¿Qué ocurre cuando el horror cósmico abandona los pueblos brumosos de Nueva Inglaterra y desciende a las entrañas de las minas novohispanas? Esa es la pregunta que atraviesa Nigredo, la nueva novela de Esteban Govea, una obra que traslada el universo del terror lovecraftiano al México colonial del siglo XVII.
Ambientada en Guanajuato, la novela sigue la conspiración de don Jerónimo Carrión, el Hermano Irigoyen y el danés Gaspar Corso, quienes insisten en explotar la misteriosa mina del Atanor pese a saber que no es apta para extraer plata. Conforme avanza la investigación sobre sus motivaciones, la historia se transforma en un descenso hacia lo desconocido, donde el horror sobrenatural convive con la violencia social y racial de la Nueva España.
Para Govea, el origen de la novela surgió tanto de su fascinación por el horror cósmico como de una experiencia física: bajar a una mina.
“Te falta el aire, hay varias cosas que despiertan la imaginación, como si fuera un viaje al inframundo”, explicó el autor en entrevista. Esa sensación, sumada a sus recorridos por minas en Guanajuato y Tlalpujahua, detonó la idea de imaginar qué podría esconderse bajo tierra.
Aunque reconoce la influencia de H. P. Lovecraft, Govea buscó alejarse de la imitación directa del canon anglosajón del horror cósmico. En lugar de reproducir escenarios estadounidenses o criaturas calcadas del imaginario lovecraftiano, decidió insertar el terror en un contexto profundamente mexicano: la colonia, la minería y una sociedad atravesada por jerarquías raciales.
“Parte del horror viene del orden social”, señaló el escritor, quien considera que el miedo en Nigredo no proviene únicamente de lo sobrenatural, sino también de la violencia humana y de las dinámicas de explotación propias de la época.
La ciudad de Guanajuato también juega un papel central en la construcción de la atmósfera. Sus callejones, túneles y pasadizos inspiraron una ambientación laberíntica que el autor imaginó iluminada apenas por antorchas.
“En sí misma tiene una atmósfera de horror”, comentó.
Govea, originario de Celaya y formado en Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó que uno de los principales retos fue encontrar un lenguaje que evocara el siglo XVII sin volver inaccesible la lectura contemporánea. La novela apuesta más por insinuar que por mostrar de manera explícita, una estrategia que, según el autor, permite que el lector complete el horror desde su propia imaginación.
Publicada por Tierra Adentro, Nigredo se ha abierto paso dentro de un panorama literario mexicano donde el horror todavía suele ocupar espacios de nicho, aunque cada vez con mayor interés entre lectores jóvenes.
“Me parece que el público mexicano está muy interesado en el horror y también en el pasado, aunque sea a través de la ficción”, afirmó Govea.
La novela también marca una exploración poco frecuente dentro de la literatura nacional contemporánea: el horror cósmico situado en México. Lejos de castillos europeos o pueblos ficticios de Massachusetts, Nigredo encuentra el terror en las minas novohispanas, en la oscuridad subterránea y en una historia mexicana que todavía guarda zonas inquietantes bajo la superficie.