
Un par de sillones representativos del diseño contemporáneo de Frida Kahlo, un perchero y un escritorio que fueron de su propiedad, así como algunas piezas que se mandaron hacer con Taller Nacional, quienes “hicieron un estudio muy concienzudo tanto con planos, con fotografías y documentos”, son el mobiliario que conforma “Studio Evolución. Diseño y Vanguardia en la Casa de Frida Kahlo”.
La exposición muestra por primera vez cómo es que Frida Kahlo vivió en el espacio del Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, según invita el curador Mariano Meza Marroquín.
“Hasta ahora es totalmente inédito, no se había visto nunca este espacio amueblado y mucho menos a la manera que lo tenía Frida Kahlo, lo cual nos da muchísimo margen para entenderla no solamente como una creadora, sino también como alguien que le gustaba vivir de cierta manera y que estaba interesada por la modernidad”, explica sobre la gran apuesta de esta exposición, cuya investigación comenzó hace un año, pero que lleva fraguándose mucho más tiempo.
“En 2012 tanto Valentina García Burgos como yo trabajamos en este lugar y en ese momento a los dos nos surgió esta duda. Sin embargo, ella y yo nos fuimos de este lugar y es hasta que la nombraron directora del recinto, en el 2024, que retoma la idea de poder hacer esta exposición”, relata.
Mariano Meza Marroquín se integró al equipo en 2025 y se dedicó a rastrear la información sobre Studio Revolución, iniciativa del diseñador francés Gastón Chaussat quien introdujo en México una estética funcionalista de la que Frida Kahlo fue entusiasta.

En 1934, el diseñador intervino la casa de la artista ubicada sobre avenida Insurgentes 432 (conocida como la Casa Roja). Luego, en 1936, Kahlo vuelve a la Casa Estudio de San Ángel y conserva estas piezas consideradas de estilo moderno en su vida cotidiana.
De acuerdo con el curador, la reconstrucción de la lectura del espacio fue posible principalmente gracias a fotografías, que aportaron “toda la idea de cómo es que se veía”.
Además de rastrear información sobre “Studio Evolución”, que fue “más o menos una investigación de un año de estar viendo sobre todo en hemerografía, donde aparecían todos los anuncios, periódicos y revistas de arquitectura”, Mariano Meza también se empapó de cartas.
“Traté de leer todas las cartas que había en el periodo desde los años 30 hasta el año 1940, para entender más o menos en qué periodo se habían habitado, si mencionaban la casa de Avenida Insurgentes, cuándo habían llegado y poder reconstruirlo, porque lo cierto es que en la literatura todo este periodo es muy ambiguo”, comparte.
“Fue arqueológico empatar las cartas con fotografías”, agrega.
RECORRIDO
“Vamos a descubrir aquí cómo es que tanto Diego Rivera y Frida Kahlo entendían el arte popular como una vanguardia. Ellos comienzan a combinar el arte popular con el arte vanguardista y por qué no también hacerlo en el mobiliario”, indica el curador .
Desde su perspectiva, si entendemos cómo vivían -“si tenían muebles vanguardistas que convivían a la vez una calavera hecha con papel maché, por ejemplo”- eso nos aporta una comprensión de su dimensión creadora.
“Cuando ves sus obras, te das cuenta que estaban absorbiendo todas las tendencias pictóricas que estaban apareciendo en Europa, pero también con los mexicanos. Este sincretismo va a aparecer tanto en las obras, como en el espacio que habitan”, ahonda.

En total son más de 100 piezas, entre mobiliario, maquetas, fotografías y otros documentos que se pueden visitar a partir de este 9 de mayo y hasta noviembre de 2026, en el recinto funcionalista creado por Juan O’Gorman entre 1931 y 1932 (Diego Rivera s/n, San Ángel Inn, Álvaro Obregón, CDMX).
“Ellos llegan a ocupar este lugar el 22 de diciembre de 1933. Para noviembre de 1934, Frida Kahlo ya está viviendo en la casa de Avenida Insurgentes. En enero de 1936 Frida Kahlo regresa y vive aquí hasta diciembre de 1939”, resume el curador.
Respecto de la casa-estudio donde la artista creó obras como Lo que el agua me dió, El ojo avizor y El difunto Dimas, Mariano Meza ahonda que la disposición estaba pensada para complementar las necesidades de la casa-estudio de Diego Rivera, que no era ideal para hacer una vida conyugal.
“No es una casa tan habitable, no tiene una cocina, lugar para comer, lavar, todo esto no lo tiene. La realidad es que la idea era que todo lo pudieran hacer aquí. Mientras Diego Rivera pintaba, tenía su espacio, él podía recibir gente, todo eso y cuando él quería pasar tiempo con Frida, venía aquí y aquí estaban en el comedor, en la recámara, era más o menos como se distribuía”, describe.
Recuerda que en ese entonces las casas estaban divididas por una cerca de cactus. “Hoy en día no está así, pero había una cerca en medio de las dos casas, cada una tenía su entrada”, apunta.
“La entrada de la casa de Frida Kahlo tenía su garaje, para guardar su auto y del otro lado estaba el cuarto de lavado. Subiendo veías la cocina, después estaba el comedor, la sala de estar, subes al estudio, el baño y la recámara. La verdad es que si ustedes lo piensan para una sola persona es maravilloso, es casi un departamento de dos pisos, para una pareja ya se dificulta”, continúa.
Para el curador es particularmente importante y revelador que, en su momento, Frida Kahlo era “la señora Rivera, esposa de Diego Rivera”. Su fama y reconocimiento como artista llegó hasta que hizo sus exposiciones en Nueva York y en París.
Sin embargo, por la época, Kahlo siempre fue “la señora Rivera”. “Que hoy en día Frida Kahlo tenga un nombre propio y sea una de las artistas más vendidas a nivel internacional nos habla también de la evolución que ha tenido su nombre”, añade.