Montenegro fue gestor, editor, coleccionista y artista; utilizó medios a su alcance para legitimar arte popular como identidad nacional mexicana, señala Daniel Garza Usabiaga —

Para superar etiquetas históricas que limitaron su conocimiento y revalorizar el trabajo del primer muralista mexicano, la Secretaría de Cultura (SC) federal y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) presentaron la exposición Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma.
La muestra puede ser admirada en el segundo piso del Museo del Palacio de Bellas Artes y forma parte del ciclo de exposiciones dedicadas a revisitar las historias detrás de los murales que integran la colección del recinto.
Roberto Montenegro fue un creador vanguardista e innovador nacido en Guadalajara, Jalisco, uno de los pilares más fascinantes, y a veces injustamente ensombrecido por los llamados “tres grandes del arte mexicano del siglo XX, Rivera, Orozco y Siqueiros”; la muestra es un acto de justicia histórica y un deleite para el público que la visite.
A diferencia de la carga marcadamente ideológica, estridente y política de Rivera o Siqueiros, Montenegrooptó por una estética refinada, imbuida de simbolismo, misticismo, e incluso elementos del Art Nouveau y las vanguardias europeas.
Daniel Garza Usabiada, curador de la exposición, explicó que la muestra resalta la trayectoria del artista como pionero del muralismo mexicano y su labor fundamental en la revalorización de las artes populares, reconocido incluso con el Premio Nacional de Artes 1967.
Detalló la recuperación de fragmentos de sus murales mediante la técnica de estrapo, y su interés por la representación masculina y el retrato de figuras intelectuales como Pita Amor y Frida Kahlo.
Durante un recorrido exclusivo con medios seleccionados, Garza Usabiaga indicó cómo Montenegro integró influencias del simbolismo, el art déco y la vanguardia cinematográfica en su vasta producción.
Igualmente resaltó su rol como gestor cultural y coleccionista, posicionándolo como una figura clave y universal del arte posrevolucionario.
La obra mural de Montenegro, comisionada por José Vasconcelos para la Secretaría de Educación Pública, también se encuentra en espacios como la Escuela Benito Juárez, la Biblioteca Iberoamericana y la Escuela Nacional de Maestros.
Durante los años veinte del siglo pasado impulsó la creación del primer espacio dedicado al arte popular en México, el Museo de Artes Populares, inaugurado en el Palacio de Bellas Artes en 1934, del cual fue nombrado director.
El experto Garza Usabiaga explicó que el primer mural de Roberto Montenegro, titulado "El árbol de la vida“, fue pintado en 1921 y está localizado en el Exconvento de San Pedro y San Pablo, actualmente el Museo de las Constituciones.
Esta obra es fundamental por ser el primer mural comisionado por José Vasconcelos a un artista en el periodo postrevolucionario.
Vínculo con Arte Popular

Enseguida mencionó las características principales de la obra como su estética simbolista y orientalista.
“El mural tiene un marcado estilo simbolista, fruto de las lecciones europeas de Montenegro; originalmente representaba a las mujeres bajo el arquetipo de la femme fatale, con influencias orientalistas en su vestimenta y trenzas”, señaló.
Añadió que la obra presenta una figura masculina central flanqueada por personajes femeninos con gran carga simbólica; seis mujeres a la izquierda y seis a la derecha.
Es la primera obra de gran formato que se representa en una clave nacionalista al retomar la estética del arte popular mexicano; el diseño del árbol y su decoración están inspirados en las bateas (bandejas de madera decoradas) y dibujos de cerámicas tradicionales.
El curador manifestó que también incluye figuras de animales que remiten a juguetes populares.
Señaló que Montenegro trabajó activamente para elevar las expresiones artísticas populares al mismo nivel que las llamadas “bellas artes”.
Señaló la promoción internacional que Montenegro realizó en 1921 junto a Gabriel Fernández Ledesma, cuando organizó una exposición de arte popular para el pabellón de México en la Exposición Iberoamericana de Río de Janeiro.
“Años más tarde, en 1940, fue el encargado de realizar la selección de arte popular y escribir para el catálogo de la emblemática exposición Twenty Centuries of Mexican Art en el MoMA de Nueva York.
Garza Usabiaga señaló la investigación y literatura realizada por el muralista mexicano, quien escribió el primer libro sobre arte popular mexicano al ser el primer investigador en rescatar y publicar la obra de pintores autodidactas del siglo XIX como Hermenegildo Bustos y José María Estrada.
Recordó que además de estudiar arte popular Montenegro fue un prolífico coleccionista.
Se integró en un grupo de intelectuales y artistas, junto al Dr. Atl y Fernández Ledesma, que en los años 20 se dedicaron a rescatar estas piezas a través de colecciones y exposiciones.
Dijo que gran parte de la riqueza visual de sus exhibiciones actuales proviene de las piezas que él mismo recolectó a lo largo de su vida.
Reconstrucción

En 1931 Roberto Montenegro regresó a pintar el mural con el tema de Reconstrucción para concluir un sólido proyecto de integración plástica en el resto del espacio del cubo de las escaleras.
Ahí incorporó retratos de figuras como Julio Castellanos y el cineasta ruso Sergei Eisenstein, a quien conoció en 1930 y con quien convivió durante su estancia en México.
La obra de Montenegro le ofreció varios referentes y pistas visuales para la película ¡Qué viva México!, particularmente con relación al imaginario del Istmo de Tehuantepec.
Por su parte, el trabajo de Eisenstein también impactó en la producción del pintor, pues en estos murales Montenegro articuló una suerte de montaje cinematográfico.
En ellos, la reconstrucción se narra desde diversos frentes, la educación rural, el desarme mediante el intercambio de herramientas, la integración familiar y el proceso constructivo de estructuras, a cargo de varios trabajadores en la parte alta del mural.
Garza Usabiaga resaltó que por vez primera, tres fragmentos de Reconstrucción son expuestos separados de su contexto plástico original; la escuela rural, el retrato de Eisenstein y una imagen que ilustra la acción de desarme; es una oportunidad única para verlos de manera autónoma.
Integración Estética en su Obra

El artista no veía el arte popular como algo ajeno, por ello la integró radicalmente en su producción plástica.
“En su primer mural, El árbol de la vida, retomó la estética popular para el diseño del árbol, utilizando motivos decorativos que remiten a las bateas o cerámicas tradicionales, así como representaciones de juguetes populares”, explicó Garza Usabiaga.
Añadió que en murales como La fiesta de la Santa Cruz, Montenegro pintó objetos específicos de su propia colección, como ollas y jarritos, que utilizaba como modelos directos.
Retomó el estilo de la pintura mexicana del siglo XIX, como los retablos, en sus retratos, e integró leyendas y composiciones que inscribieron la tradición independiente dentro de la historia del arte moderno deMéxico.
El curador del Museo del Palacio de Bellas Artes afirmó finalmente que Montenegro fue un gestor, editor, coleccionista y artista que utilizó todos los medios a su alcance para legitimar el arte popular como una columna vertebral de la identidad nacional mexicana.
Justicia Histórica en Bellas Artes; Roberto Montenegro emerge como Pionero del Muralismo Mexicano