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La inspiración científica y la composición artística nacen del mismo lugar profundo donde el cerebro procesa información de forma no verbal, añade Elaine Bearer

“Las neuronas responden automáticamente a la música, al llanto de un bebé, porque generan potenciales de acción medibles”

Conferencia. Elaine Bearer en su conferencia en El Aleph, Festival de Arte y Ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La ciencia, el arte y la música coexisten armoniosamente en el mismo núcleo profundo del cerebro humano, es ahí donde se gestan las ideas que permiten transformar positivamente nuestro entorno, dijo la doctora Elaine Bearer, neurocientífica, patóloga y compositora.

Añadió que las neuronas responden automáticamente a la música, al llanto de un bebé, porque generan potenciales de acción medibles que permiten traducir los impulsos eléctricos celulares en ritmo e intensidad sonora.

La especialista habló así al dictar la conferencia magistral durante la inauguración de la décima edición de El Aleph, Festival de Arte y Ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En inglés, ante una mayoritariamente juvenil audiencia cautiva a lo expuesto por Bearer, introdujo el concepto de "matemúsica“, término derivado de la literatura que define la capacidad de las matemáticas y la música para penetrar la armonía subyacente de la naturaleza.

Explicó que estas disciplinas permiten comprender la estructura del universo, desde las vibraciones atómicas hasta la gran sinfonía de las galaxias.

Durante su intervención, Bearer resaltó que la música y las matemáticas han estado vinculadas desde la antigüedad clásica a través del sistema educativo medieval conocido como el Quadrivium.

Este sistema integraba la música, la aritmética, la astronomía y la geometría como las cuatro ciencias principales, y situó al arte sonoro en el centro del conocimiento científico.

Bajo esta perspectiva, la biofísica y la neurociencia moderna se presentan como los lenguajes más aptos para descifrar el funcionamiento del sistema nervioso central.

La investigadora detalló la relación entre la música y las neuronas a través del estudio de los potenciales de acción, los cuales pueden ser medidos mediante números, cantidad y tiempo.

Bearer dijo utilizar estos patrones de disparo neuronal para realizar composiciones musicales, y demostró co una sencilla dinámica que los impulsos eléctricos de las células pueden traducirse en ritmo, intensidad y melodía.

Este enfoque de neurociencia computacional permite visualizar cómo el cerebro procesa la información sensorial y puede transformarla si se le enseña en una experiencia estética y emocional.

La experta dijo que a través de la neurociencia computacional, es posible capturar estos patrones de disparo para crear composiciones musicales que reflejan fielmente la dinámica de la actividad biológica.

Señaló que este proceso revela cómo el cerebro procesa frecuencias en la corteza auditiva, conecta señales sensoriales con áreas del sistema límbico responsables de liberar dopamina ante estímulos placenteros.

Por eso la música suele gustar tanto a las personas, y desarrollamos ciertos gustos que activan estos disparos de dopamina; lo releante es aprender a elegir la música que más estimula nuestro cerebro para configurar soluciones de vida.

Sobre la dimensión cognitiva, Elaine Bearer citó a Albert Einstein como un ejemplo de pensamiento melódico, pues el físico alemán afirmó vivir sus sueños despierto mediante la música.

“Einstein veía su vida en términos musicales y describía una suerte de radio mental que funcionaba de forma constante, guiando su razonamiento más allá del lenguaje común”, explicó la especialista.

En la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, dijo que esta capacidad de procesar la realidad a través de estructuras sonoras, en lugar de diálogos verbales internos, representaba para el científico una vía fundamental de intuición y descubrimiento.

Bearer también presentó su teoría de la creatividad bajo el concepto "bubble up“, que postula que las ideas emergen desde niveles de procesamiento que no son conscientes.

Sostuvo que existe una fase de la conciencia que es totalmente no verbal e inadvertida, donde la percepción externa se analiza de manera profunda antes de manifestarse.

Este mecanismo implica un filtro donde la información se organiza inadvertidamente en la “no conciencia hasta burbujear finalmente hacia la superficie de la percepción atenta del individuo”.

Bearer distinguió entre la conciencia verbal y la no verbal, y afirmó que la inspiración científica y artística nacen de este mismo espacio de pre-percepción.

La creatividad depende de la capacidad para recuperar estos pensamientos de la zona de inadvertencia, permitiendo que el conocimiento técnico se transforme en una revelación estética.

Esto permite comprender que todos los seres humanos son creativos y pueden estimular el desarrollo de su inventiva con la técnica de Bearer, eso es lo normal de acuerdo al desarrollo del cerebro humano; lo anormal es quedarse estancado.

Bearer también exploró la “música de las esferas”, una idea griega que sugiere que los planetas y los cuerpos celestes siguen proporciones divinas consistentes con las series armónicas.

Aseguró que estas proporciones físicas informan nuestro desarrollo biológico, ya que el cuerpo humano ha evolucionado en respuesta a las leyes que rigen la materia en el universo.

De este modo, la música tonal que escuchamos hoy se basa en principios físicos que han sido comprendidos desde hace más de dos mil años.

En el ámbito de la percepción auditiva, la doctora explicó el funcionamiento de la cóclea y las células ciliadas, cuya longitud determina el tono específico que podemos escuchar.

Advirtió sobre la fragilidad de estas estructuras, señalando que la exposición a música demasiado fuerte puede romper las estereocilias, causando una pérdida auditiva irreversible en los músicos.

A través de la bioquímica, identificó proteínas como la fascina que son fundamentales para la formación de estas células y la prevención de la sordera.

La científica también abordó el procesamiento cerebral del sonido, el cual viaja desde el oído hasta la corteza auditiva, donde se interpreta tanto la música como el lenguaje.

Resaltó que el cerebro procesa las señales en múltiples estaciones, incluyendo el tálamo y la amígdala, la cual es responsable de nuestras respuestas emocionales de miedo o placer.

La conferencistas comparó la estructura de los vasos sanguíneos humanos con el arte arquitectónico, señalando que la simetría en la biología imita patrones artísticos debido a leyes físicas compartidas.

Explicó que estudios de imagen funcional muestran que la música consonante activa regiones vinculadas a la dopamina, generando respuestas bioquímicas similares a las de las adicciones.

Bearer compartió experimentos realizados con axones de calamar para entender cómo los potenciales eléctricos recorren largas distancias en el cuerpo mediante corrientes iónicas puras.

Estos estudios permitieron descubrir el transporte axonal mediado por proteínas precursoras de amiloide, lo cual ha abierto nuevas rutas para comprender patologías como la enfermedad de Alzheimer.

La música, en este contexto, actúa como un vehículo para explorar los circuitos de la memoria y la conciencia que aún resultan enigmáticos para la ciencia.

Sostuvo que tanto el diseño de una ventana de piedra como la organización de una proteína deben seguir principios de equilibrio y resistencia para ser funcionales.

Esta concordancia entre lo estético y lo biológico es lo que genera en el científico y en el artista ese sentimiento de belleza y alegría.

Finalmente, la doctora Bearer afirmó que la inspiración científica y la composición artística nacen del mismo lugar profundo donde el cerebro procesa información de manera no verbal antes de recuperarla.

Este proceso de recuperación de pensamientos e ideas es lo que permite a la humanidad generar innovaciones que transforman positivamente el entorno y la vida común.

El festival continuará durante diez días con más de 170 actividades que incluyen diálogos con neurocientíficos, torneos de ajedrez, ferias de libros científicos y presentaciones de ballet internacional.

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