
En la entrada de la Casa Universitaria del Libro se quedó un arremolinamiento de personas que ya no alcanzaron a entrar a la presentación de la escritora Valeria Luiselli.
Adentro, junto a Gabriela Jáuregui , la escritora mexicana y radicada en Nueva York habló de su nueva publicación “Principio, medio, fin”, novela que inaugura el catálogo en español de Feltrinelli Editores.
Maternidad, tiempo y escritura fueron algunos temas que surgieron y que platicaron frente al recinto con aforo lleno. A ratos, fue una conversación entre dos amigas; por otros, una exploración filosófica sobre la posibilidad de volver habitable la vida cuando las certezas se fracturan.
“La primera pregunta que surgió en el proceso de escritura de este libro y que me dio sentido de dirección, no fue mía, sino una que me hizo mi hija, que entonces tenía 10 años”, relató Valeria Luiselli.
Compartió que su niña pasaba por un periodo de insomnio y ansiedades nocturnas, para lo cual decidió leerle mitos griegos antes de dormir. “Quizás era pésima idea leerle mitos griegos, cuando lo pienso en retrospectiva, pero uno hace lo que puede, ¿no?”, reflexionó en tono de broma y entre risas de la audiencia.
“En algún momento me preguntó por qué en todas estas historias de origen siempre las cosas están “hendidas en dos” Y también, ¿qué significa eso de hendir en dos? Yo pude responder la segunda pregunta, hendir en dos es partir en dos, dividir algo, que algo esté roto en dos mitades, pero no pude responder a la pregunta importante y enorme de por qué en los inicios hay algo roto, por qué algo comienza con la división o la ruptura”, ahondó.
La autora de “Papeles falsos”, “Los ingrávidos”, “La historia de mis dientes”, “Los niños perdidos” (ensayo) y “Desierto sonoro” observó que en un sentido cosmogónico y cosmológico solemos pensar el cielo y el mar partiéndose; la tierra y el cielo peleándose o de alguna manera los elementos disociándose.
“Pero también en una escala mucho más ínfima, que es la escala de nuestras pequeñísimas y enormes vidas con los otros”, continuó.
“Los muchos inicios de nuestras vidas, desde el primer inicio donde una madre se parte en dos para parir a un ser, pero luego los tantos inicios que tenemos que hacer y volver a hacer en la vida: cuando las cosas se nos vienen abajo, cuando la vida se nos desmorona, cuando las relaciones se acaban, cuando perdemos a seres queridos”, ahondó.
¿Qué hacemos en esos inicios? ¿Cuál es el ejercicio de la imaginación y de la voluntad que hay que hacer, una y otra vez, para seguir haciendo de la vida un lugar que nos parezca habitable, en el que queramos estar? Esa pregunta, que le parece “más o menos grande” fue el motor con el que arrancó esta historia.
PRINCIPIO, MEDIO, FIN
Esta novela comienza el día en que una madre y su hija adolescente llegan a Sicilia. El verano depara vientos impredecibles, repentinas tormentas y volcanes que amenazan con entrar en erupción.
La madre está saliendo de un proceso de divorcio difícil y siente que ya es hora de encontrarle un nuevo inicio a su vida. Su plan es llevar equipaje ligero y no dejar de moverse “hasta que cada cosa por fin caiga en su lugar”.
Las preguntas y respuestas que se plantea la autora no llegan en forma de tesis ni de moraleja, se despliegan en la historia a través de tres generaciones de mujeres: una narradora en sus cuarenta años, su hija adolescente y una madre envejecida cuya memoria parece comenzar a desdibujarse.
Entre ellas circulan preguntas sobre el cuidado, la herencia y las formas en que las historias familiares continúan transmitiéndose.
“Sabrán todos quienes hayan escrito una novela, que lo más difícil es tramar el tiempo. Todo es muy difícil, pero generar una sensación de tiempo es lo más difícil, un tiempo que pasa y que sentimos los lectores que está pasando, se hace a través del ritmo y la yuxtaposición de imágenes, se hace a través de muchas cosas, pero también se hace de forma muy misteriosa”, comentó Luiselli.
En sus cavilaciones para esta novela, la autora recurrió a Aristóteles, quien le parece ser el filósofo más cuadrado y antipático, pero quien plantea que un “todo” es algo que tiene un principio, un medio y un fin.
“Y define el medio como lo que no es el fin y no es el principio. Es la peor definición que se ha dado en toda la filosofía sobre lo que es el medio. El medio es el lugar en donde estamos todos siempre”, desglosó.
“El medio es el lugar donde estamos todos siempre”, afirmó. “Los inicios y los finales son instantes vertiginosos, emocionantes o duros, pero realmente vivimos en el medio”.
También sospechó que ella misma es “una firme creyente del tiempo cronológico”, por más que le gustaría creer -o simplemente entender- la posibilidad de túneles del tiempo y otras fantasías cuánticas.
“Puedo aceptar que hay una coexistencia tensa y casi nunca simétrica entre el tiempo objetivo del reloj y el tiempo percibido de la duración, pero fuera de eso, no es el tiempo una mera flecha implacable que se mueve siempre hacia adelante, perdonando a nada y a nadie”, añadió.
Por su parte, Gabriela Jáuregui destacó que uno de los aspectos más interesantes de la novela es la manera en que subvierte una tradición literaria asociada a la figura masculina, del escritor incapaz de escribir. Aunque utiliza el conocido tropo del autor bloqueado que convierte su crisis creativa en centro del relato, Luiselli propone otra genealogía narrativa.