Cultura

La restauradora del Museo del Prado, María Álvarez, asegura que el cuadro “no estaba en mal estado, pero estaba estéticamente feo y pedía a gritos una restauración”

El retrato de ‘Pablo de Valladolid’, de Velázquez, recupera su esplendor original

Retrato. El Museo del Prado presenta el retrato de 'Pablo de Valladolid', de Velázquez, tras su reciente restauración. (EFE)

El retrato de ‘Pablo de Valladolid’ (1636), hecho por Diego Velázquez, una de las grandes obras maestras del Siglo de Oro español, recupera su luz, equilibrio cromático y dimensiones originales gracias a una restauración financiada por la empresa energética Iberdrola.La restauradora del Museo del Prado María Álvarez, responsable de la limpieza y restauración a la que ha dedicado tres meses de trabajo, asegura que el cuadro “no estaba en mal estado, pero estaba estéticamente feo y pedía a gritos una restauración” por haberse tornado amarillento, desvirtuando el equilibrio de luces y colores.

Así, la escena había sido ampliada mediante la adición de bandas de tela en los laterales y en el borde inferior, mientras que el borde superior se limitó a un desdoblamiento del perímetro claveteado al bastidor.

A ello se sumaban repintes de intervenciones más recientes, cuyos tonos, con el paso del tiempo, habían virado y afectaban al equilibrio cromático del conjunto.La intervención, financiada por la Fundación Iberdrola, que dedica más de 4,5 millones de euros (unos 5,3 millones de dólares) anuales a su programa de restauraciones en el Prado, ha permitido asimismo devolver al lienzo sus dimensiones iniciales y la restitución del equilibrio entre la figura y el espacio que la rodea.

Además, ha determinado una revisión en profundidad de los estudios técnicos realizados hace una década, así como la aplicación de nuevas técnicas de análisis gracias a los equipos adquiridos por el Museo del Prado con Fondos Europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (2021‑2025).

El retrato de ‘Pablo de Valladolid’, un hombre vestido con ropajes negros que carece de referencias arquitectónicas o paisajísticas, construye el espacio únicamente a partir del cuerpo del bufón, la sombra que proyecta y el aire que lo rodea.

Esta solución, adelantada a su tiempo, convierte la figura en el eje absoluto de la composición y explica la sensación de presencia y tridimensionalidad que transmite la obra.

Para el director adjunto de Conservación e Investigación del Museo, Alfonso Palacio, se trata de una obra “audaz que anticipa la modernidad” y que, de hecho, ha sido alabada y reconocida por pintores de todos los tiempos.Así, Juan Carreño de Miranda (1614-1685) toma a ‘Pablo de Valladolid’ como punto de partida para su bufón; y Francisco de Goya (1746-1828) hace lo propio para su retrato del economista Francisco Cabarrús que se encuentra actualmente en el Banco de España.

Años más tarde, el francés Édouard Manet (1832-1883), referente para la generación de los impresionistas, dice de él que es “el cuadro más asombroso jamás pintado” y que está “en la vanguardia de la pintura”, y se inspira en él para dos retratos de actores.

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