donald Trump, o multimillonarios, como Peter Thiel, que amagan con desaparecer civilizaciones enteras, en tanto miles de niños mexicanos o palestinos mueren en una guerra, no silenciosa, si no más bien dispersa, en la que el campo de batalla ya no se halla en Stalingrado ni en Las Ardenas, sino, tal vez, en cada cuadra de la periferia.

La muerte del Führer Así retrató el 2 de mayo la prensa mexicana la muerte de Hitler, ocurrida menos de 48 horas antes, el 30 de abril. (Hemeroteca Nacional de la UNAM)

Un martes feliz en La Alameda: así se vivió la muerte de Hitler en México

La capital mexicana, ordinariamente tranquila durante los domingos o en los días festivos de aquella época, se conmovió de manera grandiosa hace 81 años, adjetivos de la época, al darse conocer, durante la tarde del Día del Trabajo, la muerte del dictador austriaco del Tercer Reich.

“Adolfo Hitler ha muerto”, fue el encabezado de la noticia de ocho columnas (la principal de portada, en el argot periodístico) en el diario jalisciense El Informador el 2 de mayo, al tiempo que daba a conocer que el Escuadrón 201, el único ejército mexicano en combatir en suelo extranjero, ya se encontraba en las Filipinas (territorio que anteriormente fue gobernado desde la Ciudad de México durante el Virreinato) con el objetivo de pelear contra el imperio japonés.

Aunque muchos de los cafés permanecieron cerrados, aquel martes primero de mayo, en sus puertas, se congregaron sus habituales clientes para comentar la noticia, mientras que en el Centro Histórico se celebraba, con grandes movilizaciones de trabajadores, la festividad de aquella fecha, sin saber, de inicio, que el Führer también ya había fallecido.

El mundo se enteró de aquella noticia porque, durante ese Día Internacional de los Trabajadores, la radio de Hamburgo dio a conocer la muerte de Hitler (en realidad se suicidó horas antes, el 30 de abril, sin embargo, entre la confusión y la opacidad de los nazis, la información se reveló hasta ese primero de mayo).

El Führer murió en su puesto de mando en Berlín para ser sucedido por el almirante Karl Doenitz, quien aseguró que su líder murió como “un héroe”. Al menos eso aseveró la radio germánica... o lo que aún funcionaba de ella. Lo anterior de acuerdo a la edición de El Informador del 2 de mayo de 1945, consultada en la Hemeroteca Nacional de la UNAM.

Por la tarde de ese primero de mayo, como parte de los festejos del Día del Trabajo, se realizó un festival en el Toreo de la Ciudad de México, organizado por el Comité de la Campaña pro Alfabetización, en el que participaron, en singular competencia, los cómicos Mario Moreno “Cantinflas”, Jesús Martínez “Palillo” y Manuel Medel, junto con los periodistas Luis Spota y José Revueltas.

Según El Informador, “Palillo” cortó oreja, mientras que el torito de “Cantinflas”, con el que hizo mil piruetas, bailando congas y rumbas ante el propio hocico del animal, fue perdonado.

El 2 de mayo de 1945, las y los mexicanos se enteraron de la muerte de Hitler, ocurrida menos de 48 horas antes en su búnker en Berlín.

El día que México se enteró de la muerte de Hitler, Cantinflas perdonó a un novillo, con el autor de El Apando como testigo.

Mas el fascismo no murió, acaso hibernó. Ahora, ocho décadas después, Palantir, Elon Musk y las grandes tecnológicas amenazan con gobernarnos a todos.

trump-epstein-2026
Plutocracia Trump, siempre rodeado de magnates, como en su momento Jeffrey Epstein y luego Elon Musk

¿Quiénes fueron Benito Mussolini y Hitler?

Mussolini, también conocido como Il Duce, fue una figura central en la Europa de entreguerras y el principal artífice del fascismo como movimiento político.

Antiguo socialista convertido en nacionalista radical tras la Primera Guerra Mundial, supo capitalizar el descontento social en Italia: desempleo, inflación, miedo al comunismo y frustración por lo que muchos consideraban una “victoria mutilada”.

En 1922 lideró la Marcha sobre Roma, una demostración de fuerza que le permitió ser nombrado primer ministro y, poco después, consolidar una dictadura, que gozó el apoyo de la burguesía italiana, pues los fascistas adquirieron fama por reprimir huelgas y a comunistas y movimientos obreros.

Este acto inspiró a Adolfo Hitler a hacer lo mismo el año siguiente, en el fallido “Putsch de la Cervecería” en Múnich, que culminó con su encarcelamiento tres días después del intento golpe de Estado, el 11 de noviembre de 1923.

En ese encarcelamiento, el austriaco escribió Mein Kampf (donde hay una única mención de México, relativa al imperio de Maximiliano y la debilidad de la Casa de Habsburgo), documento en el cual dejó manifiesto sus ideas, tanto políticas, como raciales, que luego le ayudaron a alcanzar el poder una década después, en 1933.

El final del Il Duce fue caótico y violento. En abril de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba prácticamente decidida, intentó huir hacia Suiza junto con su amante Clara Petacci y un convoy alemán.

Fue capturado por partisanos italianos cerca del lago de Como el 27 de abril. Al día siguiente, el 28 de abril de 1945, ambos fueron ejecutados por fusilamiento. Sus cuerpos fueron trasladados a Milán y expuestos públicamente en la plaza Piazzale Loreto, donde fueron colgados boca abajo, golpeados y exhibidos como símbolo del fin del fascismo en Italia.

Adolf Hitler, por su parte, fue un político alemán y líder del Partido Nacionalsocialista Alemán que llegó al poder en 1933 como canciller y consolidó una dictadura totalitaria en Alemania.

Nacido en Austria, participó como soldado en la Primera Guerra Mundial y, tras el conflicto, se integró a la política en un contexto de crisis económica y social, durante la República de Weimar.

Su ideología ultranacionalista, racista y antisemita derivó en la persecución sistemática de millones de personas, especialmente judíos y eslavos, durante el Holocausto, así como en el estallido de la Segunda Guerra Mundial tras la invasión de Polonia en 1939.

Su régimen se caracterizó por la represión política, la propaganda y la expansión territorial, y llegó a su fin el 30 de abril de 1945, cuando, ante la derrota militar, a manos de la Unión Soviética, se suicidó en Berlín.

Caída del Tercer Reich Los soviéticos lograron tomar Berlín a principios de mayo de 1945, horas después de la muerte de Hitler. (Especial)

¿Hitler de verdad murió en Berlín? Los soviéticos lo pusieron en duda desde un inicio

Tras el anuncio de la muerte de Adolf Hitler el 1 de mayo de 1945, las autoridades soviéticas mantuvieron una postura ambigua y, en algunos momentos, abiertamente escéptica sobre la versión del suicidio.

De acuerdo con investigaciones históricas basadas en archivos desclasificados, como las del historiador Antony Beevor, Joseph Stalin llegó a insinuar ante aliados occidentales que Hitler podría haber escapado, alimentando deliberadamente la incertidumbre como parte de una estrategia política en el contexto inicial de la posguerra.

Asimismo, informes de la inteligencia soviética (NKVD) mostraron contradicciones tempranas en la identificación de los restos encontrados en Berlín, lo que contribuyó a que durante años la versión oficial soviética evitara confirmar de manera concluyente el suicidio, pese a que posteriormente la evidencia forense e histórica consolidó esa hipótesis como la más aceptada.

Pese a ello, aún se mantienen leyendas urbanas, respecto a que Hitler huyó a Argentina, para luego morir en Paraguay, como hicieron otros nazis, por ejemplo Adolf Eichmann, quien fue ejecutado en Israel y cuyo juicio fue documentado por la propia filósofa Hannah Arendt.

Il Duce Mussolini, aliado de Hitler, fue el artífice del fascismo. (Especial)

¿Qué es el fascismo?

El fascismo que impulsó Mussolini, movimiento llamado así por las fasces que simbolizaban el poder del antiguo Imperio Romano, se caracterizó por el autoritarismo, el nacionalismo extremo, el rechazo a la democracia liberal y la exaltación del Estado por encima del individuo.

A través del partido único, la censura, la propaganda y el uso de grupos paramilitares como las “camisas negras”, el régimen eliminó la oposición política, en particular a los movimientos de izquierda (pese a ello, sin embargo, Mussolini sentía admiración por Antonio Gramsci, pensador al cual encarceló y persiguió), con la venia y complicidad de la burguesía italiana.

La ideología fascista también promovía una visión militarista y expansionista, que buscaba restaurar la grandeza del antiguo Imperio romano, lo que influyó decisivamente en la política exterior italiana y alemana durante las décadas de 1920, 1930 y 1940.

El fascismo fue la respuesta de la burguesía ante el avance del bolchevismo en Europa.

En su oscuro manifiesto de hace un par de semanas, Palantir, firma tecnológica que utiliza la Inteligencia Artificial para perseguir mexicanos y palestinos, llamó a occidente a establecer servicios militares obligatorios, así como impulsar el rearme de Alemania y Japón. La era del átomo ya terminó, dicen los multimillonarios de Silicon Valley, ahora es la era de la IA.

Hitler no murió, volvió en forma de algoritmo.

Tendencias